324: EL CERCO DE LA MATERNIDAD.

Durante 14 noches hicimos 14 live aquí en este canal, 14 en vivo y al comienzo de cada uno de esos live yo siempre dije la misma frase: El corazón de una madre no fue diseñado para sostenerse solo; este tiempo de oración lo terminamos ayer con un servicio maravilloso en la iglesia Fuente de Agua Viva en Carolina.

Cada noche yo te lo demostré en la Biblia con una madre distinta; hablamos de Eva, Sara, Jocabed, Ana, Nohemí, y hasta de María, la propia madre de Jesús. Al pie de la cruz, ninguna de esas mujeres se sostuvo sola; todas tuvieron a alguien a su alrededor.

Yo también te pedí cada noche en el live que escribieras por mí o que pusieras el nombre de una madre, o sea, escribir la frase por mí hablando de ti y que escribieras el nombre de alguna madre por la cual tú querías que oráramos, y los nombres fueron creciendo, creciendo, creciendo cada noche. Hace dos semanas, en el episodio 322, te dije que cuando una madre cae, no falla la maternidad; lo que falló fue el cerco que debía sostenerla. Con este episodio de hoy, yo cierro toda esta campaña de oración por las madres y no puedo cerrar sin hacerte la pregunta que te puse aquí en la portada de este vídeo. ¿Eres tú el problema? Yo te la hago con cariño, en serio, y te la hago directo.

Si el cerco se rompió, en el cerco está faltando alguien y es muy posible que el hueco que esté faltando en ese cerco tenga tu forma. Yo te voy a decir desde ahora que este episodio termina con una tarea muy seria para ti; no te la daré todavía, pues sin todo lo que te voy a explicar en el medio, no vas a entender el porqué de esa tarea, y justo antes de darte la tarea te voy a regalar algo que preparé para que te llegues al final de este episodio.

Antes de darte la tarea, te voy a dar las frases de todas estas noches una detrás de la otra, cada una con el nombre de la madre con la que estuvimos hablando. Yo le dije: Todas las noches ten tu Biblia, tu libreta para que estén tomando notas; te voy a hacer el trabajo fácil y te voy a dar todas esas frases importantes que le compartí cada noche.

Quiero hablarte del pueblo de Israel en ese momento donde acaban de salir de Egipto; llevan semanas caminando por el desierto, estaban en un lugar llamado Refidim y en ese lugar le sale al encuentro Amalec, un pueblo en el desierto que está listo para pelear. Moisés, el hombre que Dios usó para sacar a Israel de Egipto, le dice a un joven llamado Josué que escoja hombres y que baje a pelear y que él, Moisés, va a estar arriba en la cumbre de un collado con una vara en la mano.

Esa es la primera vez que aparece Josué en la Biblia en su primera batalla abajo en el valle; quiero que escuches lo que dice Éxodo 17:10-12: 10-12 “Josué hizo como Moisés le dijo, y peleó contra Amalec. Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre de la colina.  Y sucedía que mientras Moisés tenía en alto su mano, Israel prevalecía; y cuando dejaba caer la mano, prevalecía Amalec. Pero las manos de Moisés se le cansaban. Entonces tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó en ella. Y Aarón y Hur le sostenían las manos, uno de un lado y otro del otro. Así estuvieron sus manos firmes hasta que se puso el sol”.

Fíjate dónde se decidía la batalla: Josué peleaba allá abajo, pero quien ganaba lo decidían unas manos que estaban arriba y esas manos se cansaban. Yo no puedo leer este texto después de todas estas noches que tuvimos orando por las madres sin ver a una madre en ese monte. Josué es como el hijo peleando su primera batalla en un valle donde la madre no podía bajar.

Tú probablemente te puedes visualizar allá arriba con esas manos levantadas, orando por ese hijo, intercediendo por ese hijo, y las manos de una madre también se cansan. Moisés tenía la vara de Dios en las manos y aun así se le cansaban los brazos; nadie en ese monte le dijo que le faltaba fe. ¿Sabes lo que hicieron? Buscaron una piedra y se la pusieron por debajo para que pudiera sentarse y lo pararon a su lado; así se sostiene una madre y en el cerco de una madre hay un lugar con tu nombre.

Quiero que pienses en una madre, una sola que hoy tiene los brazos cansados; manda este episodio a esa mujer en ese mismo momento.

¿Alguna vez has preguntado si eres el cerco de una madre soltera? ¿Me creerías si te dijera que cuando una madre cae, no falló la maternidad? ¿Sabes tú cómo aportarle a una madre que está en una maternidad sola?  ¿Eres de las madres que ha podido sostener con tus brazos a otra madre mientras ella descansa o duerme? ¿Sabías tú que la primera vez que Dios mandó a escribir algo en un libro fue una victoria ganada con los brazos cansados de un hombre sostenido por otros dos?

Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios. 

Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.

Vuelve conmigo a aquel monte donde Moisés estaba cansado y Josué estaba peleando allá abajo, y lo que hicieron Aarón y Hur ese día me deja 5 preguntas para ti y cada una me dice si estás o no estás en el cerco de una madre.

1. ¿Sí subes?  Aarón y Hur no se quedaron en el valle mirando la batalla, subieron hasta donde estaba Moisés. De Hur la Biblia no dice casi nada más; lo único que hace en esta historia es sostener un brazo, ni siquiera lo toma; estaba sosteniendo un brazo y cada una de las 15 noches, contando la de ayer, hubo alguien que subió así.

Nohemí, la madre que enterró a su esposo y a sus dos hijos lejos de su tierra, despidió a su nuera una y otra vez, y Rut, la que no se fue, se quedó. Rut subió. Ana, la madre que oraba sin voz, tenía un esposo; él no entendía el dolor de ella, pero subía con ella cada año a la casa de Dios y le servía la mejor porción de la mesa, y cuando ella decidió cuándo le iba a cumplir a Dios la promesa más grande de su vida, él dijo: “Haz lo que bien te parezca”.

Elcaná subió también por Ana; Jocabed, la madre que no soltó a su hijo en el río, tenía a Armenia, la hermanita del niño, parada de lejos para ver qué le pasaba. Miriam subió por Jocabed y María, la madre al pie de la cruz; no estaba sola al frente de esa cruz; a su lado fueron otras mujeres que también fueron con ellas.

Ninguna de esas mujeres resolvió sus problemas sola. Rut no le devolvió los hijos a Nohemí; el cana no le podía quitar la tristeza a Ana, pero estuvieron ahí y estar fue la primera forma del cerco. Estos 15 días hubo madre a tu alrededor, con los brazos abajo, la compañera que volvió, la licencia de maternidad y yo oro en el carro todos los días porque quiere estar con su bebé, a la vecina que cría sola.

Es muy posible que sepas exactamente quién es esa mujer y que incluso hayas orado por ella desde tu casa, desde tu sofá; esa oración cuenta y Dios la escuchó, pero Aarón y Hur no abandonaron a Moisés desde el valle. Aarón y Hur dejaron el lugar donde estaban, la batalla donde estaban, y subieron al lugar donde estaba el cansancio. Nadie en el valle los vio, pero la victoria de abajo se decidió en los brazos que ellos sostuvieron arriba. A una madre con los brazos abajo lo que le hace falta es que tú subas y vayas y le subas los brazos.

2. ¿Qué aportas tú?  Aarón y Hur no subieron con las manos vacías; el texto dice que tomaron una piedra y la pusieron debajo de él. Alguien la buscó, la cargó cuesta arriba y la acomodó. Aarón y Hur pudieron quedarse al lado de Moisés dando ánimos: “¡Tú puedes, vamos, Moisés, levanta esos brazos, Dios está contigo!”. Prefiero resolverle, RISPA, la madre que veló los cuerpos de sus hijos también se sentó en una piedra; ella misma tendió la tela de silicio sobre la roca y se sentó ahí sola desde las siegas de abrir hasta las lluvias de octubre.

Aarón y Hur pudieron haberle dado ánimo a Moisés, pero prefirieron buscarle una piedra. Rizpa se sentó sola en una roca seis meses; a Moisés alguien le cargó la piedra cuesta arriba. La piedra pesa lo mismo; lo que cambia es si alguien la carga contigo y si tú estás dispuesto a cargar esa piedra por alguien.

Mira lo que puso cada uno en esa historia: Juan, el discípulo, se llevó a María a su casa y eso le costó una cama, un plato más de comida en su mesa. La viuda de Sarepta, la madre que iba a cocinar la última tortita en su casa, hizo la torta para el profeta Elías con lo último que le quedaba de la harina; nadie tenía de sobra, cada uno puso algo y lo pusieron con intención. El uno de un lado, o sea, Aarón de un lado, y el otro del otro, Hur del otro; se repartieron los brazos y dice hasta cuándo, hasta que se puso el sol.

Elisabet y María se pusieron en lo mismo; se fueron tres veces juntas hasta que nació el niño. Las palabras bonitas no sostienen los brazos a nadie; una comida, una tarde cuidando a los hijos de otra persona para que otra persona duerma, una llamada cada semana a esa mamá que tiene ese hijo enfermo, un hijo preso, eso es una piedra.

3. ¿Te quedas callada cuando ves a una madre sufriendo?  La respuesta está en Rizpa; la madre que veló a sus hijos sobre la roca, ella no tenía voz en el palacio, era una concubina de Saúl, sin apellido de reina, pero alguien la vio en esa roca y fue a contarlo en el palacio. Mira cómo lo describe 2 Samuel 21:11: “Y fue dicho a David lo que hacía Rizpa, hija de Aja, concubina de Saúl”.

La Biblia no nos da el chisme completo, no nos dice quién fue esa persona que fue a hablar allá con David; no tiene nombre, pero por esa persona el rey David se levantó y le dio su envoltura digna a toda la casa de Saúl. Lo mismo pasó en la casa de la sunamita, la mujer importante de Sunen. Le construyó un cuarto al profeta Eliseo; Eliseo no sabía qué darle. Fue Giezi, el siervo de Eliseo, el que se fijó y lo dijo en voz alta: ella no tiene hijo y su marido es viejo. Ella nunca lo pidió; Giezi nombró lo que esa mujer cargaba callada y al año siguiente ella tenía un hijo en sus brazos.

En Belén, las vecinas de Nohemí nunca le dijeron Mara, pero cuando hablamos de eso, amarga, eso era lo que ella quería que le dijera; nadie le dijo eso. Cuando nació el nieto, fueron ellas las que dijeron delante de todo el mundo: “Le ha nacido un hijo a Nohemí”. Es muy posible que tú sepas de una madre que está en la roca y no hayan dicho nada.

Sabes que tu prima perdió un bebé, nadie habla de eso; que a la señora de tu iglesia le metieron un hijo preso, nadie se preocupa por ella, y a veces nos callamos por no meternos, por no saber qué decir en esos momentos delicados. A veces callar es prudencia, pero hay silencios que dejan a una madre sola en la roca 6 meses.

Hablar por ellas es llevar su nombre con cuidado, a quien le puede ayudar, al pastor, a su esposo, al médico, pero sobre todo al rey. La Biblia no dice quién le contó al rey lo que hacía Rizpa; esa persona no tiene nombre, pero por esa voz sin nombre, David se levantó y le dio su envoltura digna a toda una casa. Hay silencios que dejan a una madre sola en la roca y hay una frase tuya que puede llegar hasta el palacio.

4. Esta cuarta pregunta fue la que más me costó incluir en las preguntas, pero si todas estas noches te lo quedaste solo para ti, pues tengo que preguntarte; está bien que hayas escrito por mí en el chat todas las noches, claro que eso está bien, tú también eres Moisés con los brazos cansados, claro que Dios te oyó, pero mira lo que pasó en la casa de Elisabet.

La mujer mayor que llevaba 5 meses escondida, María, llegó a su puerta, y Elisabet recibió algo que nadie había recibido en el Nuevo Testamento; Lucas 1:41-42: “Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre”.

Elisabet fue la primera persona llena del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento y lo primero que hizo esa llenura fue bendecir a otra mujer; no habló de ella, no se comparó, bendijo a la joven que tenía delante de ella, la que recibiste para ti para la gloria a Dios, pero lo que tú recibiste para ti, Dios te lo dio para otra también. Es muy posible que estas noches hayas recibido mucha revelación, mucha palabra, mucha enseñanza, pero si todo se quedó en tu teléfono, en tu iPad o en tu libreta, el cerco sigue como un hueco.

En aquel monte Moisés recibió la piedra y los brazos se los aguantaron y la victoria fue para el pueblo entero.

5. ¿Sí contaste lo que Dios hizo? Y la respuesta está otra vez en aquel monte; cuando se puso el sol, la batalla terminó, Israel prevaleció y Dios le dijo a Moisés una instrucción: Éxodo 17:14: “Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo”.

Esta es la primera vez en toda la Biblia que Dios envía a escribir algo en un libro de todo lo que había pasado hasta ahí: la creación, el diluvio, las plagas, el mar abierto. Lo primero que Dios mandó a poner por escrito fue una victoria que se ganó con los brazos cansados de un hombre sostenido por otros dos; no le dijo solamente que lo escribiera, le dijo: a Josué, que lo sepa el hombre que peleó allá abajo, que la próxima generación sepa cómo se ganó.

La primera vez que Dios mandó a escribir algo en un libro fue una victoria ganada con los brazos cansados de un hombre sostenido por otros dos, y añadió: Díselo a Josué, lo que Dios hizo en tu cerco se escribe y se cuenta, para que la próxima generación sepa cómo se ganó.

Estas 14 noches Dios te dio 14 palabras para 14 madres; es muy posible que te haya tocado y no se las hayas contado a nadie, y lo que no se cuenta, Josué no lo sabe.

Te resumo.

1. Estar es la primera forma del cerco; Aarón y Hur subieron.

2. El cerco pone algo, y pone algo con intención; alguien cargó la piedra hasta que se puso el sol.

3. Hay silencios que dejan a una madre sola en la roca.

4. Lo que recibiste para ti, idos te lo dio también para otra persona.

5. Lo que dice en tu cerco se escribe y se le cuenta a Josué.

Te dije que tengo una tarea para ti, pero primero te prometí al principio que te iba a dar todas las frases, el nombre de la madre y todas las madres, así que escucha el recorrido.

Noche #1: Eva, la maternidad no es la maldición, es la respuesta a la maldición.

Noche #2: Sara, la espera no es olvido, porque lo que Dios promete, Dios cumple.

Noche #3: Agar, sola no es lo mismo que sin Dios.

Noche #4: Jocabed, entregar no es perder.

Noche #5 Ana: Dios oye la oración que nadie entiende.

Noche #6: Noemí, llegaste vacía y es tiempo de la siega.

Noche #7 Risba; ella no pudo salvarlos, pero no los dejó solos.

Noche #8: La viuda de Sarepta, la harina no se acaba mientras la mano sigue.

Noche #9: La sunamita, no discutas con el diagnóstico; corre al que lo puede cambiar.

Noche #10: La cananea insiste en no estar molestando; está creyendo.

Noche #11: Elisabet y María, Dios no le mandó una explicación, le mandó a una casa.

Noche #12: Eunice y Loida, tu fe no necesita permiso para criar.

Noche #13: María al pie de la cruz; ser madre te costó mucho y nunca te cuesta quién eres.

Noche #14: El corazón materno de Dios, el corazón de madre, no lo inventaste tú; lo heredaste.

Y esta #15 es para ti; en el cerco de una madre, hay un lugar con tu nombre.

Ahora tu tarea: los 15 vídeos de oración por las madres, las 14 noches y el servicio de ayer por la noche, domingo, Fuente de Agua Viva de Carolina, están abiertos en este canal hasta el próximo domingo 4 de octubre. Después de ese domingo 4 de octubre se van a cerrar; ya no van a estar en el canal.

Tú tienes una semana; tu tarea es ser el cerco de alguien. En eso pidió: “Piensa en una madre concreta, busca una noche que le habla a ella y envíasela”. A la espera de un hijo que no llega, envíale la noche de Sara; a la que cría sola, envíale la noche de Agar; a la que está en duelo.

Envíale la noche de Noemí, a la que tiene hijos presos en las drogas; envíale la noche de Rizpa, a la que ya no es fuera de sus hijos; la noche de María al pie de la cruz, y si esa madre no conoce a Jesús, con ese vídeo se está llevando el evangelio a su casa. No se lo mandes a un grupo, mándaselo a una madre individual con su nombre y con dos palabras tuyas.

Aarón no sostuvo a un pueblo entero, sostuvo un brazo; durante 15 días oramos por las madres. Desde hoy te toca a ti subir al monte porque el cerco se rompió y se vuelve a levantar con nombres; en el cerco de una madre hay un lugar con tu nombre.

Quiero que me digas aquí en los comentarios a qué madre le vas a enviar una noche, que me digas cuál noche le vas a enviar y yo te veo el próximo lunes en nuestro próximo episodio de Mujer Pódcasts.

Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.