¿ESTÁS CRIANDO A TU ESPOSO?
En el año 2022, un equipo de investigadores de universidades en Canadá y en Australia le hizo una pregunta bien sencilla a más de mil madres con hijos menores de 12 años que vivían con su pareja. Le presentaron una frase y le pidieron si estaban o no de acuerdo; la frase era: A veces siento que mi pareja es como un hijo más que tengo que cuidar. Es bien posible que tú hayas contestado esa pregunta por dentro antes de que yo terminara de leerla.
Los resultados salieron publicados en una revista científica internacional; las madres que encargaban la mayor parte del trabajo de la casa eran las que más veían a su pareja como un hijo que depende de ella y, mientras más lo veían así, menos deseos sentían por él.
Los investigadores lo describieron como una mezcla de dos papeles que no se llevan: el de madre y el de pareja. Dicho en palabras de buen español que se entienda, es muy difícil sentirte atraída por un hombre al que le recuerdas la cita del dentista, le revisas si hizo algo bien y le dejas una lista en la nevera de todo lo que tiene que hacer, y yo te añado algo que el estudio no midió, pero que yo sí creo.
A él del otro lado no le dan ganas de enamorar a la mujer que lo supervisa todo el tiempo; así se apaga el romance entre los dos: sin peleas, sin infidelidad y sin que nadie haga nada malo a propósito.
erso que está en el libro de Proverbios y esta es la parte que escribió el rey Salomón, el hombre más sabio de su tiempo. Es una de las frases más conocidas que hay en la Biblia sobre la mujer y sobre su casa; tengo que decir que uno de mis libros yo lo firmaba siempre escribiendo este proverbio.
Proverbio 14:1 “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba”. Fíjate en un detalle importante de ese verso: las dos mujeres están trabajando con las manos y en la misma casa. La mujer sabia es la que edifica una casa y la necia es la que la derriba y la hace con sus manos, las mismas manos con las que trabaja todo el día; por eso hoy te hago una pregunta así de frente y te pido que la contestes con la misma honestidad con la que contestaste la misma pregunta del estudio sin que yo te hiciera esa pregunta.
¿Estás criando a tu esposo? Nadie se casa para criar a un hombre; aun así, es bien posible que tú lleves años en un puesto que nadie te ha pedido que ocupes: el de mamá de tu esposo. Ese puesto cansa y, además, apaga el romance, el romance de él y el romance tuyo.
Si la respuesta es sí, quiero que sepas desde ahora que esto no te hace una mala esposa; lo más probable es que seas una mujer capaz, una de esas mujeres que resuelve en todos esos asuntos, que no deja nada a medias y precisamente por eso caíste en ese patrón.
En este episodio te voy a mostrar cómo una mujer competente termina criando al hombre que ama, cómo se recupera el romance que esto apaga y lo que Dios dijo de ti, la primera vez que dijo algo que no era bueno. Si conoces alguna mujer que vive cansada de cargar sola su casa y que tú crees que está criando a su esposo, envíale la copia de este episodio para que puedas ayudar a esa mujer.
¿Eres tú de las mujeres que está criando a tu esposo como un hijo más? ¿Te has preguntado alguna vez que respetar a tu esposo es tratarlo como un adulto capaz que haga las cosas a su manera, aunque tú lo harías distinto? ¿Conoces a alguna mujer que vive cansada de cargar sola su casa? ¿Sabes tú que es muy difícil desear a un hombre que tienes que supervisar? ¿Me creerías si te dijera que cuando le devuelves la responsabilidad a un hombre le devuelves también el lugar de esposo y tú recuperas el lugar de mujer?
Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
La primera vez que Dios dice que algo no es bueno en toda la escritura, lo dice mirando a un hombre que estaba solo, antes de la serpiente, antes del primer pecado, antes de la primera desobediencia, y la solución que Dios diseñó para eso tiene que ver contigo y se encuentra en Génesis, el primer libro de la Biblia, en el capítulo 1, donde Dios crea el mundo y 6 veces se detiene a mirar lo que hizo y dice que es bueno; cuando lo mira todo junto, dice que es bueno en gran manera. Luego, en el capítulo 2, la Biblia se acerca y cuenta con más detalle cómo Dios formó al hombre del polvo de la tierra y lo puso en el huerto del Edén y ahí por primera vez dice que algo no es bueno.
Se encuentra en Génesis 2:18 “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. No es bueno que el hombre esté solo, y la solución que Dios diseña para eso tiene nombre: ayuda idónea. A muchas mujeres les enseñaron a escuchar la palabra "ayuda" como si fuera un puesto menor, la asistente, la que va detrás, la que recoge todo, pero busca esa misma palabra en otros lugares en la Biblia y mira a quién se le aplica.
El rey David, el que escribió buena parte de los salmos, se lo dice a Dios, por ejemplo, en el Salmos 70:5 “Yo estoy afligido y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios. “Ayuda mía y mi libertador eres tú; oh Jehová, no te detengas”. Ayuda mía eres tú, le dice David. ¿A quién? A Dios.
La palabra que Dios usó para ti, mujer, en Génesis, es una palabra que la Biblia usa para Dios mismo. Cuando Dios te llamó a ayuda, te dio uno de sus propios títulos. David, cuando estaba afligido, le gritó a Dios: ¡Ayuda a mí y a mi libertador, que eres tú! Esa es la palabra que Dios escogió para ti; ser ayuda es un honor que viene de arriba y nadie lo viene a usar para ponerte abajo.
Hay que fijarse cómo ayuda Dios porque ahí es donde está la clave. Cuando Dios ayudaba a Israel, Israel seguía caminando con sus propios pies y tomando sus propias decisiones, las buenas, y también sabemos que tomaba las malas decisiones y Dios lo acompañaba, lo fortalecía y le hablaba de frente, pero la vida la caminaba Israel.
Dios ayuda sin quitarte la vida de las manos y eso mismo dice la segunda parte del verso idónea; idónea quiere decir adecuada a la medida, que le corresponde. Dios le hizo a Adán alguien a su medida, ni arriba para mirarlo, ni abajo para servirle, y mira de dónde la sacó. Génesis 2:21-22, dice que Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y, mientras él dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne de esa costilla e hizo a una mujer y se la trajo al hombre.
Hace más de 300 años, un pastor inglés llamado Matthew Henry, escribió un comentario de toda la Biblia que todavía se lee. Fue una de las primeras inversiones que hicimos, el pastor Otoniel y yo en nuestro ministerio compramos todos los tomos de ese comentario: Matthew Henry, sobre estos versos, dijo algo que se ha repetido en bodas por siglos y siglos: que la mujer no fue sacada de la cabeza del hombre para gobernarlo, ni de sus pies para que él la pisara, sino de su costado para estar a su lado como igual, debajo de su brazo para ser protegida y cerca de su corazón para ser amada.
Me encanta cómo lo expresa Matthew Henry: del costado a su lado y ahí está el enredo de su mujer que cría a su esposo; se salió del costado y se subió a la cabeza y desde la cabeza lo que se hace es administrar, que es lo que hace una mamá con un hijo.
Una madre está por encima de sus hijos y está bien que así sea porque los hijos son pequeños, pero cuando una esposa se coloca por encima del esposo para resolverle la vida, el puesto le cambia de nombre sin que ella se dé cuenta; le dice qué poner, le recuerda qué es lo que tiene que hacer, le corrige cómo lo hizo, le contesta por él por debajo de las demás personas y, aunque lo haga con todo el amor del mundo, porque aquí no se está cuestionando el amor, está ocupando un lugar que no le corresponde, que es el lugar de una mamá.
Dios sacó a la mujer del costado del hombre para que caminara a su lado. Desde la cabeza, lo que se hace es administrar y administrar a un hombre adulto; eso tiene otro nombre, eso se llama criarlo. Ayuda, no es mamá; Dios te puso al lado de tu esposo a su medida. La pregunta entonces es: ¿cómo una mujer capaz termina por encima de él? Para eso hay que volver al verso del principio del episodio.
Proverbios 14:1 “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba”. La mujer sabia, la que edifica, y la necia, la que derriba; yo creo que muchas veces la necia, la que derriba, no se ve necia desde afuera, se ve como la que más trabaja en su casa.
Hay una psicóloga estadounidense llamada Harriet Lerner que lleva desde los años 80 escribiendo sobre algo que pasa en muchas parejas y que ella llama sobrefuncionar y subfuncionar. Yo lo explico con un ejemplo que puede ser de cualquier casa: el hombre lava los platos y los deja mal puestos en el escurridor, llega la esposa, suspira y lo vuelve a acomodar; la próxima vez él los lava, la mujer lo vuelve a acomodar; a la tercera vez, él ya no los lava porque aprendió que lo que él hace de todas maneras no sirve y termina la mujer lavando sola, cansada, diciendo que no hace nada en la casa.
Lo que Lerner observó es cómo las dos cosas se alimentan: mientras más hace uno, menos hace el otro y mientras menos hace el otro, más siente el primero que lo tiene que hacer todo. Ninguno de los dos lo planificó de esa manera y los dos sostienen ese patrón; cada vez que tú vuelves a hacer lo que él ya hizo, él aprende que no le toca.
Lo que tú haces, tú lo dejas y después lo llamas irresponsable a algo que tú misma entrenaste. Es muy posible que tu esposo sepa sacar un préstamo, dirigir a un grupo de gente en su trabajo y arreglar el carro el domingo y que en tu casa no sepa dónde están sus propias medias. Ese hombre perdió la práctica de cruzar la puerta de su casa porque aprendió que ahí está alguien que está a cargo y ese es el hombre del que te estoy hablando hoy, un hombre capaz al que su esposa poquito a poco le fue quitando el espacio.
Si tu esposo es un hombre que maltrata, te amenaza o pone en peligro a tus hijos, este episodio no es la herramienta para tu situación; lo que tú necesitas es protección y apoyo profesional, y buscarlo también es edificar tu casa.
Ahora aquí estoy hablando de la mujer necia de proverbio, la que derriba su casa con sus propias manos, con las manos que recoge detrás de él, que rehace lo que él hizo, que contesta por él y que él organiza el día. Ella siente que está sosteniendo su casa y con cada cosa que le quitan a su esposo para ser ella, le quita también un pedazo de esa hombría.
Dios te llamó a ayudar a la medida de tu esposo y la mujer necia, la que derriba lo hace quitándole a su esposo lo que le toca a él; si eso derriba, ¿qué edifica?
El apóstol Pedro, uno de los discípulos de Jesús, le escribió a las esposas cristianas de su tiempo y pensó de manera especial en las que estaban casadas con hombres que no creían. Les dijo algo que a muchas les cuesta leer; se encuentra en:
1 Pedro 3:1-2 “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa”.
Yo sé que esa palabra sujeta a muchas, le sube la presión, le da algo. Te pido que, antes de cerrar la puerta, mires lo que Pedro dice en el resto de la frase; piensa en las que estaban casadas con hombres que no creían la palabra de Dios. Si había alguien con razones para corregirse y enderezar a sus esposos, esas eran ellas, y Pedro le dice que esos hombres se ganan sin palabras, se ganan por la conducta.
Fíjate en el verso del versículo 2: Considerando, él está mirando; Pedro está diciendo que lo que mueve a un hombre es lo que ve en la manera en que su esposa lo trata, mucho más de lo que ella dice, y dice lo que él tiene que ver, una conducta casta y respetuosa, y esa palabra tengo que repetirla: respetuosa.
El apóstol Pablo, el que escribió una buena parte del Nuevo Testamento, cierra su enseñanza sobre el matrimonio en la carta de los Efesios con esa misma idea; en Efesios 5:33 le pide a cada esposo que ame a su mujer como a sí mismo y a la mujer que respete a su esposo. Pablo le pide amor al esposo y respeto a la esposa, y respetar a un hombre en la vida práctica es tratarlo como un adulto capaz, es dejar que haga las cosas a su manera aunque tú lo harías distinto, es no corregirlo delante de los nenes, es no volver a hacer lo que él ya hizo, es preguntarle su opinión y esperar la respuesta sin dársela tú primero.
Yo sé lo que tú estás pensando, tengo 28 años creando contenido para las mujeres; yo sé lo que tú estás pensando. Ay, Pastora, es que si yo suelto esas cosas, no se hacen. Imposible que al principio no se hagan, o que se haga tarde, o que se haga mal, o que se haga de otra manera. Ese es el precio de devolverle un hombre a tu casa y casi siempre es más barato que el precio del que estás pagando.
Un esposo que dejó de buscarte y una mujer que dejó de desearlo; es muy difícil desear a un hombre que tienes que supervisar. Respetar a tu esposo es tratarlo como un adulto capaz, dejar que haga las cosas a su manera aunque tú lo harías distinto; por eso el respeto le devuelve a tu casa un esposo y a tu matrimonio le devuelve el romance. Y aquí vuelvo al estudio del principio: los investigadores encontraron que lo que apaga el deseo es ver al otro como alguien que depende de ti.
Lo que Pedro y Pablo le piden a la esposa va exactamente en la dirección contraria: míralo, trátalo como un hombre; cuando le devuelves la responsabilidad, le devuelves también el lugar de esposo y tú recuperas el lugar de mujer.
Te resumo en tres cosas que te compartí en el día de hoy:
1. Dios te llamó ayuda idónea y la Biblia ayuda es un título que Dios puso para sí mismo; te hizo a la medida de tu esposo y a su lado, sacada del costado, no de la cabeza; ayuda no es ser la mamá.
2. La mujer necia, la que derriba, lo hace con sus manos; mientras más hace lo que le toca a él, menos lo hace él. Edificar tu casa no es administrar a las personas que viven en ella.
3. A un hombre lo que le gana es la conducta de su esposa y respetarlo es tratarlo como un adulto.
Ahora sí te dejo algo para esta semana; escoge una responsabilidad que le quitaste a tu esposo, una nada más, y regrésala. Si es su cita médica, si es conversar con los maestros de la escuela, si es que te ayuda a hacer la compra en el supermercado, díselo una vez, con cariño, sin sermonear, que la pastora Omayra dijo que yo tengo que ponerte a ti a hacer las cosas, porque después es que viene la parte difícil, porque quiero que le devuelvas una sola cosa a tu esposo esta semana y cuando la haga a su manera, tú te aguantas, no la corrijas, no la rehagas y no la comentes a tu hermana. Estás dejando de criarlo para empezar a ser su esposa; ayudar no es ser su mamá.
Cuéntame en los comentarios cuál es la responsabilidad que le vas a devolver esta semana y yo te veo el próximo lunes en el próximo episodio de Mujer Pódcast.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.

