Tú ya oras sin cesar y eso es exactamente el problema, porque cuando Pablo escribió “orar sin cesar” (1 Tesalonicenses 1:17), no te estaba dando una meta imposible; te estaba describiendo algo que ya ocurre en ti las 24 horas del día. Tu mente no tiene un botón de pausa; tu mente constantemente evalúa, recuerda, anticipa, concluye cosas sobre ti y sobre todo lo que hay a tu alrededor, y todo esto tu mente lo hace sin pedirte permiso.
Esta mañana, antes de tú abrir los ojos, antes de cualquier cosa, ya tu mente estaba hablando; ayer también, mañana también va a pasar lo mismo. Ni cuando estés ocupada, que tú digas: “Tengo tantas cosas que hacer que no tengo cabeza para nada”, ni siquiera ahí se detiene tu mente, ni hasta cuando estás orando.
La mayoría de las mujeres llevan toda su vida haciendo eso en su propia contra y no lo saben, declarando fe el domingo en el momento de la oración, en la iglesia, cuando recibo la palabra, porque bendito Dios, yo espero que tú vayas a la iglesia todos los domingos, pero están orando derrota todo el resto de la semana.
Al final de este episodio vas a saber qué significa realmente que tú oras sin cesar, porque eso no es una condena para tu vida; esto es una de las revelaciones más fundamentales que tú puedes recibir de toda la escritura. También vas a tener tres preguntas concretas que te van a mostrar que tú has estado orando en tu mente esta semana, sin que tú lo sepas y sin que lo hayas decidido.
Este episodio, mi deseo es uno de los episodios que más trabajo me ha dado escribir; este episodio, mi objetivo es poder ajustar algo en cómo tú escuchas tu propia mente y, cuando tú lo puedas entender, no vas a poder escucharte de la misma manera como te has escuchado a ti misma hasta ahora.
¿Sabes tú cómo escuchas tu propia mente y cuándo tú lo puedes entender? ¿Te has preguntado cómo puedes orar constantemente? ¿Eres tú de esas mujeres que ora sin saber que está orando? ¿Me creerías si te dijera que un pensamiento que aparece no es una verdad sobre ti, es información en movimiento? ¿Sabías tú lo que tu mente está pidiendo en oración?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Ya tú oras sin cesar; lo que pasa es que no te diste cuenta y eso es lo que te quiero explicar, y te lo quiero explicar con una palabra rara, la palabrita “dialecto”. Cuando entiendes lo que realmente significa, vas a entender por qué llevas años orando cosas que nunca quisiste orar y que no sabías que estabas orando.
1 Tesalonicenses 5:17 “Orad sin cesar”. La pregunta que casi nadie se atreve a hacer es: ¿Cómo puedo yo orar constantemente? ¿Cómo puede una mujer que tiene hijos, esposo, trabajo, estar todo el tiempo en oración? Estoy segura de que en algún momento dijiste: “Este verso no me hace sentir bien”.
Esa pregunta lleva siglos sin responderse bien. Bueno, yo quiero responderla aquí en este episodio; la razón es porque nadie ha explicado qué quiso decir Pablo en ese verso.
La palabra que traducimos sin cesar en el griego original, adivina qué palabra es; a dialecto, y esto es lo que le da contexto a ese verso. Esa palabra no era vocabulario religioso, esa palabra era vocabulario médico. No digas: “Ay, Pastora, me estás confundiendo más”. NO, los textos médicos griegos los utilizaban para describir una tos, esa tos que tú quieres que pare cuando toses y toses; ese término era el que utilizaban los griegos.
Esto no requiere de tu decisión para el tema, no eres tú diciendo: “Voy a toser sin parar”, NO, simplemente no se detiene. Eso es a dialectos. Cuando Pablo usa esa palabra para hablar de la oración, no está describiendo arrodillarse, hablar con Dios; está describiendo algo que ya opera de ti de manera continua e ininterrumpida, está describiendo lo que sucede en tu mente porque nuestra mente nunca para, siempre está grabando, comparando, siempre está recordando, anticipando, concluye cosas sin que tú lo sepas, sin que tú lo ordenes o decidas e incluso cuando duermes, tu mente sigue procesando. Eso es a dilecto.
Pablo era fariseo, forjado en tradición judía; sabía algo que nosotros perdimos en la traducción. El pensamiento hebreo integraba el pensar y el orar de una forma que nosotros en el día de hoy no lo hemos hecho porque lo creemos separado; creemos que el pensamiento es una cosa y la oración es otra cosa, y los pensamientos de Pablo, pensamiento y oración, estaban juntos, estaban intercalados.
La pregunta no es si tú oras sin cesar; si lo haces, la pregunta es si tu mente está orando lo que tú quieres orar, porque tu mente no tiene un modo de silencio; tú no puedes activar un botón y apagarlo como puedes apagar una alarma o un aire acondicionado, como puedes apagar una luz. La pregunta real es: ¿con qué contenido está orando tu mente todo el día?
Porque si la orientación continua del pensamiento es oración, entonces lo que tu mente repite sobre tu matrimonio, sobre tu posibilidad, sobre tu futuro, todo eso es oración activa y todo eso está produciendo algo.
Proverbios 18:21: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos”. El versículo no dice en lo que sale de la boca; estamos confundidos cuando leemos lengua y pensamos en lo que hablamos, dice la lengua, y la lengua también opera cuando nadie te escucha.
Lo que te dices por dentro, lo que declaras en voz alta, produce en ti el mismo principio; lo que se repite en forma sostenida con emoción convierte en dirección tu vida, y la mayor parte de lo que tu lengua declara todos los días nadie lo oye, ni tú lo notas, simplemente sucede aquí adentro.
Aquí es donde viene la fractura que queremos corregir a través de este episodio: una mujer puede pararse el domingo en la iglesia y declarar: “Yo soy más que vencedora en Cristo Jesús”. Eso es bíblico, eso es verdad, y esa mujer puede pasar el lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado procesando: “Esto nunca va a cambiar, siempre termino en el mismo lugar, no tengo lo que necesito”.
Las dos oraciones coexisten en la vida y tú, como persona, tienes un sistema nervioso que no sabe nada de teología, que va a responder a la que más se repite, no a la oración más correcta; va a responder a la más frecuente porque la más frecuente va a ganar. Yo no te digo esto para culparte, te lo digo porque llevas años construyendo algo sin saber que lo estabas construyendo.
En la escritura hay una historia que te muestra exactamente lo que pasa cuando este mecanismo opera sin supervisión y cuesta 40 años descubrirlo. ¿A qué me refiero? A esa oración que destruyó a una generación.
Cuando tú lees Números 13, doce hombres entran a Canaán, la tierra que Dios había prometido a Israel. Los 12 ven exactamente lo mismo, ven la misma tierra fértil, las mismas ciudades, ven los mismos pueblos poderosos, pero lo que cada grupo procesó internamente frente a esa misma realidad fue radicalmente distinto, y usted conoce la historia.
Josué y Caleb procesaron: “Dios nos la prometió, podemos tomar esa tierra”, pero los otros diez procesaron: “Los habitantes ahí son gigantes, nosotros somos pequeños, esto no puede salir bien”. Dos grupos, la misma información, dos oraciones totalmente distintas castigándose al mismo tiempo.
Aquí está el detalle que hace totalmente la diferencia: Números 13:33 “Éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos”. Detente por un momento, dice; a nuestro parecer, no dijeron que los gigantes los vieron pequeños, dijeron que ellos mismos se percibían así mismos.
La narrativa de fracaso no nació en el campo del enemigo, nació dentro de su propia mente; lo que empezó como un pensamiento interno, “somos pequeños, no podemos”, se repitió con suficiente emoción como para convertirse en la declaración pública de aquel tiempo, y esa declaración se extendió a todo aquel pueblo, a todo Israel, tanto así que todo Israel lloró toda esa noche creyéndose que se iban a morir.
Un monólogo interno no gobernado se convirtió en el destino de una nación y la respuesta de Dios Número 14:28 es la que necesito que hoy leas con ojos nuevos; Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros.
Eso no fue un castigo arbitrario de un Dios que estaba enojado, eso fue un principio espiritual cooperando con precisión. Ellos habían estado orando, su mente llevaba días, quizás semanas, procesando una narrativa de fracaso y cuando esa narrativa se declaró en voz alta con toda la emoción acumulada, Dios simplemente nombró lo que ya estaba en movimiento, no dijo según habéis pecado, no dijo “según habéis desobedecido”; el contenido de su adicción sin cesar se convirtió en la arquitectura de los próximos 40 años de su vida.
Dios no castigó a los espías, Dios nombró lo que ya estaba en movimiento, porque lo que una mujer lleva semanas en silencio, esto nunca va a cambiar, siempre es lo mismo, siempre termino igual. Dios no interrumpe su libre albedrío mental, Dios lo respeta y, según has hablado por dentro, así se está organizando lo que viene para tu vida.
Trae esto a tu semana, no a la semana de los espías, tráelo a la tuya. ¿Qué narrativa lleva repitiendo tu mente sobre tu matrimonio, qué has logrado de manera sostenida sobre tus hijos, tus finanzas, sobre tu trabajo, sobre si Dios va a mover una situación que llevas esperando que cambie?
Esas narrativas no son pensamientos inofensivos que aparecen y desaparecen, esas narrativas no son la presión del momento, esas narrativas son tus oraciones sin cesar y operan bajo el mismo principio que operó el Número 14; según has hablado, por dentro se está organizando lo que viene para ti.
El desierto de esos 10 espías no empezó cuando pusieron esos pies en la arena, empezó el día que su mente decidió qué narrativa iba a sostener frente a la misma realidad que Josué y Caleb vieron y procesaron de manera completamente distinta y, si eso es cierto, si lo que tu mente procesa sin parar es lo que está construyendo tu vida, entonces viene la pregunta que es inevitable: ¿Cómo gobiernas algo que nunca paras? Cómo se gobierna tu mente.
Aquí lo que te quiero enseñar se vuelve práctico, porque hasta aquí tienes revelación; la revelación es valiosa, pero sin herramienta se queda en un sentimiento fuerte que se evapora antes de que hagas tu próxima comida.
La pregunta es: ¿si tu mente ora sin cesar, si ese mecanismo opera incluso cuando no estás prestando atención? ¿Cómo intervienes en algo que no para? 2 Corintios 10:5 “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. Todo el mundo conoce esa frase, pero Pablo usa el verbo griego; no significa lo que la mayoría imagina, no significa suprimir, no significa ignorar, ni vaciar la mente. Eso significa vocabulario militar; era la palabra que se usaba para describir el acto de capturar a un soldado enemigo en el campo de batalla, detenerlo, desarmarlo y decidir qué hacer con él.
Cuando Pablo dice: “Lleva cautivo todo pensamiento”, no está pidiendo que finjas; el pensamiento difícil no existe. Te está describiendo un acto de gobierno sobre lo que ya está corriendo de todas maneras. La diferencia de una mujer que ora sin cesar a su favor y una que ora sin cesar en su contra no es que una tiene pensamientos difíciles y la otra no, es que una aprendió a capturar antes de que se instale como residente permanente en su mente.
Un pensamiento que aparece no es una verdad sobre ti, es información en movimiento y tú tienes autoridad para decidir si cruza la frontera de la verdad o no; esa autoridad empieza con ver, porque no puedes capturar lo que no has identificado. Si algo de esto está sonando demasiado, quiero que escuches esto con claridad porque aquí es que va la cosa: no eres la única que llegó a este episodio descubriendo que lleva años orando cosas que nunca quiso orar, y eso que acabas de ver, ese reconocimiento ya es el primer acto de gobierno sobre tu mente; por eso te pido que hagas algo esta semana, no como un ejercicio académico, sino como un trabajo real.
Tres preguntas; contéstalas con honestidad brutal.
1. ¿Qué te dices a ti misma cuando cometes un error? No lo que dices en voz alta, lo que procesa tu mente en los primeros 30 segundos; esa respuesta revela al juez que tienes activo por dentro en tu vida y ese juez está orando sobre ti cada vez que te equivocas.
2. ¿Cómo describes tu situación cuando nadie te está escuchando? No es grupo de oración, no es la conversación con tu mentora, no en el grupo donde estamos leyendo la Biblia, en el carro, en la ducha, en el silencio antes de acostarte a dormir; esa descripción revela el nivel de fe con que operas de lunes a sábado, no la del domingo; esa es la fe que opera cuando no estás en la iglesia, cuando no estás bajo el poder de Dios, cuando estás en tu entorno natural.
3. ¿Cuál es la frase que tu mente repite con más frecuencia sobre tu futuro? Esa frase es la dirección que ya le has dado a tu vida con tu oración sin cesar, sin haberlo decidido conscientemente, sin saber lo que estabas haciendo.
Yo no te pido que te condenes por lo que encuentres con estas preguntas; yo te pido que lo veas, porque una vez lo ves, puedes capturarlo y, una vez que lo capturas, tienes autoridad para reemplazarlo conscientemente con frases bíblicas específicas con tu identidad que pueden repetirse con la misma frecuencia con la que antes se repetía la narrativa de fracaso. Eso es lo que Pablo llama renovación del entendimiento.
Esto es un evento, es un proceso diario, es el mismo proceso que convierte a una mujer que oraba de rota, que una mujer que ora victoria, que ora destino, capturar, el verbo capturar, identificar el pensamiento, ponerlo bajo autoridad y decidir tú qué vas a hacer con él.
Empezaste este episodio con una pregunta: “¿SABES LO QUE TU MENTE ESTÁ PIDIENDO?”. Ahora tienes la respuesta, y es mucho más importante probablemente de lo que tú esperabas. Lo que pensabas que era tu personalidad, ese tono que tu mente usa contigo todos los días, no es tu personalidad; es un hábito, y los hábitos se reemplazan.
Lo que procesas de lunes a sábado en el carro, en la cocina, en el silencio antes de dormir, eso es tu vida espiritual real, no lo que declaras en voz alta el domingo en la iglesia, y el sistema nervioso de ninguna mujer sabe distinguir entre una oración y un pensamiento repetido; los dos producen.
Antes de que termines este día, haz una sola cosa: siéntate en silencio 5 minutos, escúchate, no para juzgarte, sino para identificar qué narrativa ha estado circulando en tu mente esta semana. Esa narrativa es el contenido real de tu oración sin cesar y, una vez que lo ves, tienes autoridad para decidir si vas a capturarlo o si va a seguir circulando sin ser reemplazado.
Antes de salirte de aquí, de este video, hazme un favor real; escribe una sola palabra en los comentarios, quiero que escribas la palabra “. Eso me va a decir a mí que tú entendiste este mensaje, eso me va a decir a mí que hay pensamientos que tú has llamado a obediencia.
Escribe aquí en los comentarios “capture”, quiero ver cientos de comentarios con esta palabra aquí. Esa palabra me dice que este episodio te hizo ver algo que venías orando sin darte cuenta. Si además tienes el valor de escribir la frase exacta que tu mente ha estado repitiendo esta semana, hazlo debajo de esa palabra “. No te pido explicaciones, no te pido contexto, solo una frase, porque esa frase escrita por ti puede ser el espejo que otra mujer leyendo necesita reconocerse.
Comparte este episodio; estoy segura de que una mujer de tu contacto declara en voz alta y que en su voz interna privada se dice algo completamente diferente. Este mensaje puede cambiar su vida.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.