Hay una mujer en el primer libro de la Biblia que tuvo la primera tentación de la historia humana; le sobraba comida en el huerto donde estaba, pero alguien le hizo creer que algo que ella pensó que quería era algo que ella necesitaba. Esa mujer, tú sabes cómo se llama; se llama EVA. Eso fue lo que pasó.
Génesis 3 Esto te ocurre muchas veces a lo largo de la semana; hoy puedo garantizar que te está robando la paz y el dinero sin que te des cuenta. Genesis 3:6 “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella”.
A EVA no le faltaba comida, estaba en el jardín lleno de árboles que Dios le había permitido comer de todo y a ellos les sobraba comida. Lo que la serpiente le hizo fue conversarla de querer algo que en realidad ni necesitaba, pero le hizo creer que era una necesidad. Eso es una tentación y desde aquella tarde hasta hoy esa es la mecánica dentro de casi todas las decisiones financieras que tú lamentas al día siguiente.
Te estoy hablando de todo lo que tú compras que no necesitas. Hoy mismo, mientras tú estás escuchando este podcast, en esta misma plataforma donde me estás viendo, hay gente, equipos completos de trabajo y millones de tiendas en internet para hacerte comprar y para consumir cosas que tú no necesitas.
Una de cada cinco mujeres en Estados Unidos admite usar las compras para ceder su ansiedad. Si cada episodio de Mujer Podcast lo ven alrededor de 100 mil mujeres, lo agradezco muchísimo a esa audiencia fiel que tengo en Mujer Podcast. ¿Sabes lo que eso significa? Que de esas 100 mil que me ven todas las semanas, hay 20 mil de ustedes que probablemente, escuchando este episodio, tienen algo por ahí en una ventanita en su computadora, en su celular, en un carrito de compra que probablemente tú no lo necesitas.
Las mentiras de TIKTOK SHOP, y las estrategias que están usando contra ti en el día de hoy, no las inventaron ellos; las inventó la serpiente y tiene una sola fórmula: convencerte de que tú no sabes, crees que lo necesitas. Esa tentación es la madre de toda confusión, la del Edén, la tuya, la de tu carrito de Amazon.
La pregunta que va a salvar tu paz, tus finanzas y tu testimonio espiritual es esta: ¿lo quiero o lo necesito? Suena a una pregunta como de presupuesto, pero te aseguro que es una pregunta teológica y cuando contestas una pregunta con honestidad, vas a descubrir cosas sobre tu corazón que ningún sermón te ha mostrado.
Hoy vas a entender la mecánica de la primera tentación, un hombre que perdió en 5 minutos lo que su familia tardó dos generaciones en construir y una palabra griega que va a reordenar tus deseos y sobre todo esa pregunta que te vas a empezar a hacer de hoy en adelante. Yo estoy segura de que tienes una amiga que compra, compra, compra y tú sabes que entre todas cosas que compra, hay muchas que no necesita, pero si necesita escuchar este episodio, quiero pedirte que se lo compartas.
¿Te has preguntado si eres de esas mujeres que hacen compras compulsivas creyendo que lo necesitas? ¿Me creerías si te dijera que la mentira más cara que tu cuerpo te puede vender es convencerte de que un apetito es una emergencia? ¿Sabías tú que la caída de la humanidad comenzó con la palabra “quiero” mal etiquetada, haciéndola creer como un necesito? ¿Me creerías si te dijera que la escritura condena tus deseos solo cuando crecen al tamaño que solo Dios debería ocupar? ¿Eres de las mujeres que piensa que hacer compras compulsivas puede ceder su ansiedad?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Génesis 3:6: Hay una radiografía de cómo opera una tentación que la mayoría lee corriendo y no la nota. Génesis 3:6 “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella”.
Quiero que tú te detengas en esa lista, tres cositas que te quiero enseñar en un orden en específico, que son el mapa completo de cómo opera una tentación humana.
1. Bueno para comer, eso es necesidad; hambre, comida, el cuerpo.
2. Agradable a los ojos, eso es deseo estético, belleza, atractivo visual, lo que entra por la mirada.
3. Codiciable para alcanzar la sabiduría; eso es para la gloria, estatus, promesa de saber más, valer más.
Esos tres elementos: necesidad, deseo y vanagloria, son tres canales por donde la tentación entra a la vida humana; ahora, no es el único de la Biblia donde se presenta; miles de años después, el apóstol Juan los enumera idénticamente.
1 Juan 2:16 “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.
Mismo guion: Génesis 3:6 y 1 de Juan 2:16 están describiendo la misma maquinaria: carne, ojos, vanagloria; lo único que cambia es el escenario. Eva no cayó porque tenía hambre; estaba en el jardín lleno de árboles cuyo fruto Dios le había permitido comer, le sobraba la comida, pero pensó que necesitaba comer algo. Lo que la serpiente logró fue convencerla de que algo que ni ella sabía que existía, ella lo quería, algo que ella necesitaba.
La caída de la humanidad comenzó con la palabra “quiero” mal etiquetada, haciéndolo creer como un necesito, un querer disfrazado de necesidad, y esa confusión es el sistema operativo de toda tentación humana desde aquel día hasta hoy.
Hoy yo me quiero concentrar en hablar de las finanzas, pero esto aplica para todo lo que sea una tentación para ti. Cuando tú abres TIK TOK SHOP y entras a una tienda a las 11 de la noche y ves el electrodoméstico que nunca habías visto y que no puedes vivir sin él porque te va a cambiar la vida, o un influencer te muestra esa cremita que tú sientes que tu piel la necesita, eso que nunca habías visto, pero tú crees que lo necesitas también y que hace 5 minutos no sabías que existía.
Este empujón de audiencia que aparece de la nada es el mismo que sintió EVA frente al árbol; la cosa que hace 5 minutos era ajena a tu vida, ahora se siente como una necesidad. Eso es ingeniería pura. La serpiente le hizo a EVA exactamente lo que todas esas promociones hacen y que tú no necesitas; te hacen a ti 24/7 en tu teléfono, en cualquier pantalla que tú estés conectada, toman un querer y psicológicamente te lo presentan como una necesidad.
Esta técnica tiene miles de años; lo único es que ya no es una serpiente la que quiere vender la idea equivocada en millones y millones de serpientes que te persiguen con manipulación al algoritmo de inteligencia artificial.
Como que algo que hace 5 segundos era ajeno a tu vida de repente se convierte en una necesidad y dices: “Debo tenerlo”, solo porque fue presentado con la estética correcta para que tu cerebro lo afirmara como una necesidad. Mientras tú no aprendas a notar ese momento en el que haces ese CLIP y dices: “Lo necesito”, ese segundo en donde un querer se camufla de necesidad, vas a seguir pagando con tu dinerito, tu tiempo y tu paz por cosas que jamás necesitaste o, como yo siempre digo, nunca de los nunca, jamás de los jamases necesitaste.
El balance de esa tarjeta de crédito va a seguir creciendo; la cuenta de ahorro y tu cuenta de retiro no van a engordar como tendrían que haber estado engordando a esa edad que ya tú tienes, simplemente porque andas comprando cosas que no necesitas.
La confusión no se queda solamente en tu carrito de compras ahí en tu teléfono o en tu computadora; está en la suscripción que tú te olvidaste de que tenías activa y sigues pagando todos los meses, está en el paquete que te llegó hace tres días y todavía ni lo has abierto, está en el gasto del mes que dices: “¡Ay, Dios mío!”. En que yo gasté este mes, todo es el mismo mecanismo: un querer disfrazado de necesidad. Cuando lo entiendes, ese mecanismo empieza a perder poder.
Quiero llevarte a una historia que cambia la forma en que tú entiendes tus apetitos. Quiero hablarte de ESAÚ, ese primogénito de Isaac, el hijo mayor con derecho a la herencia y a la bendición del padre, y un día ESAÚ regresó a su casa cansado del caos y de repente él siente un olor rico a comida porque su hermano estaba preparando un guiso.
Genesis 22: 29-32 “Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto, fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?”
Quiero que veas lo que dijo ESAÚ: He aquí, yo me voy a morir; grábate esa frase porque lo que ESAÚ llamó morir no era que se estaba muriendo ESAÚ, era lo que estaba cansado y tenía hambre. De hecho, esto no lo dice la Biblia, pero si él estaba oliendo el guiso, el olor estaba saliendo de la cocina o de donde él tuviera el plato; eso tendría que haber estado cerca de un lugar donde hubiera comida.
ESAÚ no se estaba muriendo, tenía hambre; él lo que tenía que haber hecho era, cuando el hermano le hace esa oferta: “Véndeme tu primogenitura”, ¿qué? No, yo camino 20 pasos más, 30 pasos más porque seguro que cerquita de donde está ese guiso seguro había pan, leche, queso, había algo que le pudiera comer, que le pudiera quitar esa hambre.
En la cocina donde había para hacer un guiso así de delicioso que se olía tan lejos, había otras cosas también que igual iban a satisfacer tu hambre. En ese momento, su cuerpo le dio una señal tan fuerte que él lo interpretó como agonía y, desde esa interpretación, hizo una decisión que no solamente cambió su vida, sino que cambió la historia de su familia para siempre.
La mentira más cara que tu cuerpo te puede vender es convencerte de que un apetito es una emergencia. ESAÚ, el que le llamó morir a simplemente una hambrecita que traía del campo, te lo demuestra: ESAÚ entregó su primogenitura por un plato de lentejas. Una emoción intensa te puede llevar a quitarle valor a algo verdaderamente importante para tu vida.
Lo que ocurrió en ese intercambio es lo que verdaderamente ocurre en tu vida varias veces por semana: tu cuerpo, tu emoción, tu mente te envían señales fuertes: hambre, cansancio, aburrimiento, soledad y, porque la señal es intensa, tu cuerpo la traduce como urgencia y, porque la sientes urgente, actúas sin pensar, y porque no piensas, decides cosas que después lamentas.
Financieramente, muchas de ustedes no cumplen con Dios, ni cumplen con las verdaderas prioridades: tus ahorros, la educación de tus hijos, la herencia que le debes dejar a esa futura generación. ¿Por qué? Porque tienen la casa y tienen el closet lleno de cosas que no necesitas.
El cuerpo cansado de ESAÚ firmó la pérdida de la primogenitura; tu cuerpo cansado a las 8 de la noche firma compras que sabes que al otro día a las 9 de la mañana tú lo hubieses rechazado y al otro día a las 9 de la mañana te vas a arrepentir de haberlo comprado.
Las decisiones que más te cuestan en la vida casi nunca las tomas tú y tú dirás: “¿Cómo así, pastora?” La toma tu versión agotada, la toma tu versión hambrienta, la toma tu versión solitaria y te dejas llevar; por eso aprender a distinguir entre lo intenso es una de las disciplinas espirituales más subestimadas de toda la vida cristiana. Mira más adelante lo que en el Nuevo Testamento se nos dice de lo que hizo ESAÚ ahí.
Hebreo 12: 16-17 “No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”.
Óyeme bien, ese verso es bien fuerte. La palabra en hebreo que, al Esaú, que es profano, significa literalmente lo que se pisa fácil, lo que se entrega sin pensarlo dos veces porque en ese momento no se le ve valor.
Esaú era un hombre común; no tenía una maldad especial. Lo único que pasó es que, en un momento de intensidad física, porque estaba cansado y porque tenía hambre, no logró ver el valor de lo que tenía en sus manos, que era único y especial, su primogenitura, un privilegio, y eso te puede pasar a ti cualquier noche de la semana frente a una pantalla con una emoción intensa y una herramienta de consumo a un clic de distancia.
Esaú en esa historia deja un cabo suelto porque si su cuerpo le vendió, no era la muerte, simplemente era un hambre. Los apóstoles más adelante encontraron la palabra griega exacta, una que cuando la entiendas y la conozcas, no va a volverte a pasar a ti con tus deseos; la palabra es epithumia.
La mayoría de las Biblias la traduce como epithumia, deseos de la carne; esta frase, deseos de la carne, aparece en el Nuevo Testamento describiendo un mecanismo en específico: Santiago 1:14-15 “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
Ahí en esas 4 líneas que te acabo de mencionar está el mecanismo completo: la concupiscencia, que es epithumia, te atrae, te seduce, concibe el pecado, el pecado termina en muerte. Ese es el mismo recorrido que hizo Eva frente al árbol, es el mismo recorrido que hizo Esaú por un plato de lenteja y es el mismo recorrido en las técnicas de ventas que tú ves que se llaman el recorrido del cliente; es lo mismo que tú haces, que un querer crece tanto que dejas de reconocerlo como querer y se siente como necesidad.
Para entender epithumia solo como concupiscencia, pierde la mayor parte del filo. La palabra griega tiene dos componentes: la preposición epi, que funciona como intensificador, y la raíz thumia, que significa pasión. Epithumia describe un deseo identificado, un deseo dirigido con fuerza hacia algo, y aquí está lo que necesito que le preste atención.
La escritura condena la epithumia solo cuando esa intensidad de deseo se dirige a algo que ha tomado el tamaño que solo Dios debería tener en tu vida, y eso lo puedes ver con tus propios ojos en el texto. Lucas 22:15 “Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca!”
Lo que tú lees como “he deseado” viene exactamente de la misma palabra griega, epithumia. Aquí Jesús, a punto de morir, descubre su santo, su santo deseo, la misma palabra que en otros pasajes se traduce como concupiscencia; lo único que cambia es el objeto.
La escritura condena tus deseos solo cuando crecen al tamaño que solo Dios debería ocupar: tu carrito de compra, tu pantalla, tus teléfonos. Esos objetos no son inocentes; lo que se vuelve esclavitud es lo que tu corazón espera de ellos y eso te abre la conversación más importante de este episodio. La mayoría de las cosas que te están consumiendo ahora no son malas, son cosas buenas que llegaron en un tamaño desproporcionado a tu corazón.
La idolatría de hoy ya no tiene que ser una estatua de oro; la idolatría de hoy tiene cara de una tarjeta de crédito que da al máximo, del closet que está lleno con etiquetas de cosas que nunca te has puesto, del paquete que llega todas las semanas a tu casa, del carrito de Amazon pendiente, de cosas que Dios te dejó tener para que las disfrutaras, pero en tu corazón se inflaron hasta que ocupan el corazón de Dios, el lugar del Dios que te ha dado esas cosas.
Cuando una cosa material ocupa el lugar del Dios mismo, deja de ser un don y se convierte en tu dueño. Tu corazón hace eso todo el tiempo: agarra un regalo de Dios y lo infla, te quita el techo y de pronto eso se convierte en tu dueño, y eso es lo que hacen esas promociones. Tienes eso en la cabeza: lo necesito, yo no voy a poder vivir sin eso. Imagínate, como si esta tiene la cara así de lisita, yo quiero verme así también. Eso ocupa tu mente de una manera que no te lo puedes quitar de la cabeza; se convierte en una rutina que, cuando veo algo, lo quiero; se convierte en eso que es más grande que Dios delante de tus ojos.
Creo que con esta explicación ya habrás visto el diagnóstico: Eva fue la que confundió un querer con una necesidad y Esaú lo que llamó morir era una hambrecita; esa epithumia que te expliqué, ese deseo que crece, crece y crece y se convierte en el tamaño de Dios. Bueno, tres mil años describiéndote el mismo mecanismo, pero entender el problema es solo el principio.
Lo que realmente desactiva la mentira es qué hacer con la pregunta en el momento exacto y la herramienta cabe bien facilito. Yo te hice la pregunta desde el principio: ¿lo quieres o lo necesitas? La pregunta funciona porque introduce una pausa de todo ese detonante, de toda esa estrategia y la decisión que tú vas a tomar, esa pausa donde tu cerebro lógico tiene tiempo para despertar antes de que tu tiempo emocional te haga hacer clic y comprar lo que no necesitas.
Toda la disciplina cristiana, el ayuno, la oración te entrenan para que hagas esa pausa; eso es lo que separa una vida que reacciona de una vida en la que se escoge sabiamente. Yo quiero que apliques esto en todas las áreas de tu vida.
Primero, aplícalo en tu carrito, antes de añadir algo y de comprar algo, antes de comerte el segundo plato porque lo puedes aplicar, porque lo puedes hacer, antes de comerte ese postre, antes de elegir hacer algo ocioso en vez de hacer algo productivo, pues mira, hazte esa pregunta: ¿Yo quiero hacer esto o lo necesito? Y aunque elijas incorrectamente, por lo menos estás eligiendo conscientemente.
Vuelvo a la pregunta: ¿lo quiero o lo necesito? Y si tu respuesta al final es que de verdad lo necesitas, pregúntate qué cosas del corazón está intentando llenar eso que tú necesitas y, si esa cosa solo Dios puede llenarla, es probable que no lo necesites, porque Pablo habló de algo que se llama contentamiento y el contentamiento no llega solo a nuestra vida; se aprende con disciplina.
Filipenses 4:11: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”. Quiero que te detengas en este verso: he aprendido. La palabra griega que Pablo usa ahí es manthanō, la misma raíz de donde viene la palabra discípulo. El contentamiento, según Pablo, se aprende como se aprende cualquier disciplina del discipulado.
Pablo aprendió el contentamiento pasando por hambre y por abundancia, por escasez y por exceso, por la cárcel y por la libertad, y la pregunta sigue siendo la misma: ¿lo quiero o lo necesito? Esa es tu primera clase de discipulado que te va a ayudar a mantenerte concentrada; hoy doy tres conceptos para que lo cargues todo el tiempo.
1. La mentira más vieja del corazón humano se llama urgencia falsa; Eva, que confundió un querer con una necesidad, lo hizo en el Edén; Esaú, que llamó morir a un hambre, lo hizo frente a un plato de lentejas y tú lo haces sin darte cuenta varias veces a la semana. Nombra ese mecanismo y empieza a desactivarlo.
2. Tu cuerpo te miente acerca de la urgencia; aprende a separar lo intenso de lo urgente y esa es una de las disciplinas espirituales más importantes que tienes que desarrollar y eso es lo que nos enseña el tiempo de oración, eso es lo que nos enseña escuchar la palabra, eso es lo que nos enseña el ayuno, separar esas cosas.
3. Una emoción fuerte rara vez es una emergencia real; aprende a darle pausas a tus emociones y no a darles acción, y tu deseo de algo bueno se puede volver esclavitud que crece del tamaño que solo Dios debe tener.
Ya sabes cuál es la pregunta: ¿lo quiero o lo necesito? ¿Qué tamaño tiene una cosa buena dentro de ti? Si crece donde solo Dios cabe, ya sabes que lo que tienes es que devolverlo a su tamaño correcto o a su justa perspectiva.
Antes de ese impulso, pregúntate: ¿yo lo quiero o lo necesito? Y esa pausa que introduces en tus compras, en tus conversaciones, en todo lo que tú haces es donde el Espíritu Santo tiene espacio para hablarte.
La mujer que aprende a pausar empieza a escoger bien su vida. Quiero que le des like a este video, comentes y compartas; quiero leerte aquí en los comentarios y yo te veo el próximo lunes.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.