Hay mujeres, muchas de las cuales son audiencias de aquí de Mujer Podcast, que sostienen sus casas, sus agendas, sus equipos, sus negocios, sus trabajos, su iglesia, pero cuando entran a una habitación, por ellas específicamente, el ambiente se pone rígido y no porque sean incapaces, no porque no sean mujeres inteligentes, sino porque su fuerza ya no se siente con seguridad, ahora se siente como presión.
Déjame hacerte una pregunta: ¿La gente se acerca a ti con confianza? ¿O la gente mide sus palabras cuando tiene que hablar contigo? ¿Por qué? Porque hay una línea bien fina entre tener carácter y tener un carácter difícil, hoy vamos a cruzar esa línea, pero la vamos a cruzar con una lupa; vamos a separar lo que es firmeza de lo que es dureza, lo que es autoridad de lo que es intimidación, lo que es carácter de orgullo disfrazado.
Este episodio se llama: MUJER FUERTE, PERO INSOPORTABLE.
¿Te has preguntado si tu firmeza produce crecimiento o produce tensión? ¿Eres tú de esas mujeres que no saben pedir perdón sin justificarte? ¿Me creerías si te dijera que la mansedumbre no te quita poder, te enseña a usarlo? ¿Sabías tú que una mujer verdaderamente fuerte no necesariamente necesita levantar la voz, necesita levantar su dominio propio? ¿Te has preguntado por qué el ser fuerte no te da permiso de ser áspera?
¿Te has preguntado si tienes la capacidad de responder con toda seguridad estas dudas? Me gustaría leer tus respuestas a estas preguntas, en la caja de comentarios.
Terminando con lo anterior, continuemos nuestra lectura.
Hay mujeres que me dicen: “¡Ay, Pastora! Yo tengo carácter”. Eso puede ser una virtud, pero también puede ser una excusa elegante, porque carácter no es intensidad, carácter es estabilidad; carácter no es reaccionar fuerte, carácter es responder con gobierno interno. Una mujer con carácter corrige sin humillar; una mujer con carácter difícil gana discusiones, pero pierde la cercanía a las personas. Aquí hay una pregunta que te dará claridad en este asunto.
¿Tu firmeza produce crecimiento o produce tensión? Si en tu casa todo el mundo se calla y no se atreve a decirte nada, puede ser que tus hijos siempre estén a la defensiva y que pase automáticamente. Si tu esposo siente que está bajo vigilancia 24 horas al día, si en el trabajo te obedecen, pero no te buscan, puede ser que eso no sea liderazgo fuerte; puede ser que eso sea un liderazgo que está temido y que la gente a tu alrededor te tiene miedo.
El temor no construye relaciones profundas. Quiero llevarte a Gálatas 5:22-23 “Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.
Mansedumbre no es una personalidad suave, es el fruto del espíritu; hay gente que no porque es manso. Sí, Dios nos ha llamado a ser mansos, pero mansedumbre no es una personalidad suave. La palabra es griega y, que habla de poder, pero bajo control; no es falta de fuerza, es fuerza entrenada, como un caballo fuerte, pero que responde al guía; tiene potencia, pero no atropella a todo el que se consiga en su camino.
Esto produce el espíritu en una mujer; no te apaga, pero te gobierna. El dominio propio que aparece bajo la mansedumbre no es reprimir; lo que tú sientes es decidir cómo responde antes que reaccionar. No todo lo que tú llamas franqueza necesariamente es valentía; a veces es falta de dominio propio. No todo lo que llamas firmeza es fortaleza; a veces es miedo a perder el control.
Una mujer verdaderamente fuerte no necesariamente necesita levantar la voz, necesita levantar su dominio propio; cuando en Números 12:3 dice: “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra”, Moisés era el líder de millones y millones de personas, hablaba con Dios cara a cara, tenía autoridad real y aun así la Biblia lo describe como un hombre manso.
Ahí en ese mismo capítulo los hermanos lo criticaron, cuestionaban su liderazgo, hablaban contra él, y ¿sabes lo que hacía Moisés? No se defendía, lo gritaban, no armaba una campaña para proteger su imagen; Dios interviene por él. Eso es fuerza bajo control: cuando tienes autoridad real, tú no necesitas defender tu ego; el inseguro es el que se impone, el fuerte se gobierna.
Raúl perdió su reino por inseguridad; Moisés sostuvo su liderazgo por su mansedumbre, y ahí está la diferencia: el temor produce obediencia externa, pero el honor produce lealtad interna. ¿Qué te estoy tratando de decir con esto? Si te obedece, pero no se acerca, no estás liderando, estás intimidando. Una mujer fuerte no necesita que la gente le tenga miedo; necesita que le respeten, y el respeto no nace de la dureza, nace de la coherencia. Cuando tu tono contradice tu mensaje, tú pierdes influencia; tú puedes tener la razón, pero si forma destruye, tú no edificas. Te voy a dar tres filtros simples; yo les dije que este episodio iba a ser corto.
TRES FILTROS SIMPLES PARA CORREGIR, PARA AYUDARTE.
1. La gente puede corregirte; si nadie se atreve a confrontarte, no es porque tú seas perfecta, es porque eres inaccesible.
2. Sabes pedir perdón sin justificarte; la mujer fuerte no se debilita al decir “yo me equivoqué, yo lo hice mal”. Cuando una mujer admite sus errores, admite cuando se equivocó, admite cuando hizo algo mal, lo que hace es que se fortalece.
3. Tu tono destruye o aplasta; porque puedes decir la verdad, pero si la dices con desprecio eso no es verdad edificadora, es una descarga emocional y el espíritu santo no construye mujeres intimidantes, produce mujeres firmes, produce mujeres seguras.
Muchas veces la dureza no nace de la maldad. Nada de lo que he dicho es para criticar a ninguna mujer que en el día de hoy tenga un carácter fuerte. La dureza nace del miedo, miedo a que las cosas se salgan de orden, miedo a que otro falle, miedo a perder el control, porque aquí está la revelación: mientras más tú intentas controlar, menos paz vas a tener. La verdadera fortaleza no es controlar todo el ambiente, es gobernarte a ti misma.
Proverbios 16:32: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”. Toma este versículo y léelo todos los días; gobernar tu espíritu es mayor que conquistar una ciudad; eso es fuerza, no imponer, no dominar, no intimidar.
Quiero que esta semana hagas algo diferente: en la próxima conversación difícil que tú vayas a tener con alguien (y vas a tener conversación difícil con mucha gente), no te concentres en tener la razón, concéntrate en tu tono, baja el volumen, escúchate antes de responder, respira antes de corregir y ocúpate después de construir cercanía y distancia, y ahí vas a ver si estás liderando con carácter o estás liderando con dureza.
Ser fuerte no te da permiso de ser áspera; ser decidida no te da permiso de ser intimidante; ser capaz no te da permiso de ser inaccesible. La verdadera fuerza no se impone, se siente segura, y una mujer verdaderamente fuerte no es la que domina el ambiente, es la que gobierna su espíritu.
Quiero preguntarte algo para que me lo escribas aquí en los comentarios. ¿Alguna vez te han preguntado que tú eres demasiado? Que a mí me lo han dicho y por eso es por lo que quise hacer este episodio. ¿Te cuesta más controlar tu agenda que controlar tu carácter? La mansedumbre no te quita poder, te enseña a usarlo.
Por último, me gustaría agradecer a todas esas mujeres que decidieron invertir un par de minutos de su vida leyendo.