Episodio 299 y lo que acabo de decir no lo puedo creer: 299 episodios de Mujer Podcasts ininterrumpidos. La semana que viene tengo el episodio 300; estará muy especial para ustedes, así que estén pendientes el próximo lunes.
Hay una etapa en la vida que no se siente como un fracaso, pero tampoco se siente como una victoria. No es el inicio, donde estamos emocionadas; igual no es el final, donde vemos ese rayito de luz al final del túnel y tenemos cosas para celebrar. Me refiero a ese punto medio, ese lugar silencioso donde ya has dado mucho y has hecho un montón, donde ya tú hiciste cambios reales, donde has sido fiel, pero aún no has visto el fruto de tu trabajo.
Es aquí donde muchas mujeres se rinden y no es que no tengan fe, no es que no le crean a Dios, no es que no amen a Dios, no es que no tengan el carácter para sostenerse; se rinden porque se cansan, y se cansan en el punto donde la fidelidad todavía no se ve recompensada, donde no llega eso que tanto hemos esperado, eso por lo que hemos orado tanto. Es ahí donde el cansancio se mira medio confuso, porque no es el cansancio de empezar algo nuevo, ni es el cansancio feliz de terminar algo importante; es como otro tipo de cansancio.
El cansancio del que te voy a hablar hoy es otro tipo de fatiga; es el de seguir haciendo lo correcto, pero no hay aplausos, no hay resultados visibles, y la emoción con que no se renueva es como si estuviera dando la vuelta en un lugar donde tú no llegas a ningún lado. Esto es importante; ese cansancio no significa que tú estés fuera de la voluntad de Dios; muchas veces significa exactamente todo lo contrario.
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En este episodio yo no vengo a empujarte a que tú hagas más cosas; yo sé que muchas de ustedes me sienten como una motivadora. Hoy específicamente no estoy aquí para motivarte, no estoy aquí para acelerarte; hoy no vengo a decirte que si te esfuerzas un poco más, serás una campeona y que todo va a cambiar en el día de mañana.
Hoy en realidad quiero ayudarte a identificar la etapa exacta donde muchas mujeres abandonan, donde muchas mujeres se bajan del barco, donde muchas mujeres enganchan los guantes, sabes para que no tomes decisiones permanentes basadas en una fatiga temporal, hay decisiones que n o se toman en rebeldía, sino que se toman en cansancio y hay abandonos que no nacen de la incredulidad, sino que nacen de un desgaste emociona, de un desgaste físico, ese desgaste silencioso que a veces no sabemos cómo expresar con palabras.
Hoy vas a entender por qué esta etapa específica de la que te voy a hablar pesa tanto, vas a entender qué mentira suele aparecer justo en ese momento, te voy a enseñar cómo atravesar ese tiempo con sabiduría sin rendirte antes de esperar ese fruto que tú estás esperando. Hoy te voy a afirmar, hoy te voy a empujar, te voy a enseñar a permanecer.
¿Te has preguntado por qué el cansancio nubla nuestra percepción cuando estás cansada? ¿Sabías tú que muchas mujeres se rinden y no es que no tengan fe, se rinden porque se cansan? ¿Me creerías si te dijera que el cansancio nubla nuestra percepción? ¿Te has preguntado por qué el enemigo quiere que te canses lo suficiente para que sueltes lo que estás construyendo? ¿Sabías tú que no todo cansancio es señal de que tenemos que salir, algunos cansancios son señal de que hemos permanecido correctamente?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas preguntas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas, en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Definitivamente hay un cansancio que aparece en nuestra vida cuando hacemos lago mal, ese cansancio suele venir acompañado de culpa, de desorden y de consecuencias claras de haber tomado decisiones erradas, pero hay otro cansancio que yo lo considero mucho más peligroso, pero se siente parecido, pero no es parecido en lo absoluto me refiero al cansancio de hacer el bien, porque por mucho tiempo no ignora ese cansancio.
Gálatas 6:9 “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. Este texto no le habla a las personas rebeldes, les habla a las personas fieles, a personas que están cansadas de hacer lo correcto; les habla a las personas que están haciendo el bien, a esas mujeres que han sostenido decisiones difíciles, que tienen hábitos correctos, que son responsables en todas las áreas de su vida, aun cuando nadie las está celebrando y cuando no están recibiendo el resultado de lo que han estado sembrando.
El texto nunca corrige el hacer; el texto en realidad es un llamado a corregir el cansancio de hacer. Es el cansancio lo que quiere corregir Gálatas 6:9, eso significa que hay una forma de cansarse que no es pecado, ese desgaste por constancia, esa fatiga por ser fiel a Dios, por hacer lo que Dios me está pidiendo, y muchas mujeres que interpretan mal ese cansancio.
Sí hay momentos en la vida en que, haciendo lo correcto, nos vamos a cansar de hacer lo correcto porque nos está diciendo Gálatas 6:9. Hay mujeres que están creyendo que ese cansancio es señal de que tienen que salir de una reacción, que tienen que salir de un trabajo o que tienen que renunciar a algo, cuando en realidad ese cansancio, mientras estoy haciendo bien, estoy haciendo lo correcto, estoy haciendo lo que Dios me pidió, ese cansancio en realidad es una señal de que estoy permaneciendo.
El apóstol Pablo escribe esto a comunidades que estaban haciendo el bien, y estaban haciendo el bien en medio de presión, oposición, lentitud en los resultados, y no les dice “tranquilo, que el alivio va a venir de inmediato”; ojalá fuera esa la respuesta. La realidad es que les dice algo mucho más profundo, les dice que hay un tiempo correcto para segar y hay un tiempo correcto para cosechar, les dice que no te canses de hacer el bien, sigue haciéndolo porque va a llegar un tiempo en el que vas a recibir los resultados de ese trabajo, el esfuerzo y las decisiones de seguir la voz de Dios en esa área.
El problema es que el cansancio nubla nuestra percepción y cuando estas cansada tu empiezas a cuestionar cosas que, en sobriedad, en los momentos que no estas cansada jamás cuestionarías, empiezas a preguntarte, si vale el esfuerzo lo que estás haciendo, si te sirve de lago, si estas perdiendo el tiempo, cuantas de ustedes están haciendo lo correcto en su finanzas, en su matrimonio, en su servicio a Dios , con sus hijos, en su trabajo y a veces estas tan cansada que te dices; señor será que yo estaré perdiendo el tiempo y te preguntas eso por qué, porque no estás viendo resultado que tú quieres.
No todo cansancio es señal de que tenemos que salir, algunos cansancios son señal de que hemos permanecido correctamente, algunos cansancios son el producto de tu diligencia, de que has permanecido, que estás siguiendo la instrucción de Dios a pesar de que no estás viendo los resultados, y es ahí donde muchas mujeres se confunden. No te estoy hablando de la emoción del comienzo ni de la emoción del final, te estoy hablando de esa emoción del cansancio que sentimos en el punto medio, es allí donde aparecen mentiras silenciosas. Esas mentiras no gritan, esas mentiras no acusan, esas mentiras se instalan en nuestra mente como se instala un virus en una computadora sin que tú te des cuenta.
Te enseño cómo suenan; si no veo frutos, algo estoy haciendo mal. Esa mentira es devastadora porque toma una verdad parcial. ¿Cuál es la verdad parcial? Quizás no estás viendo los frutos, quizás no estás en ese momento donde no han llegado los resultados, y lo convierte en una conclusión falsa. ¿Cuál es la conclusión falsa? Que tienes que pagar y que tienes que apagar e irte.
Gálata 6:9, introduce una frase clave que muchas pasamos por alto; dice a su tiempo, a su tiempo segaremos, al tiempo de Dios, cuando Pablo dice a su tiempo no está hablando de rapidez, tampoco está hablando de demora arbitraria, está hablando de ese momento en que tú no puedes adelantar, aunque tengas prisa, aunque tu quisieras llegar al otro lado, el fruto no va a parecer cuando tú ya estas cansada, el fruto va a parecer cuando el proceso ya cumplió su función.
Esta es la parte bien difícil de este episodio, ¿por qué?, porque tú puedes estar haciendo todo bien y aún no ver los resultados inmediatos, y no es porque algo esté mal, sino porque todavía no es el momento de cosechar, de recoger.
El reino de Dios no responde a la urgencia emocional, el reino de Dios responde a la orden. Esto significa que el fruto no responde a tu ansiedad, ni a tus prisas, ni a tus emociones. Aquí es donde muchas mujeres se rinden y se rinden sin darse cuenta, no es que abandonan por incrédulas, sino por interpretación incorrecta del proceso: confunden lentitud con error, lentitud de que estoy haciendo las cosas, pero estoy cansada, yo no veo el resultado, es decir, que estoy haciendo algo mal. NO, confunden el silencio con un fracaso. El problema no es que haya fruto, el problema es que estás evaluando fuera de tiempo, no a su tiempo.
Esto no pasa solamente en la fe, pasa en los matrimonios, cuando ya tú hiciste cambios reales en tu carácter, pero la relación aún no refleja todo lo que has estado sembrando, pasa en la crianza cuando disciplinas a tus hijos con amor, pero mira, ya no ves ese carácter formado en ese muchacho y dices, ¿qué más yo tengo que hacer?; pasa en el trabajo cuando has sido íntegra, constante, cuando has sido excelente, pero el avance no llega al ritmo que tú quieres. Es ahí donde el enemigo a veces no solamente implanta un virus aquí y hace que te haga pensar que estás haciendo algo mal, puedes hasta empujar a una mujer al pecado simplemente por la frustración, por la falta de resultados.
Muchas veces también las empuja al abandono, porque saben que no tienen que destruir, el enemigo lo sabe, el solo tiene que cansarte lo suficiente para que sueltes lo que estas construyendo y lo que estás haciendo bien, la mayoría de las mujeres se rinden en medio de la monotonía, ustedes dirán Pastora Shakira me dijo eso primero, no importa yo quiero hablarte lo que Dios ha puesto en mi corazón, hay mujeres que se rinden cuando el esfuerzo ya no es nuevo, cuando la obediencia ya no emociona, cuando la constancia se vuelve rutina, cuando ya nadie aplaude, nada parece cambiar suficientemente rápido ese es el punto medio.
Todo esto duele porque es silencioso, o duele porque sea difícil, duele porque no escuchamos, no vemos, nuestros sentidos no están recibiendo la retroalimentación que estamos esperando. En ese punto no hay crisis visibles, pero hay desgaste interno, no hay grandes pecados, por sí pequeñas dudas, esas dudas repetidas aquí en nuestra cabeza y muchas mujeres en ese momento, en ese punto medio, toman decisiones equivocadas, no porque quieran revelarse, sino porque están cansadas de sostener lo correcto sin ver el bendito fruto que has estado esperando, sin ver ese fruto inmediato.
Lo que más construye tu vida casi nunca se siente emocional. Si solamente perseveras cuando hay emoción, no estás perseverando, estás reaccionando. La fidelidad madura no depende de estímulos constantes, depende de convicción, por eso es por lo que Pablo no te dice: “No te canses de empezar, de empezar con la emoción, la felicidad empieza cualquiera”. Dice: “No te canses de hacer el bien”, ¿por qué dice eso? “Porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.
El bien sostenido, hacerlo bien de manera sostenida en el tiempo, claro que cansa, si no entiendes esto, vas a interpretar mal esta etapa de todo proceso y es posible que abandones algo que quizás estaba en el momento de crear las raíces profundas. Ustedes lo que van a decir Pastora, yo lo que necesito es como una fuerza nueva, como un segundo aire”. Déjame decirte que no necesitas fuerzas nuevas para atravesar este proceso, no necesitas más motivación, no necesitas más emoción nueva, necesitas ajustar cómo evalúas cada etapa, específicamente esta etapa.
CLAVES PARA AJUSTAR CADA ETAPA DE TU VIDA.
1. Deja de evaluar por cómo te sientes y empieza a evaluar por fidelidad, si estás siendo fiel a lo que tienes que hacer, pregúntate menos: “Me siento con ganas de disciplinar a mis hijos, ir al trabajo, diezmar, servir en la iglesia, tratar bien a mi esposo” y comienza a preguntarte más: “¿Estoy siendo fiel a lo que me corresponde?” El cansancio nunca debe invalidar la obediencia.
2. Cambia la medida, no midas esta etapa por resultados finales, mídela por tu constancia diaria. A veces el avance no se nota por lo que aparece, sino en lo que ya no se rompe, y tu constancia, aunque tú no puedas saber el resultado final que tú estás esperando, créeme que hay cosas en el proceso; ya tú puedes ver que antes estaba rota, pero ya no está rota. Han comenzado a funcionar mejor y esa es una buena señal, esa es una buena medida.
3. No necesitas fuerzas nuevas, necesitas seguir usando la fuerza que ya tienes, la escritura no te llama a producir energía infinita, te llama a no desmayar. No es sentir cansancio, desmayar es soltar la fidelidad de Dios. Aquí es donde quiero que te quedes con esta verdad bien clara en tu corazón. Muchas mujeres no fracasan, muchas mujeres se rinden antes de ver su fruto, se rinden, se dan por vencidas, se bajan del barco.
Si hoy tú estás cansada, no es para decirte que ignores el cansancio, este episodio es para decirte que no tomes decisiones eternas desde una fatiga temporal. Si estás en el punto medio, no te rindas, si nadie te está aplaudiendo, no te rindas, si ya hiciste lo correcto por mucho tiempo y todavía no estás viendo el fruto, no te rindas, y no porque yo te lo diga, sino porque la escritura es clara: hay tiempo para llegar y ese tiempo no llega para los que abandonan el camino.
Hoy no te pido que corras más rápido; te pido permanecer corriendo, a permanecer firme, a seguir haciendo el bien, a no desmayar, a confiar no en tu emoción, y sí en la fidelidad de Dios. Si este episodio te habló, quiero leerte aquí en los comentarios, escríbeme la palabra SIGO. Quiero ver a cientos y cientos de ustedes escribiendo SIGO. Compártelo con alguna mujer que esté cansada, pero tú sabes que necesita agarrarse de la fidelidad de Dios.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.