320: La Sala de Espera

 Hoy este episodio es distinto, y te lo digo desde el primer minuto para que no tengas que adivinar hacia dónde vamos. Mi hija mayor, me refiero a Joanirie Ferrer Font, escribió un libro; se titula LA SALA DE ESPERA. Quiero mostrárselo por aquí y mañana martes 1 de septiembre sale en Amazon. Quiero dedicarle este episodio completo por dos razones, y empezaré por la primera.

La primera es que yo soy la madre de la que escribió el libro y sé dónde se escribió cada una de estas páginas. Joanirie no escribió este libro en un escritorio. Lo escribió en el bloc de notas de su teléfono, mientras estaba sentada en diferentes salas de espera de varios lugares de terapia, donde acompañaba a mi nieta IVANA, que tenía 6 meses de nacida. Mi hija, su esposo Abraham y, por supuesto, toda la familia han estado en un laberinto, con médicos, evaluaciones y terapia, lista de espera de meses, buscando qué era lo que estaba pasando con Ivania..

Dos años tocando puertas, dos años yendo a citas, dos años buscando opiniones médicas; mientras todo esto ocurría, yo, como mamá de Joanirie y abuela de IVANIA, también me encontraba en una sala de espera, una sala de espera un poco diferente, la de una madre que ve a su hija de ver que está haciendo algo que no lo puede resolver.

Yo he pastoreado por 32 años, y he orado con familia con diagnóstico durísimo y he ayudado a sostener a otras personas en muchos momentos complicados de su vida, pero cuando lo que está en el proceso es tu propia hija, es tu propia nieta, las cosas se ven un poco diferentes y a veces descubrimos ese límite exacto hasta donde llega nuestra fuerza. Oramos, llamamos, estamos ahí, nos sentamos al lado; lo que no podemos hacer es pasar el proceso por ellos.

Yo sé que muchas de ustedes hoy no están en una sala de espera, pero a lo mejor están como yo, acompañando a alguien que se encuentra en ese momento en su vida y uno mirando desde afuera, no pudiendo entrar; hay cosas que se están formando en nosotras.

La segunda razón por la cual le comparto este libro con toda sinceridad es por el contenido. Yo abrí primero este libro, mira, con el lápiz de editora de ser autora.

También revisé la cita bíblica, miré la parte gramatical, dónde están las comas, dónde están los puntos, dónde está todo, pero cuando cerré el libro, tengo que reconocer que lo cerré como mamá. Y antes de entrar en materia de lo que quiero compartir en el día de hoy, pues quiero leerte la última parte de la dedicatoria; a usted le quedará, ¿verdad? Leer la dedicatoria completa dice de esta manera. Especial con lágrimas de profunda gratitud, Albania, quien sentada a mi lado en silencio y sin saberlo, ha sido mi mayor inspiración en este libro.

Gracias por ministrar mi corazón sin necesidad de palabras. Este libro todo es para ti y, consistentemente, nos ven hablar acerca de sin palabras y gran parte del diagnóstico que Joanirie y Abraham han estado buscando durante este tiempo es porque a los dos años y medio mi nieta IVANIA apenas habla y de eso es que trata todo lo que ustedes van a descubrir en este libro.

Mi hija escribió este libro acerca de mi nieta, acerca de esta nieta que todavía está aprendiendo a hablar, que cada palabra es celebrada por toda su familia, que cada palabra es una maravilla para cada uno de nosotros, y que es lo que yo quiero hacer en este episodio. En este episodio quiero compartirte tres cosas.

  1. Te quiero compartir para quién se escribió este libro.
  2.   Te quiero compartir qué va a formar en ti si tú lees el libro. Y al final tengo una palabra para todas ustedes que podrían estar en una sala de espera también esperando algo que no acaba de llegar.

Antes de comenzar, quiero pedirte algo: si tienes en tu teléfono alguna mujer que lleva meses también en una sala de espera y que quizás está convencida de que Dios está olvidado de su caso, quiero pedirte, por favor, que le compartas este episodio. Un mensaje correcto en el momento correcto le cambia la trayectoria a cualquier persona.

¿Te has preguntado si alguna vez has tenido respuesta de Dios en una sala de espera? ¿Eres de las mujeres que administran su vida en CRONOS? ¿Sabías tú que en la sala de espera nadie está ahí por gusto? ¿Conoces a alguien que haya estado en una sala de espera? ¿Sabes tú exactamente cuál es tu sala de espera?

Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios. 

Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.

¿Para quién es este libro? “SALA DESESPERA”: Este libro es para la mujer que hoy está sentada en una sala de espera y yo quiero decirte quiénes son esas mujeres porque no todas se encuentran en la misma silla esperando las mismas cosas. Esa sala de espera puede estar en el hospital, puede estar en los pasillos de terapia, puede estar en los resultados que llevan semanas sin llegar y pueden estar en la sala migratoria; puede estar en años de una mujer que lleva años encima del escritorio de alguien que ni la conoce, puede estar en la sala del matrimonio que lleva años orando por un esposo que no cambia o sonriendo en la iglesia, haciendo creer a todo el mundo que no pasa nada.

Tu sala puede ser tu negocio, tu negocio que no acaba de levantarse después de haber hecho todo bien y tú dices: Pastora, yo he checado la lista de todas las cosas que yo he tenido que hacer; todo lo que he podido hacer está en la sala de la mujer que quizás está esperando por un hijo que no acaba de llegar, mes tras mes, o puede ser la sala de una madre que espera a que un hijo regrese a casa y que venga de verdad y esté listo para entrar en los caminos de la fe y, por supuesto, está la sala de espera de esa llamada que te puede cambiar la vida y tú estás ahí todo el día revisando el teléfono.

¿Tú sabes exactamente cuál es tu sala de espera? Puede ser que hoy no tengas una silla de plástico, que no haya una recepcionista, pero tú sabes cuál es y sabes cuánto tiempo has estado sentada allí, y Joanirie escribe algo desde el primer capítulo que a mí me detuvo.

Ella cuenta que empezó a mirar alrededor en esos pasillos y se dio cuenta de que la sala de espera donde ella se encontraba muchas veces estaba llena de historias, de historias silenciosas: algunas familias que esperaban diagnósticos de enfermedades terminales, otras que estaban esperando los resultados de una biopsia, otras esperando una respuesta médica por alguna situación, un dolor crónico, algo que llevaban años sin saber de qué se trataba y en todas esas diferentes historias había una cosa en común entre todos los que estaban sentados ahí.

En la sala de espera nadie está ahí por gusto, nadie llega a una sala de espera porque quiere estar ahí, y esa es la mujer que está sentada al lado tuyo, en la vida real, en la banca de tu iglesia, la que está esperando por algo que muchas veces tú ni siquiera sabes.

El salmo 40:1 “Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”. Fíjate en el verbo que escoge David; dice: “se inclinó”, no dice que Dios corrió, ni que Dios llegó rápido, dice: “se inclinó”. Ese es el gesto de alguien grande que se baja para escuchar a alguien que está abajo; Dios se inclina hacia la mujer que espera.

Hoy te diré lo que este libro no es, porque eso es precisamente lo que hace este libro distinto y por qué con tanto entusiasmo te lo estoy compartiendo, además porque soy la mamá de la autora y la mayoría de los libros de fe se escriben desde otra orilla, desde alguien que ya atravesó el desierto, salió, se secó las lágrimas, dejó pasar unos cuantos años y entonces se sentó a escribir de lo que aprendió en esa experiencia.

Eso está muy bien, eso tiene su valor, pero es diferente a la experiencia de leer este libro, porque cuando tú lees un libro, se nota quién escribe y se nota en esa versión de la que te estoy hablando, donde alguien ya ha atravesado el proceso, ya esa persona sabe cómo termina su historia, ya esa persona tiene una seguridad que puede meter, insertar ahí en cada párrafo, en cada palabra, pero este libro se escribió adentro del proceso, en el ojo de la tormenta, sin todavía saber el desenlace.

Mi hija lo confiesa incluso en el último capítulo, que ese fue el capítulo más difícil para ella describir en el libro porque no estaba hablando desde la otra orilla, sino que le estaba hablando desde un lugar donde todavía no se ve el final de la historia.

Con mi experiencia, le habría dicho a cualquier persona: Mira, espérate a terminar tu proceso para que puedas escribir el libro, ¿por qué? Porque es mucho más cómodo publicar el testimonio completo, es mucho más cómodo publicar el testimonio con el lazo del regalo y con el desenlace, teniendo todo y quizás con el rastro de la batalla, con el rastro en alguna parte de mi memoria”.

Hay una fe que solamente se puede demostrar hablando de Dios mientras el fuego todavía está prendido y todavía te está quemando. Este fue el aspecto de esta historia por el cual mi hija prefirió señalar toda su experiencia en este libro. La mayoría de los libros de la fe se escriben después del milagro; JOANIRIE escogió escribir este libro en una silla con el milagro todavía pendiente y por eso, cuando lo leas, vas a ver una experiencia totalmente diferente para ti.

Hay tres cosas que este libro va a formar dentro de ti; yo te las quiero compartir siempre con la Biblia primero porque quiero que te lleves hoy aunque sea una enseñanza y mi deseo es que todos ustedes corran a Amazon a comprar el libro; la sala de espera, pero si no puedes comprar el libro en el día de hoy, este tiempo de este podcast no se va a perder.

Quiero mostrarte tres cosas importantes.

La primera es que vas a dejar de ver tu espera como un tiempo perdido y mirar donde escogió Dios empezar la historia de éxitos de José. José era el hijo favorito de Jacob, un muchacho de 17 años que recibió de Dios un sueño detallado sobre su futuro. Ahí había liderazgo, influencia, provisión para naciones completas; sus hermanos, consumidos por los celos, la envidia, decidieron deshacerse de él y yo estoy segura de que tú has leído la historia en Génesis 37:24: “Y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua”. Una cisterna en el mundo de José era un pozo excavado en la roca para almacenar agua de lluvia; seco, quedaba convertido en un hoyo profundo, frío, sin escalera.

Y sin salida por cuenta propia, ahí comenzó el cumplimiento del sueño más grande del libro de Génesis, y no era solo un lugar incómodo; era el rechazo de su propia sangre, de los mismos hermanos que tenían que haberlo protegido.

Dios pudo empezar la historia de éxito de José en cualquier lugar del mundo, pero lo empezó en el fondo de un pozo seco, traicionado por sus propios hermanos. Ese lugar tuyo que hoy se parece a un estancamiento puede ser el primer paso invisible hacia todo lo que Dios te prometió.

Lo segundo que te va a formar este libro es la capacidad de proteger tu identidad; es una temporada larga de espera. Pasa algo silencioso; la espera intenta ascender a identidad, empieza siendo una circunstancia y termina siendo la forma en que tú te presentas.

Mi hija Joanirie lo escribió con una honestidad que me detuvo en seco cuando leí esa sección. Ella cuenta que un día se dio cuenta de que la espera ya se le había metido a ella en el nombre, en su propia cabeza; ya ella no era Joanirie, ya ella se había convertido en la mamá de la niña que no hablaba. Y cuenta también el momento exacto en que se paró en medio de la habitación y se secó las lágrimas y se corrigió a sí misma en voz alta, recordándose quién era ella y quién es el que está escribiendo la historia de su hija.

Tu diagnóstico es una dirección, no es nombre; tu estado civil es una dirección, tu cuenta de banco es una dirección, la silla donde estás sentada hoy es una dirección; tú no eres ninguna de esas cosas y ninguna tiene autoridad para escribir tu nombre.

Lo tercero que vas a aprender en este libro es que te va a formar la certeza de que estás siendo preparada. Samuel era el profeta más respetado de Israel, el hombre que ungía reyes por instrucción directa de Dios. Llegó un día a la casa de Isaí en Belén y el escogido resultó ser el hijo menor, el que estaba cuidando ovejas y al que ni siquiera habían llamado para la reunión.

1 Samuel 16:13: “Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. Ungido rey delante de testigo con el espíritu de Dios, desde ese mismo día, después de esa ceremonia, David regresó al campo con las ovejas; de ahí pasó a enfrentar a un gigante y después a huir por su vida durante años. Después se escondió en cuevas del desierto; era perseguido por Saúl, el rey lo quería muerto y entre la unción y el trono pasaron alrededor de 15 años. Esos 15 años fueron el taller donde se templó el carácter del hombre que iba a sostener una corona.

1 Pedro 5:10: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”.

Yo quiero que tú le prestes atención al orden de este versículo: primero padecer, después perfeccionar, afirmar, fortalecer, establecer; Dios es demasiado buen administrador para entregarte una bendición que tu carácter todavía no puede cargar.

Todo eso que te acabo de enseñar está en el libro contado y desde una silla de terapia, y la verdad que con estas pocas líneas yo no le puedo hacer justicia a todo lo que tú vas a aprender y a todo lo que tú vas a recibir en este libro, pero hay un párrafo que yo subrayé.

Primera vez que lo leí, porque le pone nombre a algo que yo misma había visto muchos años en el ministerio y nunca había sabido cómo decirlo.

Te lo voy a leer textualmente como lo dice en la parte final de la introducción del libro: porque he descubierto que las salas de espera no son lugares vacíos de la presencia de Dios; al contrario, son los talleres privados del cielo, lugar donde Dios forma el carácter que sostendrá el futuro, fortalece la fe que flaquea, sana el corazón herido y prepara los milagros que todavía no podemos ver porque ya vienen de camino.

Quizás si estas páginas han llegado a tus manos hoy es porque tú también te encuentras atrapada en tu propia sala de espera. Permíteme acompañarte. Qué bello, qué bella manera de comenzar este libro. Las salas de espera, según Joanirie lo explica aquí, son talleres privados del cielo. Un taller es un lugar donde algo se está construyendo y casi siempre los talleres, por naturaleza, están como sucios, hay ruido, nadie invita al camino al taller y eso es exactamente tu espera.

La palabra que tengo para ti, si hoy estás sentada esperando algo: Habacuc fue un profeta que le reclamó a Dios abiertamente por la tardanza; le dijo a él en Habacuc 2:3: “Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento y no dejará de cumplirse”.  Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá, no tardará”.

Te hago la aclaración de que Habacuc no era un hombre resignado; de hecho, cuando tú miras esa contradicción, aunque tarde, no tardará, ahí está la clave de por qué tú te sientes atrasada aunque no es tarde. En el libro del Nuevo Testamento hay dos palabras para el tiempo: CRONOS, que es el tiempo que se mide, se mide con el reloj, con el calendario, con los años que llevas orando por la misma cosa; de ahí viene la palabra cronología, cronómetro, o la palabra KAIROS, que es el momento oportuno, es el instante exacto donde una cosa está madura y ya llega a su cumplimiento.

Tú administras tu vida en Cronos y Dios administra tu vida en Kairos; tú administras tu vida en el tiempo que llevas orando por algo, en el tiempo que llevas en la sala de espera en lo que has estado esperando porque algo finalmente se solucione, que algo se cumpla, porque llegue esa promesa, pero Dios administra la vida en Kairos en ese momento perfecto específico; tú estás midiendo tu vida con calendario, Dios lo está midiendo con propósito.

Por eso los números no te dan, el reloj tarda, pero en el momento oportuno llega en el momento exacto y eso no lo voy a discutir con nadie. Te hablé al principio del matrimonio de mi hija de Abraham y Joanirie; llevan dos años esperando, dos años buscando. Hoy tienen algunas respuestas, pero te confieso, no todas las respuestas están totalmente claras; han pasado muchas cosas, evaluaciones interminables, un diagnóstico inicial que resultó ser equivocado, pero que ayudó a llegar a otras respuestas.

La realidad hoy tiene un tratamiento y hay un pronóstico esperanzador, y no te voy a decir aquí cuál fue porque esa es la parte que pertenece al último capítulo del libro y la voz de mi hija debe ser quien te lo cuente en sus propias palabras.

Lo que sí te digo y quiero que te lo lleves grabado es que esa respuesta que ellos recibieron en un momento específico llegó estando ella sentada en una sala de espera sin todavía entender todas las cosas.

Filipenses 1:6: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.

La obra que Dios ha comenzado a trabajar en mi nieta IVANIA, en mi hija Joanirie, en su esposo Abraham, la obra que Dios comenzó en ti, Dios no la va a dejar a mitad; nunca ha sido el estilo de Dios dejar nada a mitad. Y voy a cerrar este episodio leyéndote las últimas líneas del libro y dirás: Pastora, no, los finales no se leen; cuando te lo lea, vas a entender.

Dice de la siguiente manera: Mientras ese día llega, ten la fe, no sueltes la pluma de tu oración y recuerda siempre que el autor de tu vida sigue escribiendo, y tu espera jamás será el final.

Mañana martes 1 de septiembre, la sala de espera de mi hija Joanirie Ferrer Font va a estar disponible en Amazon. En la descripción de este vídeo te voy a dejar el enlace para que vayas directo a ordenar tu copia; si conoces a alguien que está en un momento de espera, ordena una copia para esa persona también y obsequiasela.

El día 16 de octubre hay un lanzamiento oficial de este libro en la ciudad de Orlando y el 18 de octubre en nuestra iglesia Fuente de Agua Viva en Carolina, Puerto Rico. Lo que puede ser es que lleve meses, años esperando; bueno, creo que Dios acerca tu fe a comenzar a percibir ese momento mientras lees este libro.

Déjame decirte lo que este libro significa para mí. Nada de lo que yo he escrito, trece libros que he escrito, compara con abrir un libro y reconocer entre las líneas de la fe a la hija que tú criaste. Esa es la experiencia, ha sido el tener este libro en mis manos y me tengo que contener por la emoción que siento como madre y por eso quise tomar este tiempo, un episodio diferente y una verdad excepción a la regla de lo que siempre rige, lo que hacemos aquí en Mujer Podcasts, pero yo creo que ameritaba que tomara este tiempo para que ustedes pudieran conocer acerca de este libro. Me encantaría que me escribieras aquí en los comentarios qué te ha parecido el tema del libro y me gustaría que me dejes saber en los comentarios si ya ordenaste el libro, si ya lo tienes en tus manos.

Dios utilizó una sala de espera para sacarle a mi hija un libro que ella llevaba años queriendo hacer y que nunca se había atrevido a empezar, y esa es la clase de Dios al que tú le estás siguiendo en el día de hoy. Dondequiera que tú estés, comparte este episodio con alguna mujer que está esperando algo. No te olvides de suscribirte al canal, dale like, comparte y yo las veo el próximo lunes en un nuevo episodio de Mujer Podcasts.

Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.