El dinero, dicen por ahí, es la raíz de todos los males; eso es absolutamente falso. Pablo escribió: “El amor al dinero es la raíz de todos los males”, y esas palabras hacen una diferencia, y hacen una diferencia, pero lamentablemente ha formado generaciones de cristianos que tienen una relación incorrecta con el dinero, le tienen miedo, se sienten culpables cuando les va bien y llaman humildad a la escasez.
Aquí vas a ver de dónde viene esa mentalidad, y cuánto te ha costado a ti, cuánto le ha costado a tu familia y cuánto le puede costar a tus futuras generaciones. Pablo lo describe en un heredero que vivía como si fuera un esclavo. La Biblia dice en Gálatas 4:1-2: “Pero también te digo: entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo autores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre”.
Aquí Pablo está utilizando una imagen que cualquier persona de su tiempo entendía perfectamente. En el mundo romano, cuando un padre le dejaba su fortuna a un hijo que todavía era un niño, ese niño quedaba como dueño legal de todo: la casa, las tierras, los ciervos; todo constaba en el testamento, pero mientras fuera menor no podía sacar ni una moneda sin pedir permiso. Otras personas administraban por él, así que si lo veías caminando por el patio al lado de sus ciervos, no ibas a poder distinguir quién era el dueño y quién era el esclavo.
en el tiempo del verbo, porque Pablo lo escribió en el presente: “El heredero” ya es dueño y señor de todo. Ese muchacho ya era el dueño mientras vivía bajo tutores; lo que le faltaba era vivir como dueño. Ese es el retrato de muchísimos cristianos que aman a Dios, le sirven hace años, oran, realizan su diezmo, y aun así enfrentan el dinero con miedo, como si no tuvieran un padre que fuera dueño de todo el oro y de toda la plata. Ese miedo muchas veces tiene raíz en frases como la que te dije al principio; lo que Pablo le escribió a Timoteo completo dice de esta manera.
1.° Timoteo 6:10: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual, codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. El peligro que Pablo señala aquí está en el corazón que ama a ese dinero.
El dinero como tal no hace mal, excepto que esté en las manos incorrectas, así que el dinero en las manos correctas es una herramienta para el reino de Dios; te lo digo con mi propia historia.
Cuando Otoniel y yo nos casamos, dejamos dos trabajos que pagaban superbién para dedicarnos 100% al ministerio. Comenzamos en nuestro pequeño apartamento; no teníamos muebles. Al final del mes, no nos sobraba prácticamente nada. 32 años después vivimos una vida en prosperidad, estamos libres de deudas y quiero contarte cómo nosotros llegamos hasta aquí.
Siempre toda nuestra vida hemos diezmado y hemos ofrendado con fidelidad; aun en tiempo donde no teníamos dónde sentarnos, cuando Dios nos pide algo, se lo damos sin cuestionarlo. Una vez, cuando estábamos ahorrando para una nueva casa, el señor nos pidió a ambos todo lo que nosotros habíamos ahorrado para esa casa; nosotros le estábamos creyendo a Dios, pero también estábamos conscientes de que cuando Dios nos pide algo muy temprano en nuestro matrimonio, decidimos que eso se iba a hacer sí o sí, así que sin cuestionar a Dios sembramos.
Quiero que entiendas algo: eso no fue un arranque de emoción, eso fue una instrucción que ambos como pareja reconocimos que venía 100% de parte de Dios. Tuvimos que esperar 1 año para volver a juntar casi lo que teníamos en aquella ocasión que habíamos sembrado y el día que cerramos nuestra casa sin darnos cuenta, sin habernos avisado, nos dieron un descuento que nosotros no esperábamos, ¿sabes qué? Ese descuento era exactamente equivalente a la cantidad que nosotros habíamos sembrado el año anterior.
Nosotros jamás hemos comprado nada para aparentarle nada a nadie; nuestra reserva de emergencia tiene una parte a la que le llamamos “para lo que Dios quiera”, porque para nosotros es importante cumplir con Dios cada vez que Dios nos pide algo. Nosotros nunca hacemos algo que dependa de un solo sueldo; desde el comienzo siempre hemos entendido, siempre hemos tenido más de una fuente de ingreso y los dos, tanto el pastor Otoniel como yo, damos la milla extra para sostener esos ingresos adicionales.
Lo que nosotros aprendimos a vivir durante años, Otoniel lo puso en este libro que quiero presentarte en el Día de hoy; por eso quiero que pienses algo muy concreto, piensa en lo que tú haces en las primeras 24 horas después que te depositan el sueldo. Esas 24 horas dicen más de tu mentalidad hacia el dinero que todos los presupuestos que has hecho y no has cumplido.
En este libro que te presento yo aquí hoy y que el pastor presentó el pasado 28 de octubre, quiero dedicar este episodio completo a hacer una reseña de este libro “Heredero o mendigo” del pastor Otoniel Font, y puedes adquirirlo solamente en Amazon; todo lo que tienes que hacer es escribir. Heredero de Otoniel Font en la barra de búsqueda e inmediatamente Amazon te lo va a mostrar esta edición digital y en versión física, que es un libro bien amplio y que el pastor Otoniel recomienda que leas los primeros 4 capítulos y el resto lo vayas estudiando poco a poco.
Hay dos razones por las cuales una mujer que es heredera sigue viviendo como si fuera una mendiga y solo una de ellas se resuelve en un día; después que te comparta algo importante, te voy a estar compartiendo cuál es esa razón por la cual este libro existe.
¿Eres de las mujeres que piensan que dicen por ahí que el dinero es la raíz de todos los males? ¿Sabías tú que el dinero como tal no hace mal, excepto que esté en las manos incorrectas? ¿Te has preguntado alguna vez por qué hay gente que recibe una bendición y la pierde en pocos años? ¿Sabías tú que hay mujeres que tienen miedo de mirar su cuenta de banco? ¿Sabes tú de dónde se saca el diezmo?
Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
¿Por qué este libro es importante? Hay dos razones por las que una mujer heredera sigue viviendo como una mendiga y aquí están las dos.
La primera es información; aquel niño Romano podía pasar años sin saber lo que decía el testamento de su padre, era dueño, pero nadie se lo había explicado y Otoniel lo describe en el capítulo I de este libro hablando de los creyentes que se sientan cada domingo en todas las iglesias en el mundo entero y le piden ya cosas que ya Dios les dio.
Dicen que muchas veces el problema es mucho más sencillo de lo que parece; nadie se sentó con ellos a leerles el documento. De hecho, en el capítulo I, él explica que esa es la primera razón por la que se resuelve en un día, el día que alguien te lea el documento.
La segunda razón es formación; descubrir que eres heredera te enseña a administrar una herencia; esa parte toma tiempo. Toma instrucción y es la que casi todo el mundo se salta, pero hay gente que recibe una bendición y la pierde en pocos años, por eso es que eso sucede.
Este libro existe para las dos cosas; primero te lee el documento, segundo te forma para administrar lo que dice. Hoy te diré por qué esto me parece tan importante; casi todo lo que tú sabes, el dinero lo aprendiste de personas que te amaron, una abuela que te crió sola, unos padres que se gastaron el cuerpo trabajando, una iglesia que te formó con lo que sabía y, juntos con cosas buenísimas como el esfuerzo y la responsabilización, también te enseñaron y hago la aclaración sin mala intención, que aspirar a más era algo carnal, que el dinero ensucia a las personas y que soñar en grande eso no era humildad.
Otoniel tiene una frase en el capítulo I de este libro que te confronta peor bien fuerte, ¿por qué?, ¿por qué? Está hablando de un personaje de la Biblia que se quedó años, lejos de lo que le pertenecía. Yo no te la voy a contar porque esa historia vale el esfuerzo de leerlo completo en el libro, pero la frase se sostiene por sí sola y te la voy a mencionar: como desconocíamos el origen de nuestras limitaciones, algunas veces terminamos llamando humildad a nuestra propia cojera; se encuentra en el capítulo I, “Herederos o mendigo”.
Aquí está la razón por la que este libro importa: Otoniel no le hace concesiones a ninguno de los dos extremos, confronta la idea de que la escasez supuestamente es santidad con la misma fuerza a quien da y que para comprarle un favor a Dios.
Este libro es un libro con la Biblia abierta de principio a fin, escrito por un hombre de Dios que lleva años frente a una familia que ama a Dios y vive ahogada en sus finanzas, lo que te enseñaron con años acerca del dinero; también puede desaparecer cuando la verdad de la palabra de Dios aparece delante de tus ojos y puedes entenderla. ¿Quién debe leer este libro, “Heredero o mendigo”?
Ya viste por qué este libro importa; te lee el documento y nadie te leyó y te forma para administrar ese documento; ahora digo a quién yo se lo pondría en sus manos.
Primero se lo pondría a la mujer que ama a Dios y que tiene miedo de mirar su cuenta de banco, la que siente un vuelco en el estómago cuando suena el teléfono de un número que tú no conoces. Quiero que sepas que este libro no se trata de cuánto dinero tú ganas. Otoniel lo deja muy claro desde la introducción; dice que se puede tener muy poco y pensar como heredero, así como que se cree tener mucho y continuar viviendo como un mendigo.
Eso significa que también es para la mujer que le va bien, pero vive con esa ansiedad constante, como de que puede perderlo todo mañana.
Segundo, yo se lo entregaría a las madres; tus hijos están aprendiendo qué hacer con el dinero mirándote a ti, y lo estarán aprendiendo antes de saber que no está aprendiendo. En el capítulo 8, Otoniel escribió: "Un niño educado únicamente para consumir corre el riesgo de convertirse en un adulto incapaz de producir; esto lo voy a tener que decir nuevamente, aunque yo sé que muchas madres están conscientes de que lo que tú haces con el dinero todos los días forma a tus hijos.
Por lo tanto, un niño que está educado únicamente para consumir corre el riesgo de convertirse en un adulto incapaz de producir, y eso este libro “Heredero o mendigo” te lo explica en el capítulo 8.
Tus hijos van a heredar tus tendencias y tu manera de manejar tus cuentas de banco, tu manera de pensar sobre el dinero y a segunda les va a durar mucho más; lo que tú le dejes en la cuenta de banco a tus hijos, no le va a durar tanto como la mentalidad acerca del dinero que hereden tus hijos.
Tercero, yo le podría terminar a las manos a la mujer emprendedora, a las que tienen un negocio, a las que tienen una profesión o una idea y que en algún momento sintieron que tenían que pedir perdón a la iglesia porque le estaba yendo demasiado bien.
Te adelanto algo: este libro está lleno de mujeres; hay una viuda que estaba a punto de perder a sus hijos por una deuda, hay una mujer que evaluaba terreno y vendía telas a los mercaderes, hay una empresaria cuya casa se convirtió en iglesia y hay una abuela y una madre que formaron a una madre de Dios sin que el texto mencione al padre.
No te voy a contar lo que Otoniel saca de cada una de estas mujeres y muestra en este libro, pero te digo que es bien posible que tú te encuentres en una de esas mujeres.
¿Por qué debes leer este libro? Ya tú sabes por qué es importante y ya sabes para quién es importante; ahora, ¿por qué tú lo debes leer? Bueno, para contestar preguntas, es muy posible que tú lleves años haciéndote así en tu cabeza y a lo mejor te da vergüenza hacérsela a tu pastor o a tu líder o a esa persona que tiene una vida financiera saludable.
Pregunta: ¿El diezmo se saca del ingreso bruto o del neto? ¿Qué hago si hoy no me da para diezmar? Dios tiene deuda, es un pecado; ahorra, es falta de fe. Si ya yo ayudo a la gente que necesita, todavía tengo que ofrendar a la iglesia. Todas esas preguntas están contestadas en el libro con la Biblia abierta; aquí no te daré ninguna respuesta porque para eso puedes ir a Amazon y buscar tu propio libro. Lo que sí te digo es que el pastor Otoniel contesta siempre con la ternura de un pastor y sin una gota el legalismo.
Ninguna de estas respuestas te va a llevar a vivir en miedo y este libro no se queda en la teoría, va del corazón a tu bolsillo, pasa por el diezmo, la de una, la ofrenda, el ahorro, la inversión y la herencia que tú le vas a dejar a tus hijos en ese orden y con una razón para cada paso.
En el capítulo de La de una hay una frase que resume algo tan importante; eso se encuentra en el capítulo 12; dice: "La pregunta más importante no es cuánto debes, ya que te limita a los números; la verdadera pregunta, la que confronta el corazón y tiene el poder de sanarlo, es otra bien distinta: ¿quién te gobierna? Eso lo vas a encontrar en el capítulo 12.
La Biblia lo dice sin rodeos en el Proverbio 22:7 "El rico se enseñorea de los pobres, Y el que toma prestado es siervo del que presta". Si tú vives con esa tarjeta de crédito al límite, tú tienes un señor y le pagas todos los meses; ojalá no sea el mínimo que le pagues todos los meses. El que te presta también te gobierna y la libertad financiera es quien decide quién es el que manda en tu casa.
¿Qué vas a obtener cuando tú leas este libro? Porque ya tú viste por qué importa el libro, para quién es el libro y para qué leerlo. Lo último que quiero decirte es lo que vas a obtener cuando tú lo leas y para eso regreso a Pablo, porque él no deja al heredero bajo tutores para siempre. Después de explicar que Cristo vino a redimirnos, Pablo nos escribe lo siguiente (Gálatas 4:7): «Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo».
Una vez más, fíjate en el tiempo del verbo; Pablo lo dice en presente. Pablo le habla a alguien que ya es hija y que tiene que aprender a vivir como tal. Lo primero que vas a obtener es esa conciencia, dejarle de pedirle a Dios permiso para entrar donde ya tienes un asiento con tu nombre. Al final del capítulo I, Otoniel hace una pregunta que yo creo que ninguna mujer cristiana debería contestar así a la ligera. Estás pidiendo a Dios algo que él ya firmó a tu nombre.
Lo segundo que vas a obtener cuando leas este libro es paz; cuando entiendes de quién es todo, se te quita el peso de cargarlo sola. El profeta Hageo lo dijo bien claro de parte de Dios; Hageo 2:8: «Mía es la plata, y mío es el oro», dice Jehová de los ejércitos». Jamás se te olvide que tu padre es el dueño del oro y la plata y tú eres la administradora de lo que él pone en tus manos».
Lo tercero es una manera distinta de manejar lo que llega; hay una frase en el capítulo 13 que yo te diría que la escribas donde la veas todos los días: “Dios provee en cosechas, no en goteras”. Tienes que leer el capítulo 13 para que lo entiendas; lo que se hace con una cosecha está ahí en el libro y te garantizo que cuando lo entiendas, las primeras 24 horas después que te depositen el sueldo, va a ser bien diferente. Tu padre ya firmó lo que te toca; ahora es aprender a administrar lo que firmó a tu nombre.
Quiero resumirte todo lo que te he compartido aquí en el día de hoy:
Primero, este libro es importante porque te lee el documento que nadie te leyó, te forma para administrar lo que dice ese documento.
Segundo: Este libro es para la mujer que ama a Dios y le tiene miedo a su cuenta de banco, para la madre que está formando la mentalidad de sus hijos y para la emprendedora que se cansó de pedir perdón por prosperar.
Tercero: Lo debes leer para contestar con la Biblia abierta las preguntas que llevas años diciéndote en voz baja o en tu cabeza.
Cuarto: lo que vas a obtener en la conciencia de una hija, la paz de saber de quien es todo y una manera nueva de administrar todo lo que Dios pone en tus manos.
En los agradecimientos del libro, Otoniel escribe que cuando me contó lo que estaba pensando, no solamente creí en la idea, sino que lo animé a que la llevara adelante, y lo animé porque esta generación necesita aprender, prosperar y administrar lo que Dios pone en sus manos.
Yo he visto esos principios funcionar en mi casa desde que no teníamos nada, por eso te dejo con una frase del último capítulo; es sobre una viuda que está a punto de perder a sus hijos por una deuda y no te la voy a explicar para que la descubras tú misma en el libro y dice: “El aceite no se acabó, se acabaron las vasijas”.
Hoy quiero que adquieras el libro “Heredero o mendigo”, que se encuentra únicamente en Amazon del pastor Otoniel Font. En el enlace aparece la descripción de este episodio y cómpralo también para esa mujer que tú conoces, que tú sabes que tienes en mente mientras escuchas todo lo que te he compartido en el día de hoy.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.

