Hay una escena que se repite en demasiados matrimonios, y estoy hablando de matrimonios cristianos, y casi nadie lo nombra con precisión como yo espero hacerlo el día de hoy. Una mujer ama a su esposo, es fiel, trabaja, ora, sostiene su casa, cuida a sus hijos y aun así vemos mujeres cristianas que se sienten frustradas, como si el matrimonio fuera una carga emocional que raras veces termina de darle a ella lo que ella necesita.
Lo más fuerte es que muchas veces esas mujeres no están peleando con su esposo, están peleando con una historia, como con un guion, como con una expectativa romántica que se disfrazó de espiritualidad. Ustedes me conocen aquí en Mujer Podcasts, que me gusta la honestidad; que en el episodio 298.°, siendo transparente con ustedes, tengo que decirles que, si hablamos con seriedad con esto, si somos honestas, a muchas mujeres les enseñaron a evaluar el amor como si fuera un termómetro o un fenómeno emocional.
Si sube, todo está bien; si baja, aquí hay algo que está mal. Si el corazón late rápido, si no sientes esas maripositas en el estómago, pues me equivoqué. Ese modelo parece inocente, pero es un veneno lento que está matando muchos matrimonios, porque convierte el matrimonio en una auditoría emocional interminable, donde tu esposo vive constantemente siendo examinado por algo que la Biblia jamás asignó.
Para ustedes, que están casadas; esas de ustedes que están a punto de casarse; esas de ustedes que tienen hijas casadas y que las escuchan esas decepciones de las emociones de que mi esposo no hace esto o no hace aquello. Hoy yo quiero desenmascarar cómo suena esa mentira cuando se viste de cristiana, para que tú dejes de tragártela sin darte cuenta. Escúchame bien, porque después, hoy aquí, más adelante, yo voy a entrar a Génesis 29:6 que muchas de ustedes han leído bien rápido, pero que expone el romanticismo como una distorsión peligrosa.
Sí estoy hablando de Jacob. No te voy a decir todo aquí, pero al final yo te voy a dar un modelo bien sencillo, como me gustan a mí las cosas, bien sencillo, para que tú puedas reemplazar esa fantasía por una construcción real, para que tu matrimonio esté basado en el respeto, el deseo, la conexión y un hogar que se siente más liviano y mucho menos dramático. Todo lo que voy a hablar aquí lo voy a hablar con amor, pero también lo voy a hablar con firmeza, porque si tú construyes tu matrimonio sobre esa emoción constante, vas a vivir cansada, aunque tengas un buen hombre a tu lado.
Como pastora por 31 años, desde 1998, creo contenido y espacios para mujeres. Lo he visto demasiadas veces: buenos hombres que están siendo juzgados por estas ideas de fantasías que ciertas mujeres se hacen y que la que tenga espiritualidad para querer obligar a sus esposos, que no son ni bíblicos. Quiero que sepas que ese no es el plan de Dios ni para ti ni para tu matrimonio. Este no es un episodio para endulzarte la realidad, ni para presentarte quizás una alternativa, para que puedas alimentar esas emociones de romanticismo que tú estás anhelando.
Este episodio va a ser bien claro, este episodio es para salvarte de años de desgaste silencioso por el que pasan muchas mujeres; hoy te quiero hablar de la mentira romántica que está destruyendo matrimonios cristianos.
¿Te has preguntado cuáles son las mentiras que están destruyendo el matrimonio? ¿Sabías tú la mentira del romanticismo, que se quiere maquillar de cristiano para que nosotros tengamos unas expectativas que no son reales en nuestros matrimonios? ¿Me creerías si te dijera que el amor bíblico no promete una emoción constante, promete dirección, sacrificio y fidelidad? ¿Te has preguntado por qué el matrimonio no se va a medir por adrenalina? Se mide por fidelidad, por carácter, por construcción. ¿Alguna vez cómo distinguir entre la voz de Dios y tu mundo emocional? ¿Sabías tú que el desencanto no es prueba de divorcio? ¿Muchas veces es prueba de crecimiento?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas preguntas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas, en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Hoy quiero hablar de la mentira del romanticismo, que se quiere maquillar de cristiano para que nosotros tengamos unas expectativas que no son reales en nuestros matrimonios. Cuando una mentira entra en nuestra vida, no entra gritándote: “¡Hola, soy la mentira, vengo a engañarte!”. Las mentiras siempre entran disfrazadas, pueden entrar sonriendo, pueden entrar con frases bonitas; yo solo quiero vivir un amor lindo.
El problema no es que no quieras un amor lindo; no hay nada de malo con eso. El problema es cuando lindo significa emocionalmente constante, siempre fácil, siempre espontáneo. A veces exigimos de nuestra pareja; eso es romanticismo emocional. Cuando esa expectativa se mezcla con lenguaje cristiano, se vuelve aún más peligrosa porque empieza a sonar como si fuera una medida de espiritualidad. ¿Y cómo opera esto?
Si él me amara como me ama Cristo, yo me sentiría amada todo el tiempo. Si nuestro matrimonio estuviera bien, yo no me sentiría de esta manera; si Dios estuviera en medio, yo tuviera mariposas en mi estómago. Esa es la trampa, convertir el sentir de ese juez de un pacto que hiciste en un altar delante de Dios y delante de los hombres y, cuando es el sentir, lo que siento, lo que manda en mi relación, tú terminas exigiendo de tu esposo una tarea imposible.
¿Sabes cuál es esa tarea? Regular tu mundo anterior como si fuera responsabilidad de él, eso no es amor bíblico, eso es dependencia emocional, quizás uno que otro versículo encima.
El amor bíblico no promete una emoción constante, promete dirección, sacrificio, fidelidad; eso sí, si en esa ruta hay ternura, hay romance sano, hay disfrute, hay complicidad, pero no es un parque de diversiones, es un taller, es una vida construida y cuando tú entiendes esto, te cambia el lente; el desencanto deja de sonar como “es que entre nosotros se murió el amor” y empieza a sonar más “yo necesito madurar mi modelo de amor”.
Quiero decirte algo que quizás te libere en el día de hoy: el desencanto no es prueba de divorcio, muchas veces es prueba de crecimiento, porque cuando tú sales de la fantasía, por fin puedes ver a ese hombre real, a la vida real y al Dios real obrando en lo cotidiano, en la vida de tu esposo, en tu matrimonio. Aquí viene algo bien importante: Dios no está esperando que tú sientas perfecto para que tú puedas obedecer bien el mandato de Dios sobre ti como esposa.
Dios te está formando como una mujer sabia, que sabe amar con gobierno propio, porque Génesis 29, el romanticismo, puede hacerte trabajar duro y luego de trabajar duro, te puede dejar en frustración.
Génesis 29:15-30 “Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por ser tú mi hermano, me servirás de balde? Dime cuál será tu salario. Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. Y los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer. Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel, tu hija menor. Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; quédate conmigo. Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba.
Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella. Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. Y sucedió que a la noche tomó a Lea, su hija, y se la trajo; y él se llegó a ella. Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada. Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. Cumple la semana de esta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros siete años. E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquella; y él le dio a Raquel su hija por mujer. Y dio Labán a Raquel, su hija, su sierva Bilha por criada. Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años”.
Sé que algunas veces algunos pastores se confunden y dicen que él sirvió 14 años antes de tener a Raquel y no, él sirvió 7 años; llegó el momento, se casa, lo engañan, le entregan a Lea y el padre le dice: “No podía darte la menor sin antes darte la mayor; tienes que estar con Lea una semana y en una semana te casas con Raquel; te entrego a Raquel y entonces trabajas 7 años más. Sí, trabajo los 14 años, pero no espero 14 años por ella.
Quiero darte un contexto rápido para entender esta historia sin este romanticismo moderno porque estoy segura de que has visto esta historia como una historia superromántica. En ese mundo de los tiempos bíblicos, los matrimonios eran un pacto familiar, había arreglos, negociaciones y el honor social pesaba muchísimo; no era el modelo ideal, pero era la realidad histórica de aquel momento y dentro de esa realidad el texto no decía ni engaños, ni desigualdad ni nada por el estilo.
¿Qué es lo que está haciendo este texto? Está mostrando cómo el corazón humano se desordena cuando idealiza. Jacob se enamoró perdidamente de Raquel; el texto no niega ese amor, no quiero restar ni un punto ni una coma a ese amor, pero incluso dice que le parecieron como pocos días esos 7 años porque él la amaba, y eso suena romántico hasta que te das cuenta del resultado.
La expectativa romántica a él lo cegó, porque Jacob no solo amó a Raquel, sino que también la idealizó, la convirtió en la promesa de su felicidad y, cuando tú conviertes a una persona en tu promesa de felicidad, tú la estás poniendo en un lugar que no le corresponde. En la pareja no podemos idealizar a esa persona, porque Jacob consiguió lo que quería y aun así la historia se llenó de conflicto, competencia, dolor y comparación.
Si sigues la historia, sabes lo que luego sucedió entre Lea, Raquel y Jacob; convirtió esa historia no en una historia de amor, sino en una historia de amor, conflicto, dolor, comparación, porque el dolor basado en idealización no produce paz, produce obsesión y produce frustración y, a la vez, Dios sigue obrando en esa familia; eso también es parte de la enseñanza.
Tu matrimonio puede haber comenzado con una expectativa torcida y aun así Dios puede redimir, ordenar, sanar, construir, claro que sí, le servimos a un Dios poderoso no porque la fantasía sea buena, sino porque Dios es Dios y él es fiel.
Jacob se indignó cuando encontró a Lea, pero el texto también te muestra una realidad acerca del corazón. Jacob reaccionó como reacciona el romántico cuando la vida real llega: “Esto no era lo que yo me imaginé, esto no era lo que yo quería”, y así hay muchas mujeres que dicen en el día de hoy, no porque tengan un esposo, al que le cambiaron al esposo, o porque se casaron con el monstruo que ellas piensan en su cabeza que están casadas, sino porque no tienen un tema bíblico de amor, tienen un modelo de película, tienen un modelo de las redes sociales, tienen el modelo de la química eterna: “Si me ama, él va a adivinar lo que yo estoy pensando; si Dios está aquí, todo va a fluir”.
El pacto no se mide por la adrenalina, se mide por la fidelidad, por el carácter, por la construcción, y por eso este episodio yo lo estoy publicando en la semana de los enamorados. Ustedes saben que yo ando así, bien real con estas conversaciones con ustedes, ¿por qué?, porque el matrimonio no se va a medir por adrenalina, se mide por fidelidad, por carácter, por construcción.
Por eso hoy quiero sacarte de ese guion romántico y meterte en la expectativa del diseño de Dios. Quiero definir lo que es amor bíblico sin ese sentimentalismo. El amor bíblico no es menos hermoso e incluso es mucho más fuerte, porque el amor bíblico, a diferencia de ese romanismo que muchas mujeres quieren vivir, el amor bíblico no se siente primero, se edifica primero.
1 Corintios 13:4-7 “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no se desvanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad; todo lo sufre. Todo lo espera, todo lo soporta, es benigno”. En términos simples, Benigno es activo en hacer el bien, no es pasivo; es “yo te trato con bondad práctica” y eso ya te desmonta la mentira romántica, porque el amor bíblico no se define por lo que tú sientes, sino por cómo tú decides actuar y tú decides construir.
Efesios 5:25: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella”. Eso no es hacerla sentir mariposa; eso es entregarte, responsabilidad, sacrificio, liderazgo con amor, no con ego. Esto no es para que uses el texto como un látigo; esto es para que tú entiendas qué es amor; no es una emoción que te secuestra, sino una decisión que ordena tu vida, tu matrimonio y la de tu familia.
Proverbios 24: “Con sabiduría se edificará la casa y con prudencia se afirmará y con conocimiento se llenará las cámaras de todo bien preciado y agradable”. La casa no se siente, la casa se edifica; se edifica con sabiduría, con prudencia y con conocimiento, no con emoción constante. El amor bíblico no promete emoción constante; el amor bíblico promete construcción constante y esa construcción produce algo más estable que sentir maripositas en el estómago: produce confianza, produce respeto, produce respeto, admiración, paz.
Muchas mujeres aman a sus esposos, pero están agotadas porque viven pidiendo que sea la fuente de bastante validación emocional en su vida: hazme sentir especial, hazme sentir deseada, hazme sentir escuchada, hazme sentir segura. Y si un esposo debe cultivar, debe aprender a cultivar, escuchar… Yo no le estoy quitando ninguna responsabilidad a los hombres, no me malinterprete.
Cuando tú conviertes tu necesidad emocional en el centro de tu matrimonio, el amor se vuelve una cárcel; él siempre va a estar fallando, tú siempre vas a estar decepcionada y el deseo se muere ahí, porque nadie desea al que siempre lo estás auditando, y si lo hiciste bien, si lo hiciste mal, yo esperaba esto, yo quería esto, yo pensé que esto es lo que ibas; yo te lo digo con mucho amor. Una mujer sabia no pone su alma en manos de un hombre para que él administre eso.
Una mujer sabia aprende a gobernarse, a ordenar sus expectativas, a trabajar con claridad, a cultivar su carácter, a construir un hogar con una visión de futuro, y es ahí donde verdaderamente puede florecer el romance sano, no con exigencia, sino con frutos.
Quiero darte un modelo simple para reemplazar esa fantasía con construcción; aquí tengo que hablar de las mujeres que verdaderamente quieran ser maduras con este tema, sí, porque la fantasía se puede reemplazar con un modelo de conexión real. Te voy a dar tres ajustes integrados para que eso no se quede en inspiración. No lo digo como una fórmula rápida, sino como dirección práctica que va a cambiar la dinámica del hogar cuando se aplica con consistencia.
TRES AJUSTES INTEGRADOS.
1. Lente: Deja de preguntarte cada semana “me siento enamorada” y empieza a preguntarte “¿qué yo estoy edificando?”, cuando tú cambias la pregunta, cambia tu enfoque, porque el romanísimo está mirando hacia adentro, “¿qué siento?”, el amor bíblico mira hacia delante, “¿qué construyo?”, y cuando una mujer se vuelve constructora, deja de vivir reaccionando y empieza a liderar en paz, así que el primer ajuste: ¿qué me estoy preguntando?, ¿estoy mirando para fuera o estoy mirando hacia dentro para lo que siento aquí?
2. Lenguaje: Deja de hablar desde la acusación emocional y aprende a hablar desde la petición clara. Hay una diferencia bien grande cuando tú le dices a tu esposo: “Tú nunca me abres la puerta, tú nunca piensas en mí, tú nunca me haces un regalo, tú nunca me preguntas nada”. Hay una diferencia bien grande entre ese “tú nunca” y “yo necesito”; hay una diferencia cuando tú dices “tú no me haces sentir tal cosa” a “yo quiero que construyamos esto”.
El romanísimo pelea por las sensaciones; el amor bíblico negocia con respeto y, en lugar de acusar a tu esposo de las cosas que él no hace, aprende a decirle: “Yo necesito esto, yo quiero que nuestro matrimonio sea de esta manera, a mí me gustaría que pudiéramos considerar, pudieras considerar hacer esto por mí”.
Tengo la bendición de que tanta gente me quiera tanto. Cuando ustedes han visto mis historias en Instagram, yo les enseño las orquídeas que tengo frente a mi casa; quiero que sepan que todas esas orquídeas me las han regalado gente de la iglesia que sabe que me gustan las orquídeas y los pegos de esas palmas que tengo ahí. Tengo tantas; a todas las amo.
en estos días un niño de la iglesia me trajo un ramo de flores y saque un florero y lo coloque en la casa y puse las flores que el niño me regalo yo las recibí con tanto amor y cariño y los otros días me toco botar las flores y voy a guardar el florero donde siempre lo tengo guardado y de repente digo porque no le digo a Otoniel que me regale flores siempre para que yo tenga unas flores aquí, mira lo que paso, limpio el florero y lo había puesto donde puse con las flores que el niño me regaló y le digo al pastor Otoniel yo tenía unas flores aquí que me había regalado un niño de la iglesia y voy a dejar el florero aquí porque yo quiero que tú me traigas flores a la casa, cuando tu veas flores tráemelas que siempre quiero tener unas flores aquí que tú me las regales así de sencillo eso es mejor que quejarme y decir que un niño si me regala flores que tu no me regalas.
Piensen, sean sinceras, es mejor ser transparente. Él, el día del cumpleaños de mi hija, en estos días, fue a almorzar; yo no pude ir porque estaba trabajando. A veces no puedo estar en todas las cosas; para nosotros está superbién, no hay problemas con eso. Y cuando regresaron por la tarde, él vino con unas flores para mí. Las nenas me contaron que pasaron en el centro comercial por un kiosko que está por el medio y ahí uno que tiene flores, y me dice una de las nenas que él estaba caminando y él paró en seco, caminó para atrás y dijo: “Le voy a comprar unas flores a tu mamá porque ahora ella quiere que yo le regale flores”. Y ahora lo tengo ahí en el jarrón.
Te hago esta historia porque el romanísimo pelea por sensaciones, pero el amor maduro, el amor que construye, negocia con respeto. Yo le pedía al pastor algo que quería y para mí fue algo bonito esas flores que me regaló ese niño y ahora quiero tener unas flores ahí, y si tengo un esposo, no sé por qué no le puedo decir: “Regálame unas florecitas que yo siempre pueda tener ahí” y le comparto este ejemplo ahí bien transparente.
A veces tú vas a tener que tragarte tu orgullo y hablar como una mujer madura y una mujer adulta y no digas: “Pastora, ¿no será mejor que a él le naciera regalarle las flores?”. Yo prefiero pedírselo y que lo haga y ya, tranquila, no pasa nada, no podemos esperar que ellos piensen por nosotras y no podemos comportarnos como una adolescente herida; somos mujeres maduras, somos mujeres grandes. Madurez es decir la verdad y decirlo sin drama, es pedir sin problema. Cuando él me trajo esas flores, yo me emocioné; quiero decir que para mí es importante. Gracias, amor bello, enseguida las puse ahí en el jorro vacío que estaba esperando esas florecitas.
3. Hábitos: Son los que sostienen el pacto. Te lo voy a decir bien, Profamilia, no quiero disfrazarlo. El hogar, la casa, no se arregla con conversaciones intensas y ya; las casas se arreglan, la familia, los matrimonios se arreglan con sistemas pequeños, con rutinas de atención, con momentos intencionales, con límites a las distracciones.
El pastor Otoniel cumplió 50 años el año pasado y yole regale una motora lo digo públicamente si me sigues en mi Instagram veras que los sábados siempre subo una historia de que con la motora del pastor Otoniel y tengo que decir que cuando el recibió su motora yo fui y se la compre, si te molesta porque hice esta compra así sin consultarte yo acepto mi responsabilidad si la quieres es tuya, sino la quieres la vendemos no pasa nada, esta todo bien yo no me voy a ofender porque aquí somos maduros él se puso al principio se puso un poco dudoso, pero después se puso la rutina que todos los sábados nosotros salimos, quizás no todos los sábado, peor por regla general los sábados nosotros salimos en la motora a dar unas vueltas, es nuestro tiempo, lo hacemos con buen ánimo, lo hacemos con orden nos ayuda un montón.
Estos días le contaba a un pastor, y él nos pregunta qué ustedes hacen cuando salen. Pastor, los cascos se conectan por Bluetooth; nosotros hablamos, la pasamos bien, fuimos por las montañas un día; uno respira, uno ve algo diferente, se disfruta solo con su pareja y esos hábitos que se construyen. Cuando el pastor Otoniel y yo no teníamos nada, nosotros una vez a la semana, cuando vivíamos en Orlando, íbamos a un cine y pagábamos 1,50 centavos por el boleto. Yo amo al cine y una vez a la semana sacábamos esos 3 pesitos para ir al cine. No tienes que tener una motora para salir.
Esos hábitos de pareja que ayudan, es que muchas veces esta es que yo no siento nada, es que no tenemos planes, planifiquen; no tiene que ver con desgaste ni con caos, tiene que ver con falta de estructura y no justifiquen que no se trabaje en el matrimonio, en que no se construyan hábitos, que construyan ese matrimonio; hay que asumir responsabilidad y lo que a cada uno nos corresponde.
Ahora quiero confrontarte con amor, pero en un nivel un poco más alto. No utilices espiritualidad para esconder tu inmadurez emocional; no quiero que nadie me escriba en los comentarios YO SOY ASÍ como una excusa para no crecer. No utilices “Dios conoce mi corazón” como un permiso para ser irrespetuosa con tu esposo y respetuosa con tu matrimonio.
Si tú eres una mujer de pacto, tú te disciplinas para amar correctamente a tu pareja. Quiero darte tres frases anclas para que se te queden integradas en tu cabeza, no como eslogan, sino como verdades.
FRASES ANCLA
1. Tu esposo no es una película y no es el protagonista de una película; tu esposo es tu pacto.
2. El amor bíblico no se muestra por mariposas y por emociones; se aprueba por el amor que construimos juntos.
3. Cuando dejes de idolatrarla, la emoción va a recuperar el respeto y el respeto siempre va a volver a encender la conexión.
Yo me avergüenzo de tantas mujeres que les faltan el respeto a sus esposos.
Quiero cerrar este episodio con una acción inmediata que no te va a tomar una semana, te va a tomar hoy y te va a tomar desde adentro; cuál es la esencia de este episodio: cabe en una frase. Cuando el amor se construye entre expectativas románticas falsas, el amor se vuelve una carga en lugar de un pacto para toda la vida.
Tú no fuiste llamada para cargar un matrimonio como si fuera una piedra emocional; tú fuiste llamada para edificar un hogar con tu pareja, con tu esposo, con sabiduría, firmeza y amor bíblico real. Terminando este episodio, quiero que hagas algo sencillo, sin drama: cambia la pregunta de cómo estás evaluando tu matrimonio, cómo estás evaluando a tu esposo.
Esta semana vas a estar bombardeada de todos los mensajes románticos y esa gente que pone cuanta cosa en las redes sociales; vas a decir: “¿Por qué yo no puedo tener esto?”. No quiero que eso pase contigo esta semana. Pregúntate: “¿Qué estoy construyendo?”. No te preguntes: “¿Qué estoy sintiendo?”; “¿Qué estoy construyendo?” son las frases que te van a sacar de ese torbellino y te van a poner en diseño, y cuando tú te colocas en ese modo diseño, trabajo y construcción, tu boca va a cambiar, tu actitud va a cambiar, tu enfoque va a cambiar y el ambiente de tu hogar va a empezar a responder.
Quiero leerte en los comentarios y me encantaría que me dijeras qué tú pensabas que es el amor y que después de este episodio te has dado cuenta de que no lo es. Si este episodio te bendijo, quiero que lo compartas con alguna mujer que tú sabes que ama a su esposo, pero que la has oído y sentido como media cansada de vivir su pacto y su matrimonio con emociones.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.