Antes de que te hagas tu primera oración del día, teléfono, yo quiero que sepas que tu cuerpo te está hablando. Antes de que tú abras tu Biblia, antes de que pongas el café, antes de que revises tu teléfono, tu cuerpo ya le entregó un reporte a tu cerebro. Ese reporte puede decir una de dos cosas: puede decir estamos bien y podemos avanzar o puede decir llevamos tiempo en déficit y alguien tiene que prestar atención a esto.
La pregunta no es si tu cuerpo te está hablando; la pregunta es si tú lo estás escuchando, entre ustedes, mujeres, mi audiencia, hay mujeres que oran con constancia; yo las conozco, sé que ustedes están allá afuera, que sirven con entrega, que leen la Biblia con disciplina. Tengo 4700 de ustedes leyendo la Biblia, pero al mismo tiempo, duermen 4 horas porque la agenda no les da para más, comen lo que el tiempo les permite, ignoran lo que sus hormonas llevan tiempo señalando y arrastran un cansancio que ya no desaparece con un fin de semana de descanso.
Cuando esto empieza a afectar tu vida espiritual, empieza la oración a sentirse pesada, cuando no puedes escuchar a Dios con claridad, cuando sientes que algo no está bien y no conectas eso con tu cuerpo. Quiero que sepas que tu cuerpo interpreta eso como un problema espiritual. ¿Por qué? Porque comienza a buscar la respuesta en el lugar equivocado. Este episodio es para las mujeres que sienten eso.
Quiero ir un poco más allá del cansancio, porque hay algo que necesitas entender mucho más allá de tomar decisiones de salud, las mujeres, que muchas mujeres se relacionan con su cuerpo, esa sensación de que este es secundario, que sus necesidades físicas son debilidades, que prestarles atención es mundano o incluso vanidoso, esa actitud no viene de la Biblia, viene de otro lugar, de otra fuente que lleva siglos infiltrada en el pensamiento cristiano sin que nadie lo nombre por su nombre y cuando lo nombres, algo va a cambiar…
Hoy vas a entender tres cosas:
1. De donde viene la creencia de que el cuerpo importa menos que el espíritu y por qué esa creencia es una herejía disfrazada de consagración.
2. ¿Qué significa realmente con peso etiológico específico que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, no como una frase decorativa, sino como una realidad con consecuencias prácticas?
3. ¿Qué dice Proverbios 31 sobre el cuerpo de la mujer virtuosa en un verso que casi nunca se predica? Y lo que se descubre sobre ese verso va a la perspectiva de lo que significa ser una mujer de Dios en tu cuerpo.
Al final de este episodio quiero que sepas esto con claridad, lo que le haces a tu cuerpo lo haces a tu destino.
¿Te has preguntado por qué descuidar el templo era impensable, era una ofensa directa a la santidad y al Dios que lo habita? ¿Eres tú de esas mujeres que se preguntan que cuidar el templo era impensable? ¿Me creerías si te dijera que tu cuerpo te está hablando, antes de que tú abras tu Biblia? ¿Sabías tú que tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, no como una frase decorativa, sino como una realidad con consecuencias prácticas? ¿Sabes tú, como mujer, que cuando Jesús resucitó no resucitó como espíritu puro, resucitó en un cuerpo? ¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas, en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Quiero hacerte una pregunta que quizás nadie te ha hecho: ¿De dónde aprendiste a relacionarte con tu cuerpo?
Si tú creciste en una iglesia tradicional latina, es bien probable que aprendiste de forma directa e indirecta que lo espiritual va primero y que el cuerpo puede esperar, que sus señales son debilidades, que atender el cuerpo es perder el tiempo espiritual, que las necesidades físicas son debilidades que hay que controlar, que lo espiritual es superior a lo físico, que una mujer verdaderamente entregada a Dios no le da tanta importancia a su cuerpo porque eso es mundano, eso es superficial e incluso hasta lo tratan de egoísta.
Esta enseñanza suena bien religiosa, pero no viene de la Biblia y tampoco viene de Jesús, ¿sabes de dónde viene? Viene del plantón, esa creencia no viene de la Biblia, viene de Grecia, del filósofo griego que vivió 400 años antes de Cristo y que enseñó que el alma es eterna, superior y pura y que el cuerpo es una prisión temporal, impuro, limitante del alma.
Esa idea de que el cuerpo es inferior, que el espíritu es lo que importa y que el cuerpo es solo un envase descartable se llama dualismo platónico y, aunque Jesús nunca enseñó eso, esa filosofía entró al pensamiento cristiano temprano a través de una corriente que la iglesia primitiva combatió con vigor. Se llama el gnosticismo; los gnósticos del primer siglo mezclaron ideas platónicas con el evangelio.
La iglesia los rechazó formalmente, pero la actitud de desconfianza sobre el cuerpo sobrevivió de forma muy sutil; llegó a la Edad Media, viajó a América Latina a través de la evangelización colonial y llegó de alguna forma hasta tu manera de entenderte a ti misma. Por eso llevas décadas viviendo una teología que Jesús nunca enseñó y creyendo que ignorar tu cuerpo es señal de inmadurez espiritual, creyendo que el cansancio permanente es una medalla de consagración, creyendo que atender tus síntomas hormonales es vanidad, creyendo que pedir descanso es egoísmo y eso no fue bíblico; Sé es una herejía disfrazada de entrega espiritual.
Se que esto suena fuerte y ustedes que han estado conmigo por años saben que aquí no le pasamos paños tibios a las creencias que no van de acuerdo con nuestra palabra, por eso necesitan escuchar esto con claridad, porque la alternativa es seguir ignorando tu cuerpo en nombre de la espiritualidad y eso está costando algo bien concreto.
El Dios de la Biblia no es el Dios de Platón; el Dios bíblico no crea cuerpos para ignorarlos. De hecho, en el momento más decisivo de la historia humana, Dios tomó una decisión que lo dice todo; dice que tomó un cuerpo: Juan 1:14 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”, no espíritu solamente; carne, huesos, hambre real, cansancio real y resurrección.
Espíritu Santo, al de un cuerpo físico real y tan cercano como ayer celebramos la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
Cuando Jesús resucitó, no resucitó como espíritu puro; resucitó en un cuerpo, comió frente a sus discípulos, mostró sus heridas, fue reconocido físicamente, y el cuerpo importa tanto en la teología cristiana que solo de la resurrección de toda la fe cristiana proclama, no del alma solamente, sino de un cuerpo glorificado.
El cuerpo nunca fue el problema; la manera en que tratas a tu cuerpo ese puede ser el problema, así que hay versículos que las personas conocen sin realmente haber escuchado lo que dicen. 1 Corintios 6:19-20 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.
Quiero que entiendas lo que escuchaba una persona judía en el primer siglo cuando alguien le decía la palabra Templo; para un judío del primer siglo, el templo era la morada de Dios. El templo de Jerusalén era un edificio de reuniones, no era un lugar donde uno va los domingos; era la morada de (la Shejiná). La esencia tangible de Dios se mantenía con un cuidado extraordinario, con protocolos rigurosos, con personas dedicadas exclusivamente a preservarlo.
La sola idea de descuidar el templo era impensable, era una ofensa directa a la santidad y el Dios que lo habitaba. Cuando Pablo le escribe a la iglesia de Corinto y dice: “Vuestro cuerpo es templo del espíritu santo, no está usando una metáfora inspiracional, está haciendo una declaración teológica con peso cultual específico para su audiencia.
Tu cuerpo es la morada activa del Dios vivo; esto no es una poesía, es una instrucción de cuidado. Lo que le haces a tu cuerpo no es solo una decisión personal de salud, es declaración biológica. Cada vez que duermes las horas que tu cuerpo necesita, estás diciendo: “El templo importa”. Cada vez que ignoras durante meses lo que tu cuerpo te está señalando, le estás diciendo a Dios con tus acciones, aunque no con tus palabras, que la casa donde él vive no merece atención.
Lo que haces con tu cuerpo es un acto de adoración o un acto de abandono, las dos opciones son declaraciones y tú decides cuál de esas dos opciones tú vas a hacer. Ahora observa lo que dice Romanos 12:1 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. No dice “presenta tu tiempo”, dice “presentar vuestros cuerpos”, plural, físico, concreto, el cuerpo como ofrenda de adoración.
Hay un versículo más que quiero darte, uno que pocas personas conectan con este tema: 3 Juan 1-2. “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”. El apóstol Juan escribe que tengas salud como un deseo apostólico de un creyente, no como un complemento opcional, sino como parte integral de lo que Dios quiere para ti.
Se los confunden. La salud física no está fuera de la voluntad de Dios, está escrita dentro de la voluntad de Dios y existe una palabra hebrea que captura todo esto; esa palabra es shalom. La traducimos como paz, pero en el hebreo bíblico significa totalidad, integridad completa; shalom incluye relaciones saludables, bienestar emocional, prosperidad y sí, también incluye salud física.
El Dios bíblico nunca separó las dimensiones del ser humano; la teología griega sí lo hizo, y esa separación te la crearon con creencias que no vienen de la palabra de Dios. Quiero nombrarte algo directamente.
Hay un patrón que existe en muchas mujeres de fe: oran con poder, sirven con constancia, tienen claridad espiritual, pero viven en una niebla funcional porque viven meses sin dormir bien, porque sus niveles hormonales están en caos y nadie los ha revisado, porque se alimentan de prisa por sus responsabilidades, porque su cuerpo tiene tiempo señalando lo que no ha tenido tiempo de responder.
Esta niebla la confunde con sequía espiritual; piensan que Dios está lejos, buscan las respuestas en más oración, en más ayuno, en más disciplina espiritual, pero el problema puede no ser espiritual, puede ser fisiológico y ninguna cantidad de oración reemplaza el sueño que tu cuerpo necesita para funcionar. Decir esto no es falta de fe, es entender cómo funciona el cuerpo que Dios diseñó.
Quiero llevarte a un versículo de Proverbio 31 que casi nunca aparece en la predicación sobre la mujer virtuosa, Proverbio 31:17 “Ciñe de fuerza sus lomos, Y esfuerza sus brazos”. Este proverbio habla de fuerza física; no dice que era emocionalmente fuerte, no dice que era espiritualmente fuerte; dice que ceñía de fuerza sus lomos, esforzaba sus brazos, lenguaje físico, corporal, concreto. Esa mujer era físicamente fuerte y capaz, y ese detalle está en el retrato bíblico de una mujer excelente de forma intencional.
Quiero darte un detalle que puede reorientarte la manera en que lees ese capítulo entero. La expresión en hebreo es Anshey Chayil; se traduce como virtud en este contexto, pero en el resto del Antiguo Testamento, esa misma palabra describe otra cosa. Se los usa para los soldados capaces del ejército de Israel, se usa para los guerreros de David; es la palabra que vos usas para describir Chayil, que significa valor y fuerza, incluyendo la fuerza bíblica.
La mujer de Proverbio 31 no es solamente una mujer admirable por sus múltiples funciones; es chayil, la misma palabra que describe a los mismos guerreros del ejército de David. Cuando Dios diseñó el perfil de la mujer que quería presentar como modelo en las escrituras, incluyó fuerza física como parte de ese perfil, no como vanidad, sino como capacidad para el destino que ella llevaba. Nadie te enseñó eso antes; es tiempo que lo sepas, es tiempo que sepas las implicaciones directas que tiene esta revelación para ti en el día de hoy.
No estoy hablando de tallas de ropa, no estoy hablando de peso y no estoy hablando de estándares culturales; estoy hablando de que tu cuerpo necesita estar en condiciones para sostener lo que Dios puso sobre tus manos.
¿De qué referencias? ¿Cuánto? Cuánto. Piénsalo así: tienes un llamado, tienes responsabilidades reales, tienes algo que dar. Si tu cuerpo está constantemente en déficit, si tu sueño no llega, si las hormonas están desreguladas, si el cerebro no necesita para funcionar con claridad, ¿cuánto de tu potencia se pierde en esa niebla, ¿cuántas decisiones se toman desde el agotamiento en lugar de desde la claridad, ¿cuántas conversaciones importantes suceden en el peor momento posible, cuando tu cuerpo ya no tiene reservas?
Tu cuerpo no es un obstáculo; tu cuerpo tiene que ser el vehículo. El cuerpo no es el obstáculo para tu destino; es el vehículo por el cual Dios ejecuta tu destino, y un vehículo que no recibe mantenimiento no lleva a nadie a ningún lugar.
Hoy no quiero que este episodio quede en el concepto y ustedes saben que este es un tema que me apasiona, que consistentemente hago menciones y referencias y nunca había hecho un episodio completo dedicado a este tema, pero mientras oraba, Dios me revelaba cada uno de estos puntos que te acabo de compartir, así que no voy a terminar este episodio con conocimiento sin aplicación porque eso no es crecimiento, eso es acumulación de información sin fruto.
Quiero hacerte tres preguntas de mayordomía sobre tu cuerpo concreto y esto no es un plan de transformación; son tres preguntas que quiero que te hagas hoy, que quiero que te hagas desde ahora mismo.
1. ¿Qué te está pidiendo tu cuerpo que llevas tiempo ignorando? No quiero que me digas cosas abstractas, que tu cuerpo está señalando específicamente, que pongas ahí en tu libreta el sueño que no está llegando, la energía que se desapareció y no sabes desde cuándo, los síntomas que llevas meses posponiendo, el médico al que te prometiste ir; tu cuerpo te está hablando, la mayordomía empieza por escuchar antes de responder.
2. ¿Qué es lo más que daña tu cuerpo que tienes el poder de cambiar ahora? Esto no es una resolución de año nuevo, no, no te estoy hablando de un programa de dieta, no, no te estoy hablando de nada que no sea que tú identifiques lo que tú ya sabes que es, pero siempre hay una cosa que, si cambiara, cambiaría el ritmo de todas las demás cosas que tu cuerpo necesita que tú cambies hoy.
3. ¿Cómo puedes presentarle tu cuerpo a Dios esta semana, como dice Romanos 12:1? No como un sacrificio muerto, arrastrado, que se ofrece por obligación sin reservas, sino como un sacrificio vivo, como una decisión consciente de cuidado que le diga a Dios: “Sé que aquí vives y lo que es tuyo lo borro”. Yo lo borro.
Estas no son preguntas de bienestar; estas son preguntas de mayordomía espiritual, porque cuando entiendes que tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo, cuidarlo no es opcional, cuidarlo es parte de tu obediencia a Dios; cuidar el cuerpo no es vanidad, cuidar tu cuerpo es obediencia.
Lo que le haces a tu cuerpo le haces a tu destino, y no lo digo para añadirte peso, culpabilidad, ni para quitarte el sueño; lo digo para quitarte una mentira que llevas cuidando sin saber que la cargabas, la mentira de que tu cuerpo es secundario, la mentira de que ignorarlo es más espiritual que cuidarlo, la mentira que el cansancio permanente es el precio de ser una mujer de Dios, la mentira de que prestar atención a lo que tu cuerpo señala es egoísmo o es falta de fe, y eso no.
La Biblia dice que tú eres templo, la Biblia dice que tú eres capaz, poderosa y fuerte, la Biblia dice que el mismo Dios que diseñó tu espíritu y tu cuerpo lo valora a las dos cosas.
La Biblia dice que el Verbo se hizo carne, que Dios mismo tomó un cuerpo, porque en la economía del reino los cuerpos no son desechables, son habitación. Y aquí hay una pregunta con la que quiero cerrar y quiero que me respondas aquí en los comentarios; no tienes que escribir un párrafo completo, con una frase basta.
¿Qué creencia sobre tu cuerpo aprendiste que hoy entiendes que no viene de la Biblia, sino de otro lugar? Quiero que me pongas la respuesta aquí en los comentarios porque nombrarla es el primer paso para dejar de obedecerla. ¿Qué creencia sobre tu cuerpo viene de Grecia y no viene de Dios?
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.