Voy a comenzar este episodio con una historia bíblica que se encuentra en el Salmo 73, y la escribió un hombre llamado: Asaf, uno de los músicos que dirigía la adoración en el templo, Asaf, el que casi se desliza; y digo se desliza porque así arrancó él en su propio salmo, y te lo quiero citar directamente.
Salmos 73: “Ciertamente es bueno Dios para con Israel, para con los limpios de corazón. En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos”.
Eso lo dice Asaf, el que casi se desliza en los primeros tres versos del Salmo 73, y de ahí en adelante Asaf pasa una buena parte del Salmo describiendo como le quemaba que los injustos prosperaban mientras el que se esforzaba en hacer lo correcto, que vivía cargando un dolor sin resolución no prosperaba.
Te traigo esto al inicio del episodio porque hay una pregunta que sé que muchas mujeres cargan en silencio y nunca la dicen en voz alta ¿qué hago yo con esto, sino se va a arreglar? Esa disculpa que tu papá nunca te dio y que se murió sin dártela, esa traición de aquella persona en quien confiaste y nunca te pidió perdón, ese error que cometieron contigo en la familia y todavía no lo quieren ni nombrar, si llevas tiempo esperando un acto de reparación o un reconocimiento y probablemente no va a ocurrir este episodio te va a dar ese aire que tu necesitas.
No te diré que todo se va a arreglar, pero te voy a enseñar a vivir con dignidad y con paz cuando las cosas no se arreglan, sé que conoces que hay personas que se van a morir sin pedirte perdón y mientras tu espera por esa disculpa ya se te están yendo los años, por eso hoy quiero hablarte de “VIVIR CUANDO LO MALO NO SE ARREGLA”. Sé que esto no es un título muy tradicional dentro de los podcasts de mujeres, pero te digo que así me lo dio Dios.
¿Te has preguntado si puedes vivir cuando lo malo no se arregla? ¿Me creerías si te dijera que las mujeres no estamos más rotas que los hombres, simplemente que en nuestra cabeza enredamos más aquellas cosas que no podemos cambiar? ¿Sabías tú que tu sanidad depende de acciones que tú vas a tomar, no de la reacción que te hirió? ¿Me creerías si te dijera que la Biblia promete justicia eterna, promete presencia, promete fidelidad inquebrantable y promete que Dios no te va a soltar? ¿Sabías tú que ya eres libre el día que no necesites a tu papá, a tu ex, a esa persona que te hirió?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Hay una distinción que probablemente nunca nadie te ha articulado y entenderla puede ahorrarte años de cansancio; en tu vida hay dos territorios distintos.
El primer territorio es el de tu corazón por dentro; tu herida, tu ciclo, tu narrativa, el dolor que tú llevas por dentro. Ese espacio es tuyo y la buena noticia es que ese territorio sí se sana, sí depende de ti el decidir trabajarlo y responde cuando lo trabajas con Dios.
El segundo territorio es del de afuera; la realidad ajena, lo que esa persona te hizo, lo que tu papá nunca dijo, el sistema legal que decidió en tu contra y por eso no se sana adentro de ti, porque no nació adentro de ti, sé que te has cansado tratando de arreglar por dentro lo que otra persona rompió por fuera y nunca fue trabajo tuyo hacer eso.
Salomón ya nombró esta realidad hace miles de años; Eclesiastés 8:14 “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad”.
Salomón, viendo lo mismo que Asaf, que casi se desliza, viendo gente buena pasando por lo que le debería pasar a los malos, y gente que hace daño viviendo como si nada, lo nombra, lo describe y lo escribe en este libro de la Biblia y pone palabra a una realidad que tú probablemente has vivido también, pero lo has vivido en silencio.
Déjame hacerte una conexión importante de un trabajo que nosotras hicimos juntas porque hace poco yo lancé mi libro SANA y le dije que todas las noches lo estoy leyendo a través de las redes sociales en vivo con ustedes y lo que no sana se repite tu dolor con fe y realidad, trabaja con el primer territorio del que te hable.
El libro entero es cómo tú puedes identificar y sanar lo que está dentro de ti, la herida que llevas, los ciclos que repites, las decisiones que tomas desde un dolor que no has procesado. Específicamente en el capítulo 9 del libro SANA hablo de soltar sin reconciliar, de cómo hay pases que no dependen de un cierre humano. Y si todavía no tienes el libro, te lo recomiendo de corazón; está en toda la librería de toda Latinoamérica y también en Amazon, y se encuentra en todas las tiendas de línea también.
En ese libro SANA encontrarás herramientas que en este episodio va a asumir que ya tú conoces, pero yo quiero ir un paso más allá; quiero hablarte del segundo territorio de lo que no está en tus manos arreglar, porque puedes tener el primer trabajo casi listo y seguir estancada esperando que lo segundo se arregle, y hay un dato que confirma científicamente la psicóloga: Susan Nolen-Hoeksema. Rumiamos más significativamente que los hombres.
Esta rumiación, esta costumbre de darle vuelta mentalmente a lo que no se puede cambiar, explica la diferencia de género en cuanto a la depresión. Escúchame bien, las mujeres no estamos más rotas que los hombres; simplemente en nuestra cabeza enredamos más aquellas cosas que no podemos cambiar.
Tu sanidad depende de acciones que tú vas a tomar, la reacción que te hirió no, si los mezclas no vas a avanzar, si no aprendes a separar los dos territorios vas a seguir invirtiendo tu energía afuera mientras el territorio que si puedes sanar se queda esperando dentro de ti.
Aquí viene una verdad que pocas veces se predica con honestidad: quiero hablarte de lo que Dios sí prometió y de lo que Dios no prometió; en la fe popular hemos aprendido a esperar: si eres fiel, Dios va a corregir cada injusticia de tu vida, que el agresor se va a arrepentir, que el familiar va a reconocerte antes de morir, que esa herida va a cerrar con una disculpa.
Te voy a decir directamente: la Biblia promete justicia eterna, promete presencia, promete fidelidad inquebrantable y promete que Dios no te va a soltar, pero la corrección humana de cada injusticia en tu vida terrenal no está en las promesas de Dios.
Te lo mostraré con la voz de un profeta llamado Habacuc ¿Hasta cuándo, oh, Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.
Habacuc, decimos en Puerto Rico, suena como que está harto de odio, el profeta grito por la injusticia, no le está reclamando a Dios le está diciendo yo veo lo que está pasando a los impíos, atropellan a los justos y tu no haces nada, esto no es un hombre sin fe, es un profeta de Dios escribiendo en la Biblia que el Dio injusticia y que le dolió.
Mira ahora la respuesta de Dios, no fue lo voy a arreglar ahora para ti hijito; cuando tu lees Habacuc 2:3-4 “Aunque la visión tardará aún por un tiempo, más se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. He aquí que aquel cuya alma no es recta se enorgullece; más el justo por su fe vivirá.
Dios le respondió a Habacuc, el profeta que grito por la injusticia con dos cosas le dijo hay un tiempo de Dios que tu no controlas y el justo por su fe vivirá, es decir mientras tú esperas vives por fe, vives mientras tanto tú esperas, Dios si te prometió estar contigo, Dios no te prometió que la persona que te hirió iba a pedir perdón antes de morirse.
Eso no es una teología sin consecuencias tiene un impacto real de hecho la asociación americana de la psicología en su reporte de “Stress in America” en el año 2020- 2023 que se basó en una encuesta de más de tres mil adultos hechas por una institución bien prestigiosa, encontró que las mujeres de 35 a 44 años los diagnósticos de salud mental subieron de un 33% en el año 2019 a un 45% en el año 2023.
Una de las cosas más documentadas para ese aumento es la espera crónica de un acto de reparación o reconocimiento que probablemente no iba a llegar del cónyuge, del padre, del sistema legal, de la persona que las hirió.
Por esto necesitamos honestidad bíblica con estos temas: cuando esperas de Dios una promesa que él no te hizo, terminas decepcionada con Dios por algo que nunca iba a ser tuyo y, claro, eso termina afectando nuestra ansiedad, por algo que la fe nunca te dijo que tenías que esperar.
Vamos a regresar a Asaf al que casi se desliza, en el Salmo 73 Asaf llega a un momento de transformación y lo importante que quiero que veas hoy es como él llega ahí, porque no llega por la vía que tu esperarías, Asaf no escribe; y entonces Dios condeno a los impíos y condeno a todos, lo que Asaf escribe es totalmente distinto Salmos 73: 16-17 “Cuando pensé para saber esto, Fue duro trabajo para mí, Hasta que, entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos”
Asaf, ese que casi se desliza, no llegó a la paz porque la justicia se resolvió; la injusticia seguía ahí, los impíos seguían prosperando. Lo que cambió fue desde donde Asaf estaba midiendo la realidad. Cuando entró al santuario, dejó de medir desde el suelo y empezó a medir desde el cielo y eso le devolvió la fe.
Asaf no fue al santuario para que Dios arreglara lo de afuera; fue para poder seguir respirando, aunque no se arreglara, y eso no es una resignación pasiva. Asaf hizo algo diferente: entró al santuario y permitió que su perspectiva cambiara. La paz nace cuando la mirada cambia de lugar y la injusticia que sigue ahí ya no tiene la última palabra sobre tu corazón.
La conclusión del salmo es preciosa; Salmos 73: “Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”. Qué hermosa frase que casi se desliza; reconoce que su carne y su corazón pueden desfallecer, no dice que ya no le duele, son palabras de quien está agotado, pero a renglón seguido afirma: “Mas la roca de mi corazón, mi porción es Dios”.
La porción es el pedazo que te toca a ti de una herencia familiar, y Asaf está diciendo: “A mí que me tocó, fue Dios, no me tocó la justicia inmediata, no me tocó ver el desenlace que me esperaba; lo que me tocó fue Dios mismo y dijo y con eso me basta para yo no volver a resbalarme.
Si tú estás esperando que Dios te dé el desenlace, pues estás esperando lo equivocado; lo que él te ofrece es mejor, su presencia, su presencia por porción mientras vives en justicia sin resolver, y esa presencia es lo que te hace no resbalar. Después de todo esto, déjame mostrarte cómo se ve la vida de una mujer que ya hizo ese trabajo; hay cinco señales que vas a reconocer en ti misma cuando esta verdad esté operando dentro de ti.
1. Ya no necesitas que tu enemigo reconozca que hizo mal para saber lo que tú viviste; tu testimonio interior es suficiente.
2. Ya no rumias conversaciones que nunca van a ocurrir; antes tú te ibas a la cama imaginando qué le ibas a decir, cómo se lo ibas a decir, dónde se lo ibas a decir. Ahora esas conversaciones se acabaron, porque ya no le tienes que dar tu energía mental a quien no se merece, porque no te va a responder.
3. Ya no proteges la imagen del que te hirió para tener la paz familiar; antes tú callabas, minimizabas, inventabas razones; ahora hablas la verdad cuando es necesario, sin destruir, pero tampoco sin tapar.
4. Ya no le pides al cielo lo equivocado; antes le pedías a Dios que el otro cambiara, que se arrepintiera, que te pidiera perdón; ahora le pides fuerzas para ti y le entregas la justicia eterna en sus manos porque Dios administra la justicia mejor que tú.
5. Tu paz ya no depende de un evento que viene de afuera; antes dependía de un día imaginario en que todo iba a cambiar; ahora vive contigo independientemente de si ese día llega o no.
Sabes que ya eres libre el día que no necesites que tu papá, que tu ex, que esa persona que te hirió, que ese enemigo reconozca lo que hizo, tú ya sabes loque pasó, Dios también lo sabe y simplemente te toca pelear con eso y seguir hacia adelante, no te puedes estancar en algo que no puedes cambiar y a las personas tampoco las puedes cambiar.
Déjame anclar esto como un dato, callar y esperar tienen un costo psicológico documentado; la libertad que describo no es teoría es lo que tu cuerpo y tu alma necesitan para no enfermarse y por eso Asaf el que casi se desliza terminó diciendo lo que dijo “Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios”
Recapitulo estas cuatro ideas claras:
1. En tu vida hay dos territorios: el de adentro, que sí depende de ti y se sana, y para eso escribí el libro; SANA lo que no sana, se repite, afronta tu dolor con fe y claridad; y el de afuera, que no es tuyo y que no se sana porque no nació dentro de ti, y confundirlo te tiene cansada.
2. Dios prometió presencia, fidelidad y justicia eterna; no prometió cada injusticia humana en tu vida terrenal. Habacuc, el profeta que gritó por la injusticia, recibió de Dios una respuesta clara: “El justo por su fe vivirá”; tú vas a vivir mientras esperas.
3. Asaf, el que casi se desliza, no salió del Salmo porque la injusticia se arregló, salió porque entró a santuario y salió del lugar desde donde miraba la realidad; la paz no llega cuando lo de afuera cambia, la paz llega cuando tu mirada cambia.
4. La mujer que vive cuando lo malo no se arregla se reconoce en cinco señales: ya no necesita el reconocimiento externo, ya no rumia conversaciones imaginarias, ya no protege al que le hirió, ya no le pide a Dios lo equivocado y su paz no depende de un evento.
Empieza a vivir cuando dejas de esperar la disculpa que nunca te van a dar, y eso es lo que Dios quiere para ti hoy, no el desenlace cinematográfico de esos momentos que tú te has imaginado. Dios quiere darte su presencia constante, la porción que no se acaba, la porción de tu corazón.
Antes de que te vayas, quiero preguntarte algo: ¿qué es lo más difícil que tú has tenido que aceptar que no se va a resolver? Quiero que me lo escribas en los comentarios, que compartas este episodio con alguien que está esperando algo que probablemente nunca le va a llegar.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.