El hombre más rico de su generación tuvo en sus manos la riqueza de 5 ciudades y no se llevó ni un hilo. Bendiciones y bienvenidas al episodio 328 de Mujer Pódcats.
Una de las razones más comunes por las cuales el dinero no se queda en tus manos sin importar cuán duro tú trabajes no tiene nada que ver con cuánto dinero ganas. Abraham regresó de una batalla con la riqueza de 5 ciudades en sus carretas; por la ley de guerra, todo era suyo y no se llevó ni un hilo, y ese hombre sabía muy bien de dónde viene el poder para hacer las riquezas.
Esas frases, el poder para hacer la riqueza no es mío; Moisés se la dio al pueblo de Israel, justo antes de entrar a la tierra prometida, porque sabía que el día que tuvieran casas, ganado y plata, se le iba a olvidar de donde había salido todo.
Deuteronomio 8:18: «Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día».
Fíjate bien en lo que Dios pone tus manos según este verso: el poder para hacer las riquezas; lo que Él te entrega es capacidad, la riqueza son lo que sale cuando esa capacidad se trabaja, y de eso mismo se predicó 4 domingos de octubre en todas nuestras iglesias. Fuente de agua viva: Todos nuestros pastores predicaron una serie que se llama “Multiplica”.
Hace varios años mi esposo, el pastor Otoniel, y yo dedicamos todo el mes de octubre a predicar de multiplicación de prosperidad. Tenemos muchos años haciendo esto en nuestras iglesias y lo que hacemos es que en el mes de octubre los cuatro mensajes que se predican son todos en este tema; los cuatro mensajes de este año se predicaron también en mi iglesia Fuente de Agua Viva en Carolina; de hecho, yo tuve la fortuna de predicar el segundo de esos mensajes en el aniversario de nuestra iglesia en St. Cloud.
Hoy en este episodio especial te los traigo resumidos con la revelación más importante de cada uno de esos 4 mensajes. Te los traigo por una razón bien sencilla: el dinero es uno de los lugares donde más se nota de lo que tú crees en Dios. Tú dices que tú confías en él, pero su cuenta de banco tiene su propia historia; aquí viene algo que a lo mejor te puede sorprender: es bien posible que tú pienses que lo que te falta para que el dinero te rinda es aprender más.
Unos investigadores reunieron más de 200 estudios, con más de medio millón de personas, para ver cuándo cambiaban la manera de manejar el dinero después de tomar clases financieras; el resultado fue casi nada, menos de 1%. Lo que de verdad mueve tu dinero son tus hábitos, tus miedos y las decisiones antes de que llegue el momento de administrar tu dinero, y de eso la Biblia lleva miles de años hablando con muchas revelaciones como para ignorarla.
Si conoces a alguien al que el dinero se le va de las manos sin saber cómo, ni por qué, quiero que le envíes este episodio.
¿Eres de las mujeres que piensa que lo que te falta para que el dinero te rinda es aprender más? ¿Sabías tú que el dinero es uno de los lugares donde más se nota de lo que tú crees en Dios? ¿Te has preguntado alguna vez cuál es el hombre que volvió con la riqueza de 5 ciudades y no se llevó ni un hilo? ¿Sabías tú que Dios te entregó para trabajar un talento, una idea? ¿Me creerías si te dijera que la herencia puede llegar sin terminar y es bien posible que a ti también te pase lo mismo?
Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Antes de comenzar, quiero que sepas algo bien importante: en Génesis 14 hay tres versículos de diferencia que explican cómo Abraham pudo decirle que no a una fortuna tan grande en segundos y él lo hizo sin pensarlo y no tiene nada que ver con fuerza de voluntad.
La historia de Abraham, el hombre que volvió con la riqueza de 5 ciudades y no se llevó ni un hilo; ese fue el primer mensaje que se predicó el primer domingo de octubre de este año 2026 en multiplica, y se llama precisamente así, “Ni un hilo”.
Yo quiero que te fijes en un detalle que casi siempre se pasa por alto: Abraham ya era rico antes de esta historia; la Biblia dice que era riquísimo en ganado, en plata y en oro, así que lo que le ofrecieron a Abraham no venía a resolverle ninguna necesidad. Cuatro reyes saquearon 5 ciudades, entre ellas Sodoma, y se llevaron hasta la gente; entre esa gente iba amarrado el sobrino de Abraham.
Abraham armó a 300 hombres de su casa, salió de noche y recuperó todo lo perdido. En el camino de regreso le sale al encuentro el rey de Sodoma y le dice: «Dame a las personas y toma para ti los bienes», y esta es la respuesta de Abraham; el que no se llevó ni un hilo se encuentra en Génesis 14:22-23 «Y respondió Abraham al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abraham».
Un hilo y una corea de sandalia eran las dos cosas más baratas de esa cultura. Abraham no rechazó solamente el oro, rechazó hasta lo que no valía nada, porque cuando tú aceptas lo pequeño, créeme, ya aceptaste al principio y, después de aceptar el principio, lo único que te queda por negociar es la cantidad.
A ti te entrenaron toda la vida a distinguir lo bueno de lo malo, pero hay una categoría más: lo bueno que no es para ti. Decirle que no a lo que está mal es fácil; lo difícil es decirle no a algo que no te ganaste, que nadie te va a criticar por aceptar y que por dentro tú sabes que no te conviene.
Aquí está lo que te prometí antes de compartirte todos los anuncios. Las palabras de Abraham dicen así: “He alzado mi mano”. Está en pasado; esa decisión no se tomó delante del rey de Sodoma, se tomó antes cuando no había ninguna oferta sobre la mesa y tres versículos antes pasó otra cosa. Melquisedec, sacerdote del Dios altísimo, le salió al encuentro con pan y con vino y lo bendijo.
Génesis 14:20 «...y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abraham los diezmos de todo». Primero dio el verso 20, después rechazó en el verso 23; un hombre que acaba de soltar el 10% de una fortuna no llega con hambre a la próxima negociación.
Dar le dejó la mano libre; si conoces un poco de las fábulas griegas, sabes que está la historia de Ulises, que dice que se hizo amarrar al mástil antes de pasar frente a la sirena porque sabía que al oírlas no iba a poder decidir bien. En vida real, Abraham hizo lo mismo con la mano alzada delante de Dios.
Quiero decirte algo que he visto muchas veces: las ofertas nunca llegan en un buen día, llegan en la semana en que se te dañó el carro y la cuenta está en cero. Si esperas ese día para decidir, el que decide es el apuro; la mano que ya está alzada delante de Dios es la única que después puede decir que no.
Abraham, el que no se llevó ni un hilo, pudo decirle que no a una fortuna porque antes había dado sin que nadie se lo pidiera y eso me deja pensando de dónde sale una mano así con esa pregunta y paso al segundo mensaje que predico el segundo domingo del mes de octubre, que tiene un título precioso: “Antes de dar, mira lo que Dios te ha dado”.
Cuando Israel todavía comía maná en el desierto, Dios le dio instrucciones para el día de su primera cosecha: antes de llegar a la tierra prometida, tomar los primeros frutos, ponerlos en una canasta, llevarlos al lugar que él había escogido y Dios no solo le dijo que llevar, también les dijo que decir, tenían que contar toda la historia.
Un arameo a punto de perecer fue mi padre y seguían con Egipto, con la esclavitud, con el clamor y con la mano fuerte del Dios que lo sacó y solamente al final, después de contar todo eso, Deuteronomio 26:10-11: “Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios. Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti”.
La canasta aparece después del testimonio, y esa canasta cuenta una historia completa y, para que hubiera fruto, tuvo que haber tierra y, para que hubiera tierra, Dios tuvo que cumplir una promesa. Fíjate en otro detalle: el que decía esas palabras nunca estuvo en Egipto y aun así decía "nos maltrataron". Clamamos, yo creo que tú terminas pareciéndote a la historia que te repites; le pides algo a Dios durante años, él responde y a los pocos meses aquello por lo que llorabas se volvió parte del paisaje.
Hay cosas que hoy llamas normales y que alguna vez tú la llamaste respuesta de Dios; nunca permitas que la costumbre le quite el carácter de milagro a lo que Dios ya te dio. Por eso dar empieza por mirar, ¿mirar qué? Mirar lo que recibiste y por eso Dios manda a salir del altar alegres.
La sola posibilidad de poner algo en una canasta es la prueba de que recibiste algo de parte de Dios, así que ya tienes dos cosas en la mano: Abraham, en que no se llevó ni un, pudo decir que no porque primero dio, y la canasta de Israel te enseña a mirar hacia atrás antes de entregar y, cuando aprendes a mirar lo que recibiste, te pasa algo más, cambia la manera en que mides lo que tienes.
Tercer mensaje que se predicó el tercer domingo del mes de octubre, que a mí me encantó: “Aquel monte será tuyo”. Josué estaba repartiendo la tierra prometida tribu por tribu y llegan los hijos de José, que son la tribu de Efraín y Manase, grandes y bendecidas, y en vez de dar las gracias, vienen a quejarse. Le reclaman a Josué que le dio una sola parte; siendo un pueblo tan grande, le había tocado uno de los dos territorios más grandes y fértiles de la tierra; el problema era cómo lo median.
Efraín y Manases, los que midieron todo lo despejado, contaron únicamente la tierra que ya estaba limpia, que estaba lista; la parte cubierta de bosque esa no la contaron como suya y esta fue la respuesta que le dio Josué, Josué 17:18: “Sino que aquel monte será tuyo; pues aunque es bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte”.
El texto dice: "Aunque es bosque, la herencia llegó sin terminar y es bien posible que a ti también te pase lo mismo; cuanta solamente lo que ya produce y no cuenta lo que Dios te entregó para trabajar, un talento, una idea, una relación, un negocio que todavía no se ha formalizado, Dios te da más de lo que tú ves porque te lo dio en forma de bosque.
La palabra hebrea que se traduce desmontar en ese verso que "y te acabo de bara", la misma palabra creo en Génesis 1:1, donde dice: «Dios creó los cielos y la tierra; Dios crea de la nada, tú echas a su imagen, le das forma a lo que él ya puso en tus manos, pero el mensaje tiene un segundo golpe, Efraín y Manasés lo que midieron, lo que estaba despejado, dijeron que no pudieron sacar el cananeo y mira lo que pasó después en Josué 17:13: «Pero cuando los hijos de Israel se hicieron fuertes, sometieron a los cananeos a trabajos forzados o les cobraron tributo». Hicieron tributo al cananeo, mas no arrojaron.
Convirtieron el problema en un negocio; eso pasa con la deuda, que ya parece normal con el gasto que te justificas todos los meses y con el hábito que dices que ya tú tienes bajo control, por eso la palabra de Josué fue tan clara: tú arrojarás al cananeo, y aunque tengas carros errados y aunque sea fuerte, lo que tú no sacas de tu terreno no se queda quieto; con el tiempo pasa a mandar en tu casa.
Fíjate que Efraín y Manasés lo que midieron solo lo que estaba despejado en el fondo; lo que querían era otra tierra y cuando tú sientes que lo que tienes no te alcanza, casi siempre te llega la pregunta que le da el título al cuarto mensaje que predicamos en esta serie justo ayer domingo y es el último mensaje de multiplica.
Cuarto y último mensaje de multiplica: “Me voy o me quedo” en septiembre de 2017 en Puerto Rico después del huracán María. Casi todas las casas en Puerto Rico se habló la misma conversación, quizás en una noche, quizás en la cocina, quizás en la mesa del comedor, probablemente con una linterna o con una vela porque no había luz. Nos vamos o nos quedamos.
Según los estimados del censo de Puerto Rico, en el año siguiente casi 130 mil personas salieron de Puerto Rico. Es bien posible que tú estés teniendo la misma conversación ahora mismo, pero con un negocio que llevas años sin que se dé; la Biblia conoce esa conversación.
Rut 1:1: “Aconteció en los días que gobernaban los jueces que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos”. Velen significa casa de pan y ese hombre se llamaba Elimelet, que significa "mi Dios es rey".
Elimelet, el que se fue sin consultar al rey, tomó la decisión más grande de su vida y el Dios no registra ni una oración, ni una palabra de Dios, solo registra el hambre y la salida y van por rato; terminaron ahí 10 años.
En Moad murió Elimelet, el que se fue sin consultarle a Dios, y murieron también sus dos hijos. Yo creo que la parte más dura de esta historia la vivió Nohemí porque pagó una decisión que ella no había tomado y fue ella la que escuchó en Moad la noticia de que Dios había visitado a su pueblo para darle pan; la bendición llegó al lugar exacto que ellos habían soltado.
El hambre tenía fecha de salida y Elimelet, el que ese fue sin consultar a Dios, no lo esperó irse; no es pecado, Abraham, Dios mismo lo mandó a salir. La pregunta que tienes que hacerte es: ¿qué me está diciendo Dios al respecto? Isaac, el que vio y vivió la misma hambre, iba camino a Egipto y Dios los alcanzó en el camino con una palabra en Génesis 26:2: “Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré”.
Dios no le quitó el hambre, le dio una palabra para atravesarla y esto fue lo que hizo Isaac. Génesis 26:12 «Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová» aquella tierra y aquel año, la misma tierra que todos estaban abandonando y el mismo año que para todo el mundo fue de hambre.
En un año de hambre, la semilla parece comida y lo lógico era guardarla. Isaac enterró en tierra seca lo poco que tenía porque le creyó a Dios que para Isaac quedarse significó sembrar. No fue cómodo, le taparon los posos, se los pelearon y él siguió cavando hasta llegar a uno que nadie le pudo quitar.
Rehobot, que era el nombre de ese lugar, significa lugares amplios. El capítulo comienza diciendo que había hambre en la tierra y termina con los criados de Isaac llegando con una noticia: “Hemos encontrado agua”. Entre una frase y la otra hubo un hombre que escuchó a Dios, sembró y siguió cavando.
Mira qué bonito cómo todo esto se conecta: Abraham con su hilo, Israel con su canasta, Efraín y Manases con su bosque e Isaac con su poso, cuatro historias distintas que te dicen lo mismo: Dios te da el poder y ese poder se forma en lo que haces con lo que pasa por tus manos.
Primero: Ni un hilo; la línea se fija antes de que llegue la oferta.
Segundo: Antes de dar, mira lo que Dios te ha dado; la canasta va después del testimonio.
Tercero: Aquel monte era tuyo; llegó como bosque, tendrás tú que trabajarlo.
Cuarto: Me voy o me quedo; no dejes que el hambre decida por ti, pregúntale a Dios, siembra donde él te diga y sigue cavando hasta encontrar el agua.
Quiero regresar a lo que te conté al principio: más clases de fianzas no necesariamente van a cambiar cómo tú manejas el dinero, pero el curso que creó mi esposo, el pastor Otoniel Font, que se titula "Sal de deudas, las riquezas están hechas precisamente", antes que puedas entender que el dinero se te va y para cambiar eso que hace que se vaya, quiero que vayas a Otonielfont.com para que puedas recibir esas 10 clases y cupones adicionales. Al final de este curso vas a tener un plan escrito para salir de todas tus deudas, vas a ver monto, vas a ver fecha y, por supuesto, te recuerdo que hay un precio especial hasta el 31 de octubre de la medianoche. Ve a Otonielfont.com para que adquieras el curso y comiences desde hoy porque ya Dios puso en tus manos el poder para hacer las riquezas; simplemente te toca recibir ese conocimiento bíblico para que puedas vivir en la prosperidad que Dios tiene para ti, terminar con tus deudas y empezar a construir tus riquezas.
Quiero que me escribas en los comentarios estos cuatro mensajes que te compartí en el día de hoy en la iglesia Fuente de Agua Viva durante el mes de octubre. ¿Cuál fue el que más habló a tu vida? Quiero leerte en los comentarios y te veo el próximo lunes en un nuevo episodio de Mujer Pódcast.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.

