Hay una historia que todos conocemos, la hemos escuchado, la hemos visto desde niña, la hemos visto en las obras de teatro, la hemos escuchado en canciones y la hemos leído en la Biblia más veces de las que podemos contar. Me refiero a la historia de la cruz, la historia de la Semana Santa, y precisamente porque la conocemos tanto, hay algo en ella que no dejamos de ver, no porque no sea importante, sino porque cuando algo se vuelve familiar, la mente deja de hacerle preguntas, lo clasifica, lo archiva y la gente sigue con sus cosas y no le presta atención.
Juan 12:24 contiene una declaración que Jesús pronunció días antes de entrar a Jerusalén, sabiendo exactamente lo que le esperaba. Jesús hizo una descripción preciosa de la ley espiritual más poderosa del universo. La mayoría de las personas que conocen esta historia, incluyendo personas que llevan décadas en la fe, sí, algunas de ustedes que me ven todas las semanas están incluidas en ese grupo.
Hay muchas personas que no se detienen a procesar esta historia en toda su dimensión, me refiero a todo lo que Jesús dijo ese día: De cierto, de cierto os digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Y ahí donde tú estás quiero que digas mucho fruto, Juan 12:24.
Jesús no describió lo que estaba a punto de vivir como una derrota que el padre luego iba a revertir; eso no fue lo que pasó en la cruz. Lo describió como una siembra, y esa diferencia entre derrota y siembra abre una dimensión de esta historia que yo sé que muchas de ustedes no habían visto, porque una cosa es que seas derrotada, perder, terminar, acabar, y una semilla que caiga en tierra oscura no está terminando, está comenzando.
Comenzando el proceso de multiplicación más extraordinario que existe, y si has entendido la cruz principalmente como el momento donde Cristo fue vencido y luego rescatado milagrosamente por el padre, tienes esa parte de la historia lamentablemente incorrecta, pero hay una capa de esta verdad que, una vez que tú la ves, no puedes dejar de verla y tiene consecuencias directas en la manera en que entiendes que está ocurriendo en tu vida hoy.
Hoy quiero mostrarte tres cosas con claridad.
1. Por qué la cruz fue la siembra más estratégica de toda la historia y qué ley espiritual estaba operando en ese día.
2. Qué hace que una semilla active el movimiento del cielo y por qué no tiene absolutamente nada que ver con la cantidad de esa semilla.
3. Por qué esta semana específica no es igual que otras semanas del año para sembrar con fe.
Lo que diré hoy no es una motivación de Semana Santa, es una teología que te la voy a mostrar verso por verso y que funciona; este es el episodio 305 de Mujer Podcasts: LA SEMILLA MÁS CARA DE LA HISTORIA.
¿Te has preguntado por qué Dios no se mueve por la cantidad de tu ofrenda, se mueve por lo que esa ofrenda representa para ti? ¿Eres tú de esas mujeres que se pregunta cuánto doy hoy? ¿Me creerías si te dijera que Cristo no fue derrotado en la cruz, Cristo fue sembrado en ella? ¿Sabías tú que la cruz fue la siembra más estratégica de toda la historia y qué ley espiritual estaba operando en ese día? ¿Sabes tú, como mujer, qué es lo más difícil que has tenido que soltar?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas, en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Ya yo te dije que Cristo no murió, que Cristo fue sembrado. Quiero que hagas algo por un momento, quiero que tomes a Juan 12:24 y lo leas como si fuera la primera vez que lo escucharas. Ya yo te lo leí, pero también lo puedes leer: “De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”.
Jesús dijo estas palabras en público, frente a una multitud, en la última semana antes de su arresto, y lo que eligió decir no fue “Voy a morir, pero Dios me va a levantar”; eso no fue lo que dijo. Lo que él describió fue “Voy a ser sembrado y lo que salga de esa siembra va a ser exponencialmente más de lo que entra”, y eso no es lo mismo.
Cuando algo muere, se acaba; cuando algo se siembra, comienza. Los discípulos vieron una crucifixión, Pedro vio una derrota, María lloró por el fin de algo, pero el padre estaba viendo algo completamente distinto; estaba mirando una semilla preciosa que caía en tierra y que sabía exactamente lo que iba a brotar de ahí tres días más tarde.
Cristo no fue derrotado en la cruz; Cristo fue sembrado en ella, y eso no lo digo como poética, esa es una ley espiritual, la ley espiritual más poderosa del universo, operando en una escala que jamás había operado.
¿Qué significa esto para ti? Significa que hay cosas en tu vida que has estado interpretando como una derrota cuando en realidad son una siembra, y hay personas que dicen: “Esa puerta se cerró, es temporada de silencio”. Ese proceso que se está tomando más de lo que tú esperabas es una siembra. La pregunta que más importa no es “¿Por qué me pasó esto, Pastora?”. Esa no es la pregunta más importante; la pregunta más importante es: ¿estoy mirando esto como una muerte o como una siembra?
Porque el evento, desde el mismo día, los discípulos vieron derrota y el padre vio cosecha. El mapa que miras, lo que te ocurre es lo que va a determinar lo que va a salir de ahí. Ahora, Dios no se mueve por cantidades; Dios se mueve por cuánto cuesta. Son dos cosas totalmente diferentes.
Marcos 12, ¿ves esa escena donde Jesús observó con atención lo que más nadie le prestó atención ese día? Él estaba sentado frente al arca de las ofrendas en el templo; había gente rica, gentes religiosas, gente de posiciones visibles; todos estaban depositando cantidades ahí de dinero que cuando caía sonaba, y Jesús estaba observando, y luego llegó una mujer viuda con dos monedas, la contribución, la contribución más pequeña en cantidad aquel día, pero cuando lees Marcos 12:43-44: “Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento”.
Jesús no estaba contando dinero; Jesús estaba midiendo otra cosa totalmente diferente, estaba midiendo el costo personal de cada semilla. Fíjate sobre lo que Jesús no dijo: no dijo que los ricos dieron poco; Jesús dijo que dieron de lo que les sobraba. Esa diferencia lo es todo, porque lo que no te cuesta nada no activa nada.
Dios no se mueve por la cantidad de tu ofrenda, se mueve por lo que esa ofrenda representa para ti. La viuda dio dos monedas y detuvo a Jesús en seco, porque lo que dio era todo lo que tenía y ese es el lenguaje del reino, lo que pesa más que cualquier cosa. Hay un segundo que complementa esto y me parece más radical; cuando vas a:
1 Reyes 17: Elías llega a Sarepta durante una hambruna severa; no hay lluvia, no hay provisión, y le pide a una viuda que le prepare algo de comer, y eso no era una petición ordinaria. 1 Reyes 17:12 “Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos y nos dejemos morir”.
¡Te das cuenta! Era la última comida de hoy. El Profeta le dice: “Mira, dame eso que era lo último que tenías”, lo más precioso que le quedaba. Ella lo suelta, lo da primero antes que para ella y para su propio hijo. Lo que pasa a continuación queda registrado en 1 Reyes 15.16: “Entonces ella fue e hizo lo que dijo Elías y comió ella y su hijo y su casa muchos días, y la harina de la tinaja no escaseó ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra de Jehová que había dicho a Elías”.
La harina no escoció, el aceite no menguó, no porque diera mucho, sino porque dio lo más precioso que tenía en el peor momento de su vida. Dios se mueve por lo que es precioso para ti; hay una ley aquí que no cambia con el tiempo: el valor que Dios le asigna a tu semilla está directamente relacionado con el valor que tú le asignas a lo que tú estás soltando.
Mientras tú te hagas la pregunta: ¿Cuánto yo doy hoy? Vas a estar operando en el nivel equivocado; la pregunta correcta es: ¿qué es lo más precioso en mis manos ahora mismo? y qué estoy dispuesto a soltar por fe.
Lo tercero de que quiero hablarte hoy es que tú eras el gozo que estaba esperando de parte de él. Hebreos 12:2 “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.
Esa frase que no puede pasar por ahí justo es esta: “Por el gozo puesto delante de él, Jesús fue al Calvario no en estado de euforia espiritual Mateo 26:37-38. En estos días de esta escritura, comenzó a entristecerse de gran manera y dijo: “Mi alma está muy triste y está triste hasta la muerte”. Sudó como gotas de sangre, pidió que si era posible pasaran de esa copa y eso no fue fácil, pero fue lo que lo sostuvo a través del dolor de esa siembra: fue que podía ver la cosecha, podía ver el gozo que estaba del otro lado. ¿Y cuál era ese gozo? Ese gozo eres tú.
Tú no fuiste el motivo de su sufrimiento; tú fuiste el gozo que le permitió atravesarlo. Hay una diferencia enorme entre ser la razón del dolor de alguien y ser la razón de gozo. Cuando Jesús entró a Getsemaní, ya estaba viendo del otro lado la cruz, no como una carga, sino como una cosecha, y eso no es teología abstracta; ese es el valor que el cielo te asignó antes de que tú supieras que existía una mujer que entiende eso. No camina igual.
Esto no es un pensamiento para publicar en redes, es una verdad que reorganiza el mapa con el que una mujer se ve a sí misma y opera, porque hay mujeres que cargan en silencio la narrativa de que son demasiado o no son suficientes o que ocupan más espacio del que se merecen, y esa narrativa afecta las decisiones que toman, las relaciones que permiten, el nivel del cual se posicionan en la vida.
El precio más alto se pagó con gozo y se pagó por ti; entonces el cielo determinó lo que tú vales y fue una cantidad inmensa, y hay momentos en la vida que no se vuelven a repetir. Eclesiastés 3:1 “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. El tiempo en la Biblia opera en dos dimensiones en el griego del Nuevo Testamento y se distingue con precisión; la primera palabra es cronos, es el tiempo real, el que avanza, el calendario, la agenda, pero hay otro diferente, que es kairos, y ese es el que tiene que ver con momentos, con oportunidad, con ventana, ese instante específico en que una acción tiene un peso que no tendría en ningún otro momento.
Semana Santa es un kairos, no porque el calendario religioso lo interprete así, sino porque en esta semana la atracción de millones de personas en el mundo entero está concentrada sobre el evento espiritual más significativo de la historia y donde hay concentración colectiva de fe y apertura espiritual, el terreno tiene una receptividad diferente.
El agricultor lo entiende: hay una ventana para plantar; si se pasa, la semilla puede ser buena, pero la cosecha no será todo lo que pudo haber sido. Hay semilla que pertenece a un tiempo en específico. Para nosotros, esta semana en específico, Semana Santa, tiene un gran significado, no porque el momento cambie la semilla, sino porque el tesoro espiritual en esta temporada tiene una respectividad que no existe en otro momento del año.
Semana Santa es esa ventana; el agricultor sabe cuándo plantar. Sembrar fuera del Kairo es sembrar fuera de la condición óptima para la cosecha; esta semana sí importa y lo que tú hagas esta semana importa también.
Marcos 14:3 presenta a una mujer que entendió esto más que todos los que estaban presentes.
Marcos 14:3 “Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza”. El perfume valía más que el salario de casi un año de trabajo de aquel tiempo; algunos teólogos sugieren que era un perfume que alguna mujer guardaba para el día de su boda, que lo cogió ahí y lo quebró, sin posibilidad de recuperarlo.
Jesús respondió en Marcos 14:9 “De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella”. Su nombre no aparece en el relato, nadie sabe cómo se llama, pero su acto se predica dos mil años después.
Ella quebró el frasco, no tenía plan B, su historia se cuenta dos mil años después y eso es lo que hace una semilla preciosa sembrada en la temporada correcta: transciende el tiempo. Abrahán también lo ha entendido cuando sube al monte Moriah con Isaac; no está llevando cualquier semilla, está cargando lo más precioso que él tenía.
Génesis 22:16-17 “Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar”. Cuando Dios vio una semilla hermosa sembrada en el momento correcto, no responde con silencio; Dios responde.
El Salmo 125:5-6 “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”. No dice que los que sembraron fácilmente; dice de los que sembraron de lo que les sobraba, de los que sembraron con lágrimas. El llanto al momento de soltar algo precioso no es señal de que te equivocaste; puede ser la señal más clara de que tu semilla tiene exactamente el peso que el cielo le está dando.
Esta Semana Santa te invito a hacer algo concreto: dile a Dios que te muestre qué es lo más precioso que tienes en tus manos hoy. No es lo que más te conviene soltar, sino lo que más te cuesta, y siémbralo con los ojos puestos en la cosecha, no en el dolor del momento, exactamente como Cristo fue al Calvario con el gozo puesto delante de él.
Si tú quieres profundizar en esta revelación, el pastor Otoniel escribió un libro que se llama La preciosa semilla; está disponible en nuestra www, totalmente gratis durante toda esta semana. Antes de que tú te vayas, yo quiero que me dejes una respuesta en los comentarios: ¿qué es lo más difícil que has tenido que soltar?
Este comentario no solo es para conocerte, sino para que me ayudes a llegar a una mayor cantidad de personas y miles de mujeres que necesitan escuchar lo que yo acabo de compartir hoy y tú me puedes ayudar a llegar a ellas. Comparte este episodio con alguien que esté atravesando una temporada de algo precioso y dile que hay una gran diferencia entre morir y ser sembrado y que cambia todas las cosas que necesita ser sembrada.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.