Desde un monte llamado Hored, desde el desierto del Sinaí hasta un oasis llamado Bernabé en la frontera de la tierra que Dios le había prometido a Israel, había once días de camino. Una vez te lo dice Deuteronomio 1:2 “Hay once días de camino desde Horeb, por el camino del monte Seir, hasta Cades-barnea”.
El pueblo de Israel hizo ese camino y llegó a la frontera. Moisés, el hombre que Dios usó para sacar al pueblo de la esclavitud de Egipto, mandó a 12 hombres a explorar la tierra. Regresaron con un racimo de uvas tan grandes que tuvieron que cargarlo entre dos de ellos y lo colgaron de un palo.
La tierra buenísima, no había duda de eso, pero diez de estos doce hombres también trajeron miedo con ellos; dijeron que allá vivían gigantes y que ellos se veían a sí mismos como si fueran langostas. Esa noche el pueblo entero lloró, y el pueblo entero decidió no entrar.
Dios respondió con una sentencia que se encuentra en Número 14:29: “En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí”, y si lo que eran once días se volvió cuarenta años, cuarenta años dando vueltas por el mismo desierto por la tierra prometida a once días de distancia. Durante esos cuarenta años, Moisés él guiaba a todo el pueblo y vio caer toda una generación, un entierro detrás de otro, detrás de otro en aquel desierto.
Yo quiero aclararte algo porque yo a veces he estado un poquito confundida. Es posible que tú hayas escuchado que el viaje había tomado cuarenta días y que tomó cuarenta años; la Biblia no dice eso. Los cuarenta días son los días que los doce espías pasaron recorriendo la tierra antes de regresar con su informe, y Dios tomó ese mismo número para dictar la sentencia; eso lo puedes leer en Números 14:34.
El camino, según Deuteronomio, eran once días; Israel pasó cuarenta días mirando una tierra buena sin atreverse a entrar y cada uno de esos días les costó un año en el desierto. Once días de camino se volvieron cuarenta años. Israel tenía el camino, tenía la promesa, tenía el tiempo y lo que se les fue fue el corazón; detrás del corazón se les fueron los cuarenta años.
Muchos estudiosos creen que en esos años Moisés escribió una canción; es el Salmo 90, el único salmo de toda la Biblia que lleva su nombre y empieza diciendo: “Oración de Moisés, varón de Dios”. Yo me puedo imaginar a ese hombre que tenía 80 años cuando salió de Egipto y que murió a los 120 años sentado en ese desierto viendo cómo pasaban los años, y lo que él le pide a Dios es esto: quiero que vayas al Salmo 90:12: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”.
El hombre que más tiempo vio pasar en el desierto le pidió a Dios que lo enseñara a contarlo y quiero que pienses en eso en el día de hoy porque este episodio sale el lunes 5 de octubre. De hecho, ayer mi sobrino cumplió años. Happy birthday, Luis Guillermo. Si tú cuentas desde este lunes lo que le queda al año 2026, le quedan exactamente 13 lunes; hoy sería el primer lunes y quedan exactamente 13 lunes este año.
¿Cómo puede ser posible que tú tengas algo moviéndolo para más adelante? Tú sabes lo que es; si alguien te pregunta, tú lo dices ahí con exactitud, pero cada vez que alguien te pregunta por eso das la respuesta más educada que existe: ¡Eso me encantaría, pero yo no tengo tiempo!
En este episodio quiero que veas lo que hay detrás de esa frase, porque lo que hay detrás de esa frase es peor que la falta de tiempo y precisamente eso es lo que yo quiero arreglar contigo en este episodio.
Si conoces a alguna mujer a la que llevas años diciendo que no tiene tiempo para eso que es lo más que ella quiere, pues envíale este episodio y comparte este episodio.
¿Alguna vez has preguntado por qué la cuenta tiene un propósito y es que es la sabiduría? ¿Me creerías si te dijera que contar los días es algo que Dios enseña? ¿Sabes tú que el hombre que más tiempo vio pasar en el desierto le pidió a Dios que lo enseñara a contarlo? ¿Eres de las madres que tienen algo moviéndolo para más adelante? ¿Sabías tú que tu agenda no se llena sola? Cada hora que tienes se fue detrás de algo que tu corazón escogió primero.
Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Yo quiero regresar contigo a esa oración de Moisés, el hombre que aprendió a contar en el desierto. Antes de pedir lo que pidió, Moisés hizo una cuenta y está en el Salmo 90:10: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos”.
Setenta años dicen, 80 si tú eres fuerte, y después dice algo que a cualquier mujer después de los cuarenta le suena conocido, dice: Esas cosas pronto pasan; el tiempo pasa volando. Moisés está haciendo exacto; fíjate en lo que pide después, justo en el versículo 12: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. Así dice el Salmo 90:12; la palabra que más me importa de ese verso es la primera, enséñanos.
Moisés, el hombre que aprendió a contar en el desierto, le pide a Dios que le enseñe porque contar los días no sale solo, nadie nace sabiendo; el tiempo se acaba, uno vive como si siempre hubiera un lunes más, como si siempre hubiera tiempo para todo y por eso lo más que te importa en tu cabeza, podrás decir eso, siempre puede esperar para la semana que viene y mira para qué quiere Moisés esa cuenta, para que traigamos al corazón sabiduría.
La cuenta tiene un propósito y es que ese propósito es que la sabiduría llegue al lugar donde de verdad se tomen las decisiones; ¿dónde es eso? En nuestro corazón, quiero que hagas la cuenta conmigo; esto lo vamos a hacer con calma, nadie se desespere.
Si tú tienes 40 años, la mayoría de mi audiencia de mujer pódcats está entre 35 y 55 años, que tiene que ver con unas cuantas cuarentonas por aquí. Si tú tienes 40 años y llegas a los 70 años, como nos dice el Salmo, que yo voy a creer que tú vas a llegar a 90 para arriba, yo me pongo de acuerdo contigo, pero si en el peor de los casos llegaras a los 70 años, sabes que te quedan más de 1500 lunes. Si tienes 50, como yo, que tengo 52 años, y llegas a esa misma edad, todavía te quedan como alrededor de 1000 lunes y este año, desde este lunes 5 de octubre hasta el último lunes de este 2026, te quedan 13 lunes.
Quiero que te des cuenta de lo que pasa cuando una mujer sale lo que le queda; piensa en la semana antes de un viaje largo, un viaje de vacaciones que tú tenías planificado y que estabas muy emocionada con ese viaje en esa última semana, en esos últimos 5 días. Ya hace meses que tú sabes de ese viaje, pero en esos últimos 5 días tú te encargas de pagar las cosas pendientes, llamar a quien tengas que llamar, dejar la casa en orden, preparar las maletas; todo lo que no habías resuelto anteriormente lo resuelves. Esa semana tuvo las mismas horas de siempre; una semana tiene 168 horas. Lo único distinto era que sabías una fecha en específico y eso fue lo que Moisés le pidió a Dios saber la fecha, ¿para qué?, para que el corazón se ordenara antes que se acabara el camino.
Moisés vio pasar 40 años en el desierto y le pidió a Dios una sola cosa: Enséñanos a contar nuestros días. Desde este lunes al año que viene te quedan 13 lunes; lo que hagas con esos 13 lunes va a decir más de ti que todos los planes que hiciste en enero. Lo primero que quiero que lleves es esto: contar tus días es algo que Dios enseña y lo enseña para que la sabiduría te llegue al corazón.
Ya viste que Moisés, el hombre que le dijo a Dios: “Enséñame a contar”, estando en el desierto, le pidió a Dios que la sabiduría le llegara al corazón. Siglos después, Dios habló del corazón; en una de las frases más conocidas del Sermón del monte se encuentra en Mateo 6:19-21 “No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.
Jesús está hablando del dinero, de lo que la gente guarda y acumula, pero el principio sirve para todo lo que tú inviertes y el tiempo es el más escaso de los recursos que tenemos todos los seres humanos; el dinero se vuelve a ganar.
El martes de la semana pasada, ese martes no regresa. Fíjate en el orden de la frase: donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Primero se mueve el corazón y después se mueve todo lo demás. Detrás de lo que amas se van tus horas, tu fuerza, tu dinero y tus convicciones; aquí está lo que es peor que la falta de tiempo: el tiempo que no tienes para eso que llevas años posponiendo se fue detrás de tu corazón; quiso más.
Tu agenda no se llena sola; cada hora que tienes se fue detrás de algo que tu corazón escogió primero, por eso dos mujeres con el mismo día de 24 horas terminan en lugares super distintos. El tiempo obedece al corazón.
Antes de seguir, yo quiero, quiero y me gusta ser justa y transparente porque eso que te estoy diciendo se puede escuchar mal; hay horas de tu semana que ya tienen dueño y que ese dueño lo puso Dios: las horas que le pertenecen a tus hijos, las horas de tu trabajo, las horas de esa mamá que estás cuidando, el esposo que está enfermo, el hijo que tiene terapia tres veces por semana. Esas horas son tu llamado y en esas horas tu corazón está exactamente donde tiene que estar.
Yo no estoy aquí para hablarte de esas horas y Dios no te va a pedir cuentas por esas horas; te lo digo así porque quiero que salgas de este episodio con algo en tus manos y no quiero que salgas con un peso encima. Creo que ya todas las mujeres que me escuchan tienen bastante peso sobre sus hombros y no estoy aquí para añadir peso a nadie.
Lo que te estoy pidiendo es que mires un solo lugar de tu semana con honestidad; no tienes por qué castigarte por esto. ¿A qué hora me refiero? Las horas que tú le das a tus hijos, a tu trabajo y a esa persona que tú cuidas, esas están ocupadas, tienen dueño y ese dueño lo Puso Dios, pero hay horas de las que nadie te va a pedir cuenta; la pregunta está en esos márgenes, en esas horas que nadie te pidió y que igual se fueron.
Los márgenes son la media hora antes de que despierte todo el mundo en tu casa, el rato después de que todo el mundo se acostó, el tiempo que estás en el carro guiando de un lugar a otro, los minutos que se te van en el teléfono sin que te des cuenta, el sí que le diste a algo que nunca debiste haberle dicho que sí. Es muy posible que, si sumas esos márgenes en una semana, encuentres más horas de lo que tú pensabas, y esos márgenes, igual que todo lo demás, siguen a tu corazón.
Así, si tú quieres saber qué está amando tu corazón, mira tus márgenes; tus deseos te dicen lo que te gustaría amar, tus márgenes te dicen la verdad de aquello que estás amando y eso puede doler un poco cuando lo ves, pero también es un alivio porque por fin sabes dónde están esas horas que tú llevabas buscando hace tiempo para hacer lo que verdaderamente quieres hacer.
Te digo algo más con cariño, con amor: ustedes me conocen y creo que muchas veces lo que tú pospones lo pospones por miedo y el amor sigue ahí; te da miedo empezar y luego fallar. Eso fue lo que le pasó a Israel en la frontera: la tierra era buena, el miedo a los gigantes le pareció más grande que todas aquellas promesas. Hay cosas que no empiezan porque te da miedo empezarlas y luego fallar, y ese miedo se disfraza muy bien, se pone ropa de agenda ocupada y te dice: “No, no hay tiempo”.
Israel tenía la tierra a once días y el miedo le costó 40 años. Aquí está la buena noticia, la razón por la cual esto es mejor de lo que suena: si tu problema fuera de horas, no tendrías arreglo porque el día tiene 24 horas y Dios no le va a añadir una hora más a tu día, pero el tiempo obedece al corazón y un corazón sí se puede ordenar.
Hasta aquí ya tú viste dos cosas: contar los días es algo que Dios nos enseña y que tus horas siguen a tu corazón. Lo que falta saber es lo que hacemos con eso y para eso hay una instrucción del apóstol Pablo, que escribió buena parte del Nuevo Testamento y le mandó a la iglesia de Éfesios 5:15-16: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”.
Aprovechando bien el tiempo, una frase que escribió en griego es una sola palabra; la palabra es exagorazo. Viene de Agora, que era la plaza de las ciudades griegas, el lugar donde se compraba y donde se vendía de todo; lamentablemente, para aquellos tiempos, incluso se vendían personas.
Exagorazo quiere decir comprar algo y sacarlo del mercado, comprarlo para que ya no esté en la venta, y aquí está lo que más me impresiona de esta palabra: Pablo lo usó también para hablar de lo que Cristo hizo por ti si vas a Gálatas 3:13: “Cristo nos rescató de la maldición de la Ley al hacerse maldición por nosotros, pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado de un madero».
La palabra redimió en ese verso es la misma, es exagorazo. Cristo te compró y te sacó del mercado, pagó por ti por su vida para que ya no estuvieras a la venta y con ese mismo verbo, cuando él te dice que hagas algo parecido con tu tiempo, la palabra que Pablo usó para decirte que aproveches el tiempo es la misma que usó para decir que Cristo te redimió. Cristo te compró y te sacó del mercado; en ese mismo verbo te toca a ti rescatar tus horas del mercado donde todo el mundo se está aprovechando.
Fíjate en la razón que da Pablo, porque los días son malos, porque los días no te van a regalar tiempo para lo más que te importa; cada hora tuya está en el mercado y siempre hay algo dispuesto a comprarla: el teléfono, las redes sociales, la urgencia de otra persona, el cansancio, el miedo, pero la pregunta que hoy te sirve más aquí es qué vas a rescatar.
Tú sabes cuál es, lo nombraste por dentro antes de que empezara este episodio de eso que tú quieres hacer y no has hecho, y en tus márgenes está el lugar de lo que vas a comprar. En la media hora que utilizas para ver las redes sociales, la puedes comprar; ese rato que pierdes dando vuelta en la casa antes que todo el mundo se levante, la puedes comprar. Lo que tú no rescatas, se lo lleva otro, y rescatar no te pide un año sabático y una vida distinta.
Si sacas del mercado una hora a la semana en estos trece lunes, estamos hablando de trece horas que hoy no existen para eso que tú amas; si sacas media hora al día, son más de 45 horas. Israel perdió 40 años por no dar unos pasos que le iban a durar once días; lo que tú tienes delante es mucho más pequeño que una frontera llena de gigantes, es una media hora y está en tus manos comprarla, redimirla.
Quiero recogerte estas tres cosas de lo que hemos visto en el día de hoy.
1. Contar los días es algo que Dios enseña; Moisés vio pasar 40 años en el desierto y le pidió a Dios que le enseñara a contar para que la sabiduría le llegara al corazón. Desde este lunes, este año te dan 13 lunes.
2. Tus horas siguen a tu corazón; las horas del llamado ya tienen dueño y por ellas nadie te pide cuenta. La pregunta está en los márgenes, en los márgenes en donde muchas veces el miedo se disfraza de agenda ocupada.
3. El tiempo se rescata, se redime, se compra; Pablo usó para el tiempo la misma palabra que Cristo usó contigo, cuando dijo que te compró y te sacó del mercado.
Lo que tú rescates de estos trece lunes, o en estas trece semanas que te quedan, se lo va a llevar otro si no lo rescatas. Israel tuvo la tierra prometida a once días y pasó 40 años dando vueltas; tú tienes trece lunes por delante y algo que llevas tiempo posponiendo.
Lo que va a decidir cuánto te toma es lo mismo que lo que decidió Israel; el tiempo obedece al corazón.
Quiero que me escribas en los comentarios qué es lo que vas a rescatar en estas trece semanas que le quedan a este año, y yo te veo en el próximo episodio.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.